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miércoles, 2 de octubre de 2019

La curva de Phillips

La Curva de Philips, la herramienta keynesiana para explicar la inflación, se convirtió en deficiente para explicar los hechos  de principios de los setenta, de inflación creciente acompañada por la caída del nivel de actividad económica.
Curva de Phillips y tasa natural de desempleo - PUCP

En 1958 el profesor de la London School of Economics, A.W. Phillips, publicó en la revista Economica su artículo «The relationship between unemployment and the rate of change of money wages rates in the United Kingdom, 1861-1957», en el que muestra la existencia —durante aproximadamente cien años de historia británica— de una relación inversa (de corto plazo y no lineal) entre la tasa de desempleo ( m ) y la tasa de crecimiento de los salarios nominales, un indicador de la inflación ( p ). 

Efectivamente, el costo de oportunidad de reducir el desempleo es una alta inflación y, a su vez, el costo de oportunidad de reducir la inflación es un aumento del desempleo. En este capítulo, entonces, nos dedicaremos a abordar esta interesante y tan discutida relación conocida como la curva de Phillips. Luego, nos dedicaremos a examinar el equilibrio de corto plazo entre la inflación, el producto y el desempleo. Para este análisis utilizaremos la curva de Phillips y la regla de política monetaria, determinada por una curva IS convencional y por la regla de Taylor (1993).

Comenzaremos analizando entonces la regla de Taylor para después pasar a definir la regla de política monetaria (RPM) y, por último, desarrollaremos el análisis conjunto entre la curva de Phillips y la RPM, hallando así los respectivos equilibrios.

Curva de Phillips y tasa natural de desempleo 

Debido a que los cambios en las tasas salariales se vinculan con la inflación y las variaciones en la tasa de desempleo se relacionan con los cambios en el PBI real, el trabajo de Phillips se convirtió en el fundamento empírico de las hipótesis acerca de la asociación directa entre un elevado nivel de producto y una elevada tasa de inflación.


La hipótesis de la curva de Phillips 

La hipótesis a partir de la cual A.W. Phillips da inicio a su investigación parte de una observación simple de la interacción entre la oferta y la demanda de un bien; en este caso, refiriéndose al mercado laboral: Cuando la demanda de un bien o servicio es relativamente más alta a la oferta del mismo, esperamos que el precio suba, siendo la tasa del alza del precio más grande mientras más grande es el exceso de demanda. A la inversa, cuando la demanda es relativamente más baja que la oferta esperamos que el precio baje, siendo la tasa de la caída del precio más grande mientras más grande es la deficiencia de demanda. Parece plausible que este principio debe operar como uno de los factores que determina la tasa de crecimiento de los salarios nominales, que son el precio de los servicios laborales (Phillips, 1958, p. 283).

Si buscamos una expresión para la relación empírica estudiada por Phillips, podemos escribir la tasa de crecimiento de los salarios nominales como una función del desempleo:


 Ẇ = f ( m n - u) 

Si la inflación salarial puede ser una buena medida de la variación del nivel de precios, podemos escribir entonces:


 p = f (un - u)

La curva de Phillips

Economía neoclásica

Autores: Lara Boerger y el equipo de Exploring Economics| 18 de diciembre de 2016
Patrocinio y revisión académica: Prof. Dr. Michael Roos

