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lunes, 15 de abril de 2019

La Retórica de Aristóteles

La Retórica o Ars Rhetorica (título en gr.: τέχνης ῥητορικής, téjnīs rētorikís) es un antiguo tratado griego sobre el arte de la persuasión, escrito en el siglo IV a. C. por Aristóteles y al que se le atribuye una enorme influencia histórica.1​ 

Como las demás obras de Aristóteles que han sobrevivido, la Retórica también parece no haber sido pensada para una publicación, constituyendo más bien una colección de apuntes de sus estudiantes.

 El tratado muestra además el desarrollo del pensamiento aristotélico durante dos períodos en los que estuvo en Atenas, e ilustra su profundización en el estudio de la retórica a través de la crítica platónica de la misma en Gorgias (en torno a 386 a. C.) como inmoral, peligrosa, e indigna de un estudio serio. El diálogo final de Platón sobre retórica, Fedro (en torno a 370 a. C.), ofrecía una visión más moderada de la retórica, reconociendo su valor. Dicho diálogo ofreció a Aristóteles un punto de partida más positivo para el tratamiento de la retórica como arte digno de estudio sistemático. La Retórica fue escrita por Aristóteles, como se ha dicho, durante dos estancias en Atenas: la primera, desde 367 a 347 a. C. (cuando fue adscrito a la Academia de Atenas), y la segunda desde 335 a 322 a. C. (cuando empezó a dirigir su propia academia, el Liceo). 

En la Antigua Grecia el estudio de la retórica era puesto en tela de juicio: por un lado estaban los Sofistas, y por el otro Sócrates, Platón, y Aristóteles, quienes veían a la retórica y a la poesía como instrumentos que eran usados con demasiada frecuencia para manipular las emociones del prójimo y omitir hechos. Acusaban a los sofistas en particular, a Gorgias e Isócrates, de dicha manipulación. Platón, en concreto, encabezó la protesta contra el arresto y la muerte de Sócrates atribuyéndosela a la retórica sofística. En contraste con la emocionalidad de la retórica y la poesía de los sofistas, defendían la existencia de una retórica basada en la filosofía y que persiguiera metas más ilustradas. Una de las contribuciones cruciales de Aristóteles fue identificar retórica con uno de los tres elementos clave -junto a la lógica y a la dialéctica- de la filosofía. De hecho, su Retórica comienza afirmando que "La retórica es el contrapunto (antistrophe) de la dialéctica." 

Según Aristóteles, la lógica se ocupa del razonamiento para alcanzar certezas científicas, mientras que la dialéctica y la retórica se ocupan de la probabilidad y, por tanto, son las ramas de la filosofía más adecuadas para tratar los asuntos humanos. La dialéctica es un instrumento para el debate filosófico, herramienta para un públicos selectos con objetivos de aprendizaje mediante pruebas de conocimiento probable. Inversamente la retórica es un instrumento de debate práctico, una herramienta para persuadir a grandes audiencias usando el conocimiento probable para resolver asuntos prácticos. 

Dialéctica y retórica se alían para crear un sistema de persuasión basado en el conocimiento y no en la manipulación o en la omisión. 

INDICE

1 Contenido
2 Libro Primero
2.1 Capítulo I
2.2 Capítulo II
2.3 Capítulo III
2.4 Capítulo IV
2.5 Capítulo V
2.6 Capítulo VI
2.7 Capítulo VII
2.8 Capítulo VIII
2.9 Capítulo IX
2.10 Capítulo X
2.11 Capítulo XI
2.12 Capítulo XII
2.13 Capítulo XIII
2.14 Capítulo XIV
2.15 Capítulo XV
3 Libro Segundo
3.1 Capítulo I: Introducción
3.2 Capítulos II-XI
3.3 Capítulos XII-XVII
3.4 Capítulos XVIII-XXVI
4 Libro Tercero
4.1 Estilo (lexis): I - XII
4.1.1 Capítulo I
4.1.2 Capítulo II
4.1.3 Capítulo III
4.1.4 Capítulo IV
4.1.5 Capítulo V
4.1.6 Capítulo VI
4.1.7 Capítulo VII
4.1.8 Capítulo VIII
4.1.9 Capítulo IX
4.1.10 Capítulo X
4.1.11 Capítulo XI
4.1.12 Capítulo XII
4.2 Disposición de las palabras (Taxis): XIII - XIX
4.2.1 Capítulo XIII
4.2.2 Capítulo XIV
4.2.3 Capítulo XV
4.2.4 Capítulo XVI
4.2.5 Capítulo XVII
4.2.6 Capítulo XVIII
Capítulo XIX

