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sábado, 4 de enero de 2020

La teoría marxista de las crisis económicas en el capitalismo



Precariedad socioeconómica y aislamiento del pequeño campesino en el Ecuador actual

En mayo pasado, en la Conferencia Marx ist Muss en Berlín, debatí con el profesor Michael Heinrich sobre si Marx tenía una teoría coherente de las crisis en el capitalismo que pudiese ser probada empíricamente. La posición de Heinrich esta recogida en un artículo que escribió para Monthly Review Press en 2014, defendiendo que Marx no tenía una teoría coherente de las crisis y que, de todos modos, no puede probarse ya que sólo tenemos estadísticas oficiales capitalistas.
En la primera parte de este artículo lidio con el hecho de si Marx tenía o no una teoría coherente de las crisis. Defiendo que la teoría de Marx se basa en su ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancias y que esta ley es realista y coherente. También sostengo que Marx no abandonó esta ley en sus obras posteriores, como algunos han afirmado y que sigue siendo la mejor y más convincente teoría de las crisis económicas periódicas y recurrentes en el capitalismo. En la segunda parte del artículo, voy a proporcionar algunas evidencias empírica de las economías capitalistas modernas para apoyar esta posición.


He asistido a un seminario de dos días sobre el análisis marxista de la situación actual del capitalismo. Fue organizado por Alex Callinicos en el Kings College, Universidad de Londres, y ha reunido a una serie de estudiosos marxistas del Reino Unido y Europa, que han presentado sus papeles y discutido y debatido con los participantes.
El primer día comenzó con una discusión sobre si el propio Marx tenía una teoría de las crisis en el capitalismo y, de ser así, ¿cual era?


El 2 de marzo se cumplen 40 años de la destrucción de uno de los intentos más originales que se hayan llevado a cabo en Argentina orientados a generar una transformación en la enseñanza de la economía. En el Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur (UNS) en Bahía Blanca, se inició en 1969 un movimiento que llevó al cambio significativo del plan de estudios de la Licenciatura en Economía (PELE). La iniciativa fue una propuesta innovadora de estudio de la teoría en el contexto histórico de la evolución del pensamiento económico.


David Harvey es inglés y geógrafo, tiene ochenta años y una foto de Karl Marx en su escritorio. De esos ochenta, pasó nada menos que cuarenta enseñando El Capital a sus alumnos universitarios: es profesor de Antropología y de Geografía, claro, en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, donde vive con su hija y su esposa miramarense. Harvey, que se define a sí mismo como un “urbanista rojo”, mira el mundo con los ojos de quien ha leído y releído la obra marxiana, sobre todo el mundo de las ciudades. Tal vez sea esa perspectiva la que haga que en sus charlas abunde el público joven que aplaude fuerte cada vez que el teórico clama el “derecho a la ciudad” que todos deberíamos ejercer y que lo expresa claramente en su reciente libro Ciudades rebeldes. Del derecho a la ciudad a la revolución urbana (Editorial Akal).


Cerca de mil personas llegaron hasta el Teatro de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, donde se dictó la charla "El poder de lo urbano en un mundo desigual" por uno de los intelectuales más importantes de los últimos tiempos. Se trata de David Harvey, geógrafo social, quien se ha convertido en referente y lectura obligada de jóvenes y profesionales de las ciencias sociales con su visión renovada y crítica del neoliberalismo.


Valentina Zanca, de Profile Books, la editorial que ha publicado recientemente Seventeen Contradictions and the End of Capitalism, entrevista a su autor sobre este último libro suyo.


El libro de Thomas Piketty, Capital in the Twenty First Century, ha impactado a nivel mundial. Su planteo central es que la desigualdad de los ingresos y de la riqueza ha estado aumentando en los países capitalistas desde los años 1970, y hoy alcanza niveles similares a los que había a comienzos del siglo XX. Esto significa que no se verifica la hipótesis de Kuznets (formulada en los años 1950), según