1. Elementos centrales

El término “economía neoclásica” es impreciso y se usa de diferentes maneras. La mayoría de los economistas de la “corriente principal” (mainstream) no se identifican como miembros de la escuela neoclásica. El término “neoclásico” fue acuñado por Thorstein Veblen en 1900. Describe la síntesis de la teoría subjetiva y objetiva del valor en un diagrama de oferta y demanda, que fue desarrollado por Alfred Marshall. Marshall combinó la idea clásica de que el valor de un producto proviene de los costes de producción con los nuevos hallazgos del marginalismo, afirmando que el valor está determinado por la utilidad individual. Hasta la actualidad, el diagrama de mercado que representa la intersección de la oferta (objetiva) y la demanda (subjetiva) es un elemento central de la economía neoclásica.
El núcleo paradigmático de la teoría neoclásica forma la “corriente principal” económica actual y domina la educación e investigación en economía. Según la perspectiva neoclásica, el problema económico central es la organización y asignación de recursos escasos. Esto implica que la eficiencia, entendida como el uso óptimo de los recursos disponibles para maximizar la utilidad individual y, en consecuencia, el bienestar de un país, es el criterio de evaluación más relevante. Los campos de investigación centrales de la economía neoclásica son: la microeconomía, que analiza el comportamiento de los hogares y las empresas; la macroeconomía, que examina los agregados económicos y la interacción de los mercados; y la econometría, que sirve de herramienta analítica. En general, se utilizan principalmente modelos matemáticos para el análisis del sistema económico. Estos modelos, según los economistas neoclásicos, son los más apropiados para descubrir relaciones causales.
Al igual que todas las escuelas de pensamiento, la economía neoclásica está sujeta a cambios y desarrollos continuos (el Cuadro 1 ofrece una visión general de los intentos anteriores para precisar la perspectiva neoclásica). En las últimas décadas, la economía neoclásica se ha vuelto cada vez más diversa e integra las nuevas críticas en sus hipótesis. Un ejemplo de este desarrollo es la “desrracionalización” de los actores humanos en la economía conductual, una subescuela de la economía neoclásica. Por lo tanto, es difícil presentar una imagen coherente del campo actual de la economía neoclásica. Sin embargo, a continuación, se propone una delimitación con respecto de otras escuelas de pensamiento económico presentando (1) los supuestos o axiomas elementales y (2) los métodos estándar de la economía neoclásica.

Diferentes definiciones de la economía neoclásica

Colander (2000) define una economía neoclásica histórica que ya no se corresponde a la investigación actual en la economía (dominante):
  • Atención a la asignación de recursos en un determinado momento en el tiempo
  • Utilitarismo
  • Atención a las compensaciones marginales
  • Racionalidad perspicaz
  • Individualismo metodológico
  • Equilibrio general

Colander, Rosser y Holt (2004) argumentan que lo fundamental para la economía neoclásica era la “Santísima Trinidad” de:
  • Racionalidad
  • Egoísmo
  • Equilibrio

Arnsperger y Varoufakis (2006) sostienen que hay tres axiomas que constituyen el núcleo paradigmático de la economía neoclásica:
  • individualismo metodológico
  • instrumentalismo metodológico
  • equilibrio metodológico

2. Terminología, análisis y concepción de la economía

Según la economía neoclásica, el problema económico central es la naturaleza limitada de los recursos sociales. Debido a esta escasez, la economía como ciencia debe estudiar la organización de una economía para instaurar el bienestar mediante la asignación óptima de recursos. En pocas palabras, la economía puede entenderse como una economía de intercambio en la que los actores racionales con asignaciones de recursos determinadas de manera exógena interactúan en los mercados. Esos actores comercian entre ellos debido a que la interacción genera utilidad mutua. La productividad se concibe como la fuente del funcionamiento de la economía y el determinante de la riqueza de una nación.

En la concepción neoclásica de la economía, los individuos pueden elegir entre diferentes alternativas y el objetivo de sus decisiones es maximizar su propia utilidad. De este modo, actúan siguiendo el principio de racionalidad (también llamado “principio económico”) según el cual se maximiza un resultado con un coste determinado o un coste se minimiza para un resultado dado. Para alcanzar un resultado óptimo, los sujetos económicos basan sus decisiones en una comparación de costes y beneficios según la cual las unidades marginales, de acuerdo con los postulados del marginalismo, sirven como factores importantes. El término “utilidad marginal” se refiere al aumento marginal en la utilidad debido a una unidad adicional y el término “costes marginales” describe los costes marginales de esta unidad adicional. “Alguien que tome decisiones racionales solo decide llevar a cabo una determinada acción si la utilidad marginal de la acción es mayor que los costes marginales" (Mankiw 2004, S.7, traducción propia). En este contexto, se utiliza con frecuencia el concepto abstracto del homo economicus. Representa a un individuo ideal que actúa racionalmente, es decir, maximiza la utilidad, mientras se centra en su utilidad personal.