5 Referencias
6 Enlaces externos

Contenido

La Retórica consta de tres libros. El primero ofrece una visión general, presentando los cometidos de la retórica y una definición de la misma; también hay en él una discusión detallada sobre el contexto y los tipos de retórica. El Libro II trata en detalle las tres formas de persuasión en los que un orador debería confiar: los basados en la credibilidad (ethos), en las emociones y en la psicología de los oyentes (pathos), y en los patrones de razonamiento (logos). El Libro III introduce los elementos del estilo (selección léxica, metáfora y estructura de la frase) y de la organización. Aunque se le concede alguna importancia al producto final, por lo general se remite al lector a la Poética. 

Libro Primero

Aristóteles: copia del busto original de bronce, atribuida a Lisipo, Louvre
Capítulo I[editar]
Aristóteles define primero la retórica como la contrapartida o contrapunto (antistrophos) de la dialéctica (1:1:1-2). Explica las similaridades entre ambas pero no comenta las diferencias. Introduce el término enthymeme (1:1:3). Este capítulo es algo incoherente con lo que sigue en los demás.
Capítulo II[editar]
La famosa definición aristotélica de la retórica es vista como la habilidad en cualquier caso concreto de ver los instrumentos disponibles de persuasión. Define pisteis como "atécnico" o "no artístico", frente a lo artístico. De la pisteis proporcionada por el discurso hay tres partes: ethos, pathos, y logos. Aristóteles presenta los paradigmas y los silogismos como medios de persuasión.
Capítulo III[editar]
Ilustra los tres tipos de retórica: la deliberativa, la retórica forense y la epideíctica. Aristóteles presenta estos tres géneros diciendo "Los tipos de retórica son tres en número, que corresponden a tres tipos de oyentes."
Capítulo IV[editar]
Aristóteles se ocupa de los tipos de temas de la retórica deliberativa. Los cinco más comunes son economía, guerra y paz, defensa, importaciones y exportaciones, así como las leyes.
Capítulo V[editar]
Aristóteles analiza las diferentes consideraciones éticas de la retórica deliberativa. Identifica el objetivo de la acción humana con la “felicidad” y describe los muchos factores que contribuyen a ella (1:5:5-18).
Capítulo VI[editar]
Continúa explicando con mayor detalle los elementos (stoikhea) de lo “bueno” descrito en el capítulo anterior.
Capítulo VII[editar]
Introduce el término koinon. Trata de los fines de la retórica deliberativa en relación con el bien mayor o más ventajoso.
Capítulo VIII[editar]
Aristóteles define y discute las cuatro formas de constitución (politeia) útiles en la retórica deliberativa: democracia, oligarquía, aristocracia, y monarquía.
Capítulo IX[editar]
Este capítulo trata del concepto y las virtudes de lo honorable(to kalon) incluidos en la retórica epideíctica. Aristóteles describe lo que hace que ciertos temas sean apropiados o dignos de ser encomiados o denunciados. También afirma que es importante resaltar ciertos aspectos del tema encomiado.
Capítulo X[editar]
Trata sobre los silogismos, que deberían derivarse de acusación (kategoria) y defensa (apologia) en el marco de la retórica judicial. Introduce también el concepto de mala conducta, relevante para la retórica judicial.
Capítulo XI[editar]
Este capítulo trata los muy distintos tipos de placer (hedoné), útil para la retórica judicial. Aristóteles las invoca como razón que conduce a las personas a la conducta equivocada.
Capítulo XII[editar]
Trata también sobre retórica judicial, versa sobre la disposición mental de la gente y continúa las reflexiones iniciadas en el capítulo anterior. Aristóteles subraya la importancia de la voluntad, o las intenciones o las malas acciones.
Capítulo XIII[editar]
Aristóteles clasifica todos los actos que son justos e injustos, según la retórica judicial.
Capítulo XIV[editar]
Este capítulo establece un paralelismo con el koinon descrito en el capítulo VII. Aristóteles clarifica la magnitud en relación con cuestiones de la "mala conducta" en el ámbito de la retórica judicial.
Capítulo XV[editar]
Aristóteles resume los argumentos que están a la disposición del orador en relación con la evidencia que refuerza o debilita un caso.
Libro Segundo[editar]