Al agregar todas las funciones de utilidad individuales, se puede derivar la demanda agregada. En el mercado, esta última se encuentra con la oferta agregada. Mediante el mecanismo de precios, que a su vez no se modela, la oferta y la demanda convergen hacia un equilibrio donde la oferta es igual a la demanda y donde el mercado se aclara. Esta propiedad hace que el mecanismo de precios sea un instrumento óptimo para la asignación. Al elaborar los requisitos previos de dicho mecanismo de precios, Arne Heise (2007, 3) destaca en su definición de economía neoclásica el axioma de sustitución bruta según el cual todos los bienes (y servicios) generalmente son mutuamente intercambiables. Solo a través de este axioma se puede asegurar que el mecanismo de precios funciona como un instrumento de asignación y que los equilibrios de mercado pueden existir. Mientras no exista una deficiencia del mercado –por ejemplo, efectos externos o la creación de estructuras de monopolio u oligopolio– el mecanismo del mercado se autorregula hasta llegar a una situación económicamente óptima. Esto se denomina una asignación eficiente en el sentido de Pareto, ya que ninguna de las partes puede mejorar su propia situación sin empeorar la de los demás.

Mientras que la microeconomía analiza principalmente el comportamiento de los hogares y las empresas en diferentes mercados y tipos de mercados, la macroeconomía se centra en los agregados económicos como el producto interno bruto (PIB), la tasa de desempleo o la tasa de inflación, así como en la interacción de los mercados (en particular el mercado de productos básicos, el mercado laboral y el mercado monetario). Los análisis macroeconómicos de agregados económicos clave se basan cada vez más en fundamentos microeconómicos. El argumento que subyace a la necesidad de tales microfundamentos es que las reglas para la toma de decisiones individuales no son estables, por ejemplo, en el caso de un cambio en las condiciones económicas inducido por políticas concretas (cf. Lucas 1976, cuya intervención se conoce como la “Crítica de Lucas”). La forma particular de modelación de la economía neoclásica ofrece las herramientas estadísticas y matemáticas para comprobar modelos matemáticos y fenómenos económicos. El enfoque se centra en el desarrollo de métodos cuantitativos para el análisis de datos empíricos.

3. Ontología

Como ya se mencionó anteriormente, no existe una definición única de economía neoclásica ya que esta se ha vuelto cada vez más diversa y porque otros enfoques se han integrado en la perspectiva. Sin embargo, según la concepción neoclásica, el problema económico central sigue siendo la escasez de recursos. Según Arnsperger y Varoufakis (2006), existen tres axiomas que se pueden encontrar en todos los modelos y escuelas secundarias de corte neoclásico y que, por tanto, constituyen el núcleo paradigmático de la economía neoclásica: (1) individualismo metodológico, (2) instrumentalismo metodológico y (3) equilibrio metodológico.
El primer axioma, el individualismo metodológico, implica que los procesos en el nivel macro solo pueden atribuirse a las acciones de los individuos en el nivel micro. Por tanto, todos los fenómenos económicos pueden describirse y explicarse en función de acciones individuales. Además, esto implica que solo el individuo puede ser la fuente de los valores morales: nadie excepto el individuo sabe lo que es mejor para el individuo. De ahí que se rechace la influencia o la fijación de valores por parte de instituciones externas como la religión. Esta descripción, por un lado, puede interpretarse como una obsesión ontológica por los individuos, lo que significa que se rechaza la existencia de fenómenos económicos y estructuras que no puedan atribuirse al individuo (emergencia). Por otro lado, el axioma puede entenderse metodológicamente. En este caso, la explicación de los fenómenos sociales solo puede tener lugar haciendo referencia al individuo (Hodgson et al. 1994, 64). Según el segundo axioma, el comportamiento de los actores es el resultado de preferencias fijas o paquetes de preferencias. La satisfacción de esas preferencias genera utilidad. Los individuos se esfuerzan continuamente por maximizar esta utilidad, pero están restringidos (por ejemplo, debido a una restricción presupuestaria).
El énfasis en el individualismo y la racionalidad instrumental conduce a la siguiente concepción de los humanos: por un lado, los humanos y sus preferencias se conciben como una caja negra, es decir, como relativamente autónomos e independientes de las influencias externas; por otro lado, se asume que las personas actúan de acuerdo con una racionalidad instrumental y que buscan alcanzar sus objetivos, es decir, la maximización de la utilidad, de la manera más eficiente posible. Si bien se da por sentado que la lógica de la maximización es una característica universal de todos los seres humanos, el contenido de las preferencias es variable. En consecuencia, los individuos no solo aspiran a maximizar paquetes de consumo, sino también a realizar posibilidades sociales o éticas preferentes (por ejemplo, Akerlof y Kranton 2000).
Con todo, las decisiones y acciones en el nivel micro conducen a un equilibrio general en el nivel macro. El propio mercado tiende normalmente hacia un estado de equilibrio, por lo que se considera generalmente estable. Sin embargo, esto no significa que el mercado permanezca en equilibrio constante, sino que se mueve hacia un estado estático y estable a largo plazo. Sin embargo, a partir de esta comprensión del mercado, se puede concluir que la economía neoclásica generalmente asume que hay leyes económicas generales que existen independientemente del tiempo y el espacio. La concepción del tiempo apunta a identificar, comparar y evaluar estados estáticos en lugar de comprender y reconstruir secuencias de procesos dinámicos. Mark Blaug (2003, 146) va aún más allá al argumentar que, debido a la revolución formalista en la década de 1950, los análisis en parte orientados a procesos de estática comparativa se reemplazaron por la definición de un punto final completamente estático.
Se puede definir otra premisa ontológica de la economía neoclásica relacionada con los sistemas cerrados y abiertos. Un sistema cerrado se define mediante la conexión de todos los elementos (atomísticos e independientes) de un sistema, así como por la ausencia de cualquier impacto externo. Además, los elementos siguen leyes deterministas y probabilísticas (Lawson 2006, 494; Heise 2016, 10). En un sistema abierto, sin embargo, ni todos los elementos están conectados con todos los demás elementos ni es posible describir claramente sus interacciones. Además, el sistema puede adoptar diferentes configuraciones, es decir, no solo es complicado sino también complejo (Heise 2016 10-11). Contrariamente a muchas otras perspectivas, la economía neoclásica asume que la economía es un sistema cerrado. Por tanto, los críticos han acusado a la economía neoclásica de tener un fundamento ontológico que no describe adecuadamente la realidad o que lo hace solo de manera reduccionista (por ejemplo, Chick y Dow 2001; Lawson 2006; Heise 2016).

4. Epistemología

No se puede asignar la economía neoclásica inequívocamente al realismo o al instrumentalismo. Por un lado, la economía neoclásica pretende generar un “conocimiento óptimo” sobre el objeto que se examina en términos de plausibilidad, simplicidad y adecuación empírica de los criterios. Esta afirmación implica que existe un mundo externo observable, así como instrumentos apropiados para analizarlo. Además, el postulado de que la investigación neoclásica está libre de valores (cf. Friedman 1953) y la concepción de que los científicos son observadores neutrales indican una proximidad al realismo epistemológico. Dado que la economía neoclásica siempre juzga los resultados de otras escuelas de pensamiento según sus propios estándares, incurre en un monismo científico según el cual se excluyen formas alternativas de comprensión ex ante o se consideran obsoletas.
Por otro lado, el uso de modelos basados en axiomas altamente idealizados y abstractos se justifica mediante el argumento de que el factor decisivo no es el realismo de los axiomas, sino el poder predictivo de un modelo y, en consecuencia, la adecuación empírica de una conclusión a la que se llega (véase “Metodología de la economía positiva” de Friedman). Así, la economía neoclásica puede considerarse instrumentalista. Además, buena parte de la economía neoclásica se puede describir como altamente “orientada a la perspectiva”. Las características del objeto son menos importantes para la construcción neoclásica de modelos y teorías que el método que viene predeterminado por la perspectiva.
El método matemático formal de la economía neoclásica se basa en la premisa de que las interdependencias y las causalidades de la realidad económica pueden modelarse mediante descripciones matemáticas. Se basa en el supuesto de que los fenómenos y actores económicos reaccionan e interactúan de acuerdo con las regularidades observables. Además, se asume que los actores actúan de manera atomista, es decir, que pueden aislarse causalmente y no son fundamentalmente interdependientes (cf. Lawson 2013, 8). El funcionamiento de los modelos consta de dos pasos: primero, se prueba la consistencia lógica de un modelo deductivamente. Después, el modelo se compara con la realidad empírica. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que en los últimos años se ha popularizado una visión pragmática de los modelos en la que la adecuación empírica es el criterio más importante, en lugar de la coherencia dogmática y la estética matemática.