Grabado de Aristóteles en un diccionario enciclopédico de Pluchart
El Libro II de la Retórica aristotélica se concentra sobre el ethos y el pathos, que, como señala el filósofo de Estagira, afectan al juicio, pues un orador necesita exhibir estos modos de persuasión ante su audiencia.
Capítulo I: Introducción[editar]
Aristóteles señala que las emociones hacen que los hombres cambien de opinión en relación a sus juicios. Como tales, las emociones tienen causas y efectos específicos (2.1.2-3). Por tanto, un orador puede emplear su razón como estímulo para la emoción deseada en la audiencia. Sin embargo, Aristóteles afirma que, junto al pathos, el rétor debe mostrar ethos, que para Aristóteles abarca la sabiduría (Φρόνησηs), la virtud (areté), y la buena voluntad (eunoia) (2.1.5-9). 

Capítulos II-XI

Emociones eficaces para los oradores en todo tipo de retórica. 


Capítulos XII-XVII

Ethos: Adaptación del carácter del discurso al carácter de la audiencia. 

Capítulos XVIII-XXVI

Rasgos dialécticos de la retórica para los tres tipos de géneros.
Aunque el Libro II se focaliza principalmente en el ethos y el pathos, Aristóteles trata el paradigma y la enthymeme como dos modos comunes de persuasión. Existen dos clases de paradigma: comparaciones, referencias sobre lo que ha sucedido anteriormente, y fábulas, la invención de una ilustración (2.20.2-3). Máximas o inteligentes afirmaciones sobre acciones se adaptan bien como conclusión de las enthymeme (2.1-2). Al elegir una máxima, uno debe evaluar los criterios de la audiencia para emplear la mejor (2.21.15-16). Aristóteles considera la sabiduría popular como guía central, por lo que el efecto del rétor en la audiencia es el tema central en todo el Libro II. El Libro Segundo concluye con una transición al Tercero, que se focalizará en la recitación, el estilo y la organización. 

Libro Tercero

Con frecuencia, el Libro III de la Retórica de Aristóteles queda en un segundo plano, eclipsado por los dos primeros, que son más sistemáticos y tematizan ethos, logos, y pathos. El Libro III se considera a menudo como un conglomerado sobre procedimientos estilísticos de la lengua griega en lo que atañe a la retórica. Sin embargo, el Libro III contiene material informativo sobre el estilo (lexis), que se refiere a la “forma de decir” (1-12) y a la taxis, que se refiere a la disposición de las palabras (13-19).
Retorica de Aristóteles
https://es.wikipedia.org/wiki/Retórica_(Aristóteles)

Estilo (lexis): I - XII

Capítulo I

Resumen de los Libros I y II e introducción a la pronunciación (hypokrisis). Aristóteles argumenta que la voz debe ser usada representando lo más adecuadamente posible la situación dada tal y como ejemplifican los poetas (3 1:3-4). 

Capítulo II

Resalta la areté, definida como virtud o excelencia. Aplicada a la retórica, la arête significa más bien naturalidad, frente a lo forzado o artificial (3 2:1-4). Las metáforas son también destacadas como aptitud que no puede ser enseñada y que confieren “belleza verbal” (3 2:6-13). 

Capítulo III

Se ocupa del "lenguaje frígido", que aparece cuando se desdoblan palabras elaboradas, arcaicas y raras, o al abusar de palabras y frases descriptivas y metáforas inapropiadas (3 3:1-4). 

Capítulo IV

Versa sobre otra parte figurativa del discurso, el símil (eikon). Los símiles son útiles solo ocasionalmente en el discurso, debido a su naturaleza poética y su parecido con la metáfora. 

Capítulo V

Trata sobre cómo hablar adecuadamente usando conectores, llamando las cosas por su nombre específico, evitando ambigüedades semánticas, observando el género de los nombres y mediante el uso correcto del singular y el plural (3 5:1-6). 

Capítulo VI

Aconseja sobre cómo amplificar el lenguaje mediante el onkos (expansividad) y la concisión o syntomia (3 5:1-3). 

Capítulo VII

Aristóteles se explaya en el uso del estilo apropiado a la hora de dirigirse al tema. "La lexis será apropiada si expresa emoción y carácter y si es proporcional al tema tratado". Aristóteles pone el acento en la emoción, la credibilidad, el género (la edad, por ejemplo), y el estado moral como consideraciones relevantes (3 7:1-6). 

Capítulo VIII

El ritmo debe ser incorporado a la prosa para hacerla acompasada pero sin llegar a ser un poema (3 8:3-7). 