5. Metodología

Como se ha expuesto en la sección anterior, la economía neoclásica construye modelos matemáticos formales para describir las relaciones económicas. Se asume que estas últimas siguen regularidades que pueden formalizarse en modelos. A menudo, se considera que el uso de la explicación matemática es una fortaleza en comparación con otras ciencias sociales, ya que los resultados de los modelos formales parecen ser más fiables que los análisis verbales. Los defensores argumentan que, a diferencia de los argumentos verbales, las formulaciones matemáticas están definidas de manera inequívoca y, a diferencia de la economía clásica, no pueden interpretarse de manera arbitraria (Rodrik 2015, 31). La economía neoclásica trabaja principalmente en la tradición de la investigación deductiva. Sobre la base de axiomas, se derivan hipótesis de consideraciones teóricas. Sin embargo, esto no significa que las hipótesis no se revisen o que no se vinculen a los resultados empíricos. Por ejemplo, la econometría tiene como objetivo desarrollar y mejorar aún más los modelos para garantizar la adecuación empírica.
Un concepto central de los análisis económicos es la formulación matemática y la solución de problemas de optimización bajo restricciones mediante métodos de optimización estáticos y dinámicos, como los enfoques desarrollados por Lagrange, Kuhn y Tucker o Hamilton. Típicamente, con estos métodos se puede modelar la maximización de la utilidad de los individuos, que está sujeta a restricciones. Además, los economistas ambientales emplean este enfoque para, por ejemplo, calcular la imposición óptima de las emisiones de gases de efecto invernadero. Así, el crecimiento económico se describe como la función objetivo y los límites de emisión como la restricción (cf. van der Ploeg y de Zeeuw 2014). Otro método es el análisis causal comparativo y exógeno de los cambios utilizando la “condición ceteris paribus”. Por ejemplo, en lugar de considerar el desarrollo económico como un proceso endógeno en el tiempo histórico, se analizan las relaciones causales de las variables dependientes manteniendo constantes otros factores. Incluso mientras algunas investigaciones se centran en modelos dinámicos (por ejemplo, modelos de equilibrio general dinámico estocástico [DSGE, por sus siglas en inglés]), esos métodos todavía se aplican en la enseñanza y la investigación neoclásicas.

6. Ideología y objetivos políticos

Según la perspectiva neoclásica, las cuestiones éticas no son un objeto de análisis económico fundamental, sino que solo entran en juego a la hora de considerar cuestiones normativas explícitas. Para Quaas y Quaas (2010), el objetivo principal de la economía dominante es el aumento de la riqueza. Esta concepción propia explica la orientación macroeconómica neoclásica hacia el crecimiento económico como la variable objetivo. En este contexto, las categorías, los términos y relaciones, así como las heurísticas, se presentan como avalorativas. La mayoría de los economistas neoclásicos distinguen entre hechos y normas, donde las últimas son solo un problema en campos explícitamente normativos de la economía neoclásica, como la economía del bienestar o la política económica, que proporcionan orientación y análisis para decisiones vinculantes y normativas. De acuerdo con esta concepción, un autor de uno de los principales libros de texto de economía sostiene lo siguiente: “A la hora de tratar cuestiones económicas, tenemos que distinguir cuidadosamente entre hechos y conceptos morales. La economía positiva describe los hechos de una economía, mientras que la economía normativa trata con juicios de valor” (Samuelson y Nordhaus 2010, S. 28, traducción propia). Esta concepción de la economía positiva a menudo se identifica con la afirmación de Max Weber, malinterpretada y simplificada, de excluir los juicios de valor de los análisis científicos.
Sin embargo, los supuestos de la economía neoclásica tienen una base normativa que resulta de la definición de su problema fundamental: la asignación de recursos escasos. La economía neoclásica asume que los humanos tienen el objetivo de maximizar su utilidad y que puede crearse un modelo de esta maximización. Dado que solo los individuos conocen sus propias preferencias, se considera que el mercado es el mejor instrumento para satisfacerlas. La intervención estatal solo se considera económicamente razonable en caso de una deficiencia del mercado, mientras que se asume que el mercado perfecto representa la normalidad y la competencia perfecta se considera el estado ideal.
Ideológicamente, la economía neoclásica solo discute la libertad negativa, es decir, la libertad de las interferencias de otros (como la intervención estatal), en oposición a la libertad positiva, es decir, la libertad de actuar según la propia voluntad. Se defiende que la libertad negativa se desarrolla mejor en un sistema de mercado. Estas categorizaciones y términos implican una cierta fe en los mercados, por lo que los economistas neoclásicos a menudo se adscriben a una cosmovisión liberal. Esto se ilustra con el enfoque de la economía ambiental: considera el daño ambiental como parte de los efectos externos que deben volverse escasos y negociables en el mercado. Por lo tanto, críticos como Thielemann (2003) reprochan a los economistas neoclásicos la mercantilización de sus objetos de análisis. Otra crítica señala que la economía neoclásica está sesgada hacia objetivos normativos específicos en sus planteamientos y análisis: esto es visible en su tratamiento de la búsqueda del beneficio personal como el único objetivo de la acción empresarial, o en la aplicación de los conocimientos de la economía conductual como medio para la maximización de beneficios.

7. Debates y análisis actuales

En términos generales, puede considerarse que los modelos DSGE neokeynesianos son el estándar actual en los análisis macroeconómicos del crecimiento económico y los ciclos económicos (cf. Heer y Maussner, 2005). Sin embargo, la investigación macroeconómica ha cambiado parcialmente, particularmente desde la crisis financiera. Se podría destacar la integración de los mercados financieros que evolucionaron en el contexto del desarrollo de la escuela secundaria “finanzas macro” (cf. Brunnermeier y Sanikov 2013). Han surgido nuevos campos teóricos en los límites de la economía neoclásica, como la economía conductual y la economía de la complejidad, que suavizan y modifican los supuestos neoclásicos tradicionales, como la racionalidad de los agentes, la información perfecta o el aislamiento de los actores. Si bien el uso de herramientas matemáticas aumentó a pesar de la amplia crítica en los últimos años, se integraron algunos puntos de las críticas en los análisis. Así, la economía neoclásica comienza a fracturarse por los extremos (Quaas 2014, 14). En particular en macroeconomía, existe una variedad de proyectos de investigación no convencionales que, sin embargo, se desarrollan en el marco de la economía neoclásica estándar. El sistema básico de axiomas, términos y categorías, es decir, el fundamento paradigmático, permanece intacto por estos cambios.
Una tendencia general es el mencionado enfoque en la adecuación empírica y, en consecuencia, la importancia creciente de la econometría. Al mismo tiempo, se puede observar un creciente interés por parte de los economistas en otros objetos de investigación más o menos externos a la economía. La aplicación de los principios económicos para analizar y describir los fenómenos externos al campo de análisis de la economía se denomina comúnmente imperialismo económico (cf. Milonakis y Fine, 2009).