Capítulo IX

Se ocupa del estilo periódico y cómo debería ser visto como unidad rítmica, para completar el sentido de un pensamiento y para ayudar a la comprensión del significado (3 9:3-4). 

Capítulo X

Sigue destacando la metáfora y diserta sobre cómo contribuye al aprendizaje y hace posible la visualización (3 10:1-6). 

Capítulo XI

Explica por qué los procedimientos del estilo pueden enrarecer el lenguaje. Aristóteles avisa de que es inapropiado hablar en hipérboles (3 11:15). 

Capítulo XII

Los tres géneros de lenguaje oral y escrito son el deliberativo, el judicial y el epideíctico, todos los cuales están escritos por logográphoi (hoy diríamos quizá ghostwriters), quienes están capacitados para diferentes tipos de discurso. 

Disposición de las palabras (Taxis): XIII - XIX

Capítulo XIII

Cubre las partes necesarias de un discurso, que incluyen la prosthesis ( (prooemium) y el epílogo (3 13:1-4).
Capítulo XIV

Trata la introducción (prooemiun), que demuestra cómo la introducción debería usarse tanto en discursos epideícticos como judiciales. Ambos tienen el objetivo de anunciar cuándo terminará el discurso (3 14:1-11). 

Capítulo XV

Trata sobre ataques pre-judiciales según Aristóteles, lo que después pasó a formar parte de la teoría de la argumentación (stasis), que "determina la cuestión que se plantea en un proceso".
Capítulo XVI

La diēgēsis o narración. Se demuestra cómo uno debe trabajar un argumento usando el logos. La narración diverge según sea epideíctica, judicial o deliberativa.
Capítulo XVII

Atañe a la pistis o prueba, y cómo varía según el discurso. 

Capítulo XVIII

Erotēsis, interrogación habitual en tiempos de Aristóteles dirigida a pedir respuestas y vista como "la más oportuna cuando un oponente ha dicho una cosa y si se pregunta lo adecuado, el resultado es un absurdo o sinsentido" (3 19:1). 

Capítulo XIX

El capítulo final del Libro Tercero versa sobre los epílogos, conclusión de los discursos que deben incluir cuatro aspectos: "condicionar favorablemente al oyente hacia el orador y desfavorablemente hacia el oponente, amplificación y minimización, llevar al oyente a reacciones emocionales, y proporcionar un breve resumen de los puntos principales del discurso" (3 19:1-4). 

Referencia
↑ Gross, Alan G. & Arthur E. Walzer. (2000). Rereading Aristotle's Rhetoric. Carbondale, IL (USA): Southern Illinois University Press: p.ix. Gross & Walzer further say that "There is no comparable situation in any other discipline: No other discipline would claim that a single ancient text so usefully informs current deliberations on practice and theory."(p.x). 

Enlaces externos
Aristóteles: Retórica.
Texto en español (Gredos)
Texto inglés con índice electrónico en el Proyecto Perseus; en la parte superior derecha se encuentran los rótulos activos "focus" (para cambiar al texto griego) y "load" (para el texto bilingüe).
Comentario de Edward Meredith Cope (1818 - 1873): texto inglés con índice electrónico en el Proyecto Perseus.

VER MÁS
https://es.wikipedia.org/wiki/Retórica_(Aristóteles)

sábado, 6 de abril de 2019

Teorías, leyes y modelos económicos

Teorías, leyes y modelos económicos



Contrastación
Corte transversal
Deducción
Economía normativa
Economía positiva
Empirismo
Hipótesis
Inducción
Números índice
Prejuicios
Series temporales
Variables endógenas
Variables exógenas