8. Delimitación: escuelas secundarias, otros paradigmas económicos y otras disciplinas

Hay un gran número de teorías económicas relacionadas con la economía neoclásica. Debe diferenciarse entre teorías que aplican la metodología neoclásica a nuevos campos (por ejemplo, economía ambiental, economía de la salud) y teorías que desarrollan métodos neoclásicos (por ejemplo, economía conductual, economía de la información). El objetivo de esta sección es proporcionar una visión general de las escuelas secundarias más importantes.

Economía ambiental y de recursos

La economía ambiental y de recursos se ocupa de los problemas y soluciones relacionados con el medioambiente y el desarrollo sostenible desde una perspectiva económica. En comparación con la perspectiva heterodoxa de la economía ecológica, la economía ambiental y de recursos considera que los problemas ambientales se deben a una asignación incorrecta de recursos debida a factores externos. Por tanto, las soluciones apuntan a integrar el medioambiente en el mercado mediante la asignación de un precio al impacto ambiental y generando incentivos que reduzcan el uso de recursos en el proceso de producción (cf. van der Ploeg y Withagen 2013; van der Ploeg y de Zeeuw 2014). Los representantes de la economía ambiental comparten la opinión de que un crecimiento sostenido y sostenible (“crecimiento verde”) no solo es teóricamente posible, sino que también debe ser el objetivo de la investigación económica ambiental para asegurar la inversión a largo plazo en riqueza sostenible y un alivio a corto plazo de la pobreza mediante el crecimiento económico (Smulders et al. 2014). Esto puede realizarse mediante la disociación relativa o absoluta del consumo de recursos o el daño ambiental y el crecimiento económico. Las premisas principales que subyacen a este enfoque son (1) la sustituibilidad de los recursos naturales y el capital humano, (2) la solución del problema de los rendimientos marginales decrecientes y, por tanto, (3) un cambio tecnológico necesario (Smulders 2000, Bowen y Hepburn 2012).

Teoría de juegos

La teoría de juegos comprende varios análisis y conceptos que presentan un modelo de la interacción estratégica de varios actores en situaciones interdependientes (es decir, al menos un actor depende de la acción de otro). Los enfoques de la teoría de juegos se utilizan en muchas ciencias sociales y fueron desarrollados por primera vez por John von Neumann (1928, von Neumann y Morgenstern 1944). En un juego, a los jugadores se les asignan ciertos beneficios según la estrategia y el juego. Una vez los resultados estén presentes, se realizan los análisis y, posteriormente, se vuelve al punto de partida. En algunos juegos (por ejemplo, el dilema del prisionero), hay una estrategia dominante que los actores racionales siempre eligen. Esto conduce al llamado equilibrio de Nash, que sin embargo no tiene que ser el mejor resultado en términos objetivos. Se establece una diferencia entre los juegos de suma cero, en los que las ganancias de un actor son iguales a las pérdidas del otro, y los juegos de suma no cero, en los que la suma de los resultados no es igual a cero. En economía, la teoría de juegos puede aplicarse a las interacciones entre empresas (por ejemplo, en un mercado oligopolístico), así como a problemas con bienes colectivos (por ejemplo, el uso excesivo de recursos).
Además, en la economía conductual, las teorías de los actores racionales que maximizan la utilidad han sido probadas utilizando juegos como el juego del ultimátum, el juego de confianza o el juego del dictador. Los experimentos en los que los participantes jugaron estos juegos dan testimonio de que los humanos consideran que la equidad es más importante que la ganancia monetaria y, por lo tanto, contradice el concepto del actor que únicamente maximiza su beneficio (Weber y Dawes 2010, 94–95).

Economía de la información

La economía de la información se ocupa del papel del conocimiento y la información en contextos económicos y, así, problematiza el supuesto de información perfecta. En economía de la información, la información se presenta a menudo como un bien distribuido de forma asimétrica y cuya compra o recepción es costosa. Esas asimetrías informativas pueden llevar a ineficiencias. Estas se hacen evidentes, por ejemplo, en los mercados en retroceso o en la desaparición de productos de alta calidad que compiten con productos peores, en la medida en que los consumidores no pueden identificar la mala calidad de estos últimos (cf. Akerlof, 1995).
Otras preguntas y análisis en el campo de la economía de la información son, por ejemplo, la aversión al riesgo de los bancos en tiempos de crisis, los efectos en la reputación, el papel de los intermediarios y los corredores, así como el papel de las señales y la publicidad (cf. Stiglitz http://www.econlib.org/library/Enc/Information.html)

Nueva economía institucional

La Nueva Economía Institucional (NEI) se dedica principalmente a analizar el papel de los costes de transacción y las estructuras institucionales que los actores establecen para regularlos. Incluso si la NEI asume las premisas de la maximización de la utilidad y los actores individuales que estructuran y reducen la incertidumbre y los costes de transacción mediante la construcción de instituciones, estas suposiciones no implican necesariamente una asignación óptima de los recursos. Al contrario, es posible que surjan estructuras institucionales deficientes. Estas pueden surgir de procesos históricos y representar los intereses de un grupo poderoso, que consecuentemente recibirá rentas más altas (cf. North 1990). El enfoque en los actores individuales y la maximización de la utilidad es lo que distingue a la NEI de la “Economía Institucionalista Original”, incluso si esta diferencia pudiera parecer menos impactante debido a la incorporación de aspectos culturales y sociales en los análisis de la NEI (Khalil 1994, 259-261).

Economía conductual

La economía conductual retoma la crítica del homo economicus y trata de conceptualizar la economía como la interacción de los individuos, que se conciben como actores con racionalidad limitada. Por tanto, la investigación se centra en las siguientes preguntas: qué decisiones toman los sujetos económicos y qué motiva su acción. En las teorías del mercado de capitales en particular, actualmente se utilizan modelos y parámetros de la economía conductual (finanzas conductuales).

9. Delimitación de la economía neoclásica con respecto de la economía clásica

La teoría neoclásica puede considerarse un paradigma, y es que se trata de una perspectiva más o menos cerrada y extensa que investiga e interpreta las interacciones económicas (Heine y Herr, 2013, 5). También se puede concebir como la perspectiva económica que pudo tomar el control de la economía clásica y establecerse como la corriente principal actual. Si bien se integraron y modificaron algunas suposiciones e ideas básicas de la economía clásica, el estado actual de la economía neoclásica solo parcialmente se puede entender como una nueva edición de la economía clásica; así que el nombre puede ser engañoso. La diferencia entre estos paradigmas comienza con la definición de qué significa actividad económica. Mientras que para la economía neoclásica, la tarea de la economía consiste en asignar recursos escasos, la economía clásica considera que lo fundamental es garantizar la supervivencia y, por lo tanto, se centra en la organización del trabajo y la reproducción. Además, el enfoque marginalista en las teorías neoclásicas sobre el crecimiento y la distribución y la consiguiente comprensión del capital difiere del enfoque en la plusvalía de Smith, Ricardo o más tarde, Marx. Según este último, solo el trabajo genera la plusvalía de la producción en el proceso de acumulación. Este trabajo determina el valor de los bienes (véase teoría del valor-trabajo). Además, el concepto de precios naturales que están determinados por los costes de producción y que difieren del precio de mercado calculado en función de la demanda y la oferta no se incorporó a la economía neoclásica.

10. Instituciones

Fundadores:

Alfred Marshall, William Stanley Jevons, Léon Walras, Carl Menger

Revistas:

American Economic Review, Econometrica, Quarterly Journal of Economics, Journal of Finance, Journal of Financial Economics, Journal of Monetary Economics, Journal of Political Economy

Asociaciones y organizaciones

Verein für Sozialpolitik (de habla alemana)
American Economic Association (internacional)

Referencias

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Blaug, Mark 2003: ‘The Formalist Revolution of the 1950s.’ Journal of the History of Economic Thought 25, no. 2: 145–156.
Brunnermeier, Markus K./ Sannikov, Yuliy 2013: A Macroeconomic Model with a Financial Sector, American Economic Review, 104, 2, S. 379–421.
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