Antiguamente se creía que era posible llegar a conocer la verdad de las cosas mediante procesos de razonamiento lógico. Se llama deducción a un proceso exclusivamente mental que partiendo de unas premisas o informaciones iniciales conduce a unas conclusiones. Durante muchos siglos los filósofos intentaron encontrar reglas formales que garantizasen que un proceso deductivo conducía a la verdad. Actualmente los filósofos del conocimiento niegan que sea posible que la verdad de una afirmación quede garantizada por la forma en la que ha sido deducida. 
Pero tampoco se acepta actualmente que el empirismo garantice la verdad. Se llama empirismo al método de conocer la verdad basado en la experiencia, en los hechos, en la historia.
Los teóricos del conocimiento han diseñado unos esquemas que supuestamente describen los procesos que sigue el científico en su trabajo. El punto de partida es la realidad, los hechos económicos tal como se producen en la sociedad humana. El científico los recoge, los mide y, mediante un proceso lógico que se conoce con el nombre de inducción, establece unas hipótesis. A partir de ellas, mediante un proceso deductivo, propone unas leyes o teorías explicativas que permiten predecir sucesos reales. La contrastación de esas predicciones  con la realidad confirmará la validez de las hipótesis y teorías o establecerá la necesidad de su modificación.
Ejemplo. Recogida de datos: Un científico realiza una encuesta entre la población de un país en la que pregunta por los ingresos mensuales que obtienen las familias y el porcentaje de esos ingresos que se ha ahorrado. Establecimiento de hipótesis: A la vista de los datos el científico supone que la gente ahorra más cuanto mayores son sus ingresos. Deducción de leyes: El científico propone una fórmula matemática como función de ahorro creciente y predice el aumento que se producirá en el ahorro de todo el país como consecuencia del crecimiento anual de la renta. Contrastación: Al año siguiente, realizará de nuevo la encuesta para ver si los nuevos datos, tras el aumento de las rentas del país, se ajustan a sus previsiones.

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Los datos económicos suelen presentarse de dos formas: como series temporales, magnitudes que cambian de valor con el paso del tiempo, o como datos de corte transversal, en los que se muestran los valores que adoptan las magnitudes en un momento preciso del tiempo en distintos lugares o en distintos grupos sociales. En las series temporales se utilizan frecuentemente los números índice que se elaboran tomando el valor adoptado en un año determinado como base, y mostrando los siguientes en relación a éste. (Nota: el Premio Nobel de Economía del año 2003 fue otorgado a  Robert F. Engle y a Clive W.J. Granger por su trabajo con series temporales.)

Índice de Precios al Consumo
España 1998
(base 1992=100)
Ene
123.2
Feb
122.9
Mar
123.0
Abr
123.3
May
123.5
Jun
123.5
Jul
124.0
Ago
124.3
Sep
124.4
Oct
124.4
Nov
124.3
Dic
124.7
El IPC es un ejemplo popular de serie temporal indiciada

 La recogida de datos económicos requiere la utilización de métodos matemáticos muy avanzados. Habitualmente se utilizan muestras aleatorias cuyos resultados son tratados y contrastados reiteradas veces. Los técnicos estadísticos y económetras son profesionales que dedican su vida a ese trabajo y a refinar continuamente sus métodos. Los datos recogidos servirán para adoptar decisiones importantes en materia de política económica por lo que requieren el mayor esmero. 
En ocasiones se acusa a los datos oficiales sobre inflación o paro de estar manipulados por intereses políticos. Alguna razón existe para ello ya que el político puede encontrar que algunos datos son electoralmente inconvenientes, pero le resultará mucho más fácil y práctico tergiversar su interpretación, dar explicaciones favorables, que modificarlos. Y cuando existe manipulación de los datos, consiste generalmente en un "fine tunning", en pequeñas modificaciones, quizá tan sólo en retrasar el impacto de alguna medida para que no aparezca reflejado en los índices hasta el mes o año siguiente.
La lectura de esos datos y el conocimiento general de la realidad puede sugerir al investigador de la economía alguna hipótesis explicativa de las razones por las que los datos ofrecen esa determinada magnitud o sucesión. Esas hipótesis son las que permiten organizar los datos y dan lugar a la formulación de teorías, leyes y modelos.
Las leyes expresan las regularidades encontradas en las series de datos. Las teorías son una forma de organizar las hipotéticas leyes y facilitan la comprensión del funcionamiento de la economía. Los modelos, finalmente, son artefactos intelectuales basados en las teorías que permiten realizar estimaciones de los efectos que se pueden seguir de cambios en algunos datos reales.
Los modelos son muy utilizados por la ciencia económica. Están basados en unos supuestos que simplifican la realidad y formados generalmente por ecuaciones matemáticas que relacionan distintas variables. Se llaman variables exógenas aquellas cuyos valores deben ser tomados de la realidad y variables endógenas aquellas cuyo valor es deducido al operar con las ecuaciones del modelo.
Un modelo tiene las mismas funciones que el prototipo mecánico de una máquina. El prototipo de un coche, por ejemplo, puede que carezca de partes muy importantes, que no tenga motor ni asientos, si lo que se trata es de probar en un túnel de viento la resistencia de la carrocería. Los modelos económicos son también una representación muy simplificada de la realidad en la que no están incluidos hechos que en la práctica serán muy significativos.  Una de las críticas más frecuentes a la ciencia económica es que sus resultados se obtienen a partir de modelos tan simplificados que no se parecen en nada a la realidad. Para justificar la conveniencia de los modelos la  economista británica Joan Robinson afirmó que de nada nos serviría el plano de una ciudad si estuviera a escala 1-1, si tuviera dibujada cada señal de tráfico a tamaño natural.

Ejemplo: un modelo que representase el comportamiento del consumidor relacionaría unas variables exógenas tales como la renta del sujeto y los precios de los productos; las ecuaciones se basarían en hipótesis y supuestos tales como la racionalidad del sujeto y su objetivo egoísta de obtener la máxima satisfacción al consumir; las variables endógenas, los resultados del modelo, serían las cantidades de bienes adquiridas.

Las teorías, leyes y modelos permiten realizar predicciones económicas susceptibles de ser contrastadas con la realidad. Las predicciones económicas son probabilísticas y no deterministas. Esto quiere decir que un modelo económico no puede predecir con exactitud cuál será el consumo de un individuo determinado pero sí puede prever el comportamiento de grandes agregados de consumidores estableciendo unos márgenes entre los que estará comprendido y estimando la probabilidad de que esa predicción se cumpla.
Ejemplo: no se puede saber las decisiones que tomará Fulano de Tal si el precio de la mantequilla aumenta en un 10%, pero sí se puede predecir que el consumo de margarina aumentará entre un 17% y un 23% con una probabilidad del 98,7%.
El proceso global, inducción-deducción-contrastación, tal como se ha descrito, merecería los calificativos de limpio, puro, transparente, claro... incluso podría parecer sencillo. Desgraciadamente (o afortunadamente) los científicos no son tan asépticos. Los científicos son seres humanos, no robots; tienen intereses propios, sentimientos, ideas e ideologías políticas, de las que no pueden desprenderse como el que se quita una chaqueta cuando se ponen a trabajar.
Los prejuicios, las ideas previas existentes en la mente del investigador que estudia la sociedad humana, influyen inevitablemente en cada una de las etapas del proceso. Ya en el momento de elegir el tema que se va a estudiar influirá el contexto social y la ideología del individuo.  La realidad está formada de innumerables hechos y no hay un criterio "aséptico" sobre qué hechos hay que seleccionar. El proceso de medición, de valoración de los datos también recibe una fuerte influencia de los juicios de valor preexistentes. Todo el círculo está por tanto viciado desde el principio. Y no se puede esperar que la contrastación redima ese pecado original ya que, al requerir de nuevo recogida y valoración de datos, consiste en demasiadas ocasiones en la búsqueda de justificaciones. Así se puede entender la pervivencia durante decenios de escuelas de pensamiento enfrentadas que proponen soluciones opuestas a los mismos problemas.
Pero eso no quiere decir que todas las propuestas y teorías económicas deban ser tratadas con el mismo rasero. El economista o científico social honesto partirá de un reconocimiento de sus propias ideas y limitaciones. Después, si se esfuerza en disminuir en lo posible la influencia de su ideología sobre su trabajo, podrá alcanzar resultados válidos, es decir, utilizables por otros. Quizá la mejor medida de la calidad de un trabajo científico es el número y la diversidad ideológica de los sucesores que utilizan sus resultados.
John Neville Keynes propuso distinguir entre Economía positiva y normativa. La Economía positiva es la que trata simplemente de conocer y describir la realidad tal como es. La Economía normativa, en cambio, propone la dirección en que debe modificarse la realidad y los medios para intervenir sobre ella. Para muchas generaciones de economistas la actitud ideal ha sido la positivista; hacer afirmaciones del tipo "se debe ..." manchaba la imagen aséptica del buen economista. 
Pero actualmente se aceptan dos reservas ante esa actitud. Por una parte, que tras cualquier formulación de tipo positivo se encuentra inevitablemente una proposición normativa, que, como hemos visto arriba, la pura descripción de la realidad estará manchada desde el principio por el color del cristal con que se mire. Por otra parte hay que aceptar que el objetivo del conocimiento de la sociedad es operar sobre ella. No se trata sólo de conocer la realidad sino de transformarla. La mayor limpieza en la actividad del economista estará, no en el infructuoso intento de evitar la influencia ideológica, sino en reconocerla y proclamarla.
 VEA LA FUENTE
http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/14002996/helvia/aula/archivos/repositorio/250/271/html/economia/1c/teorias-leyes-modelos.htm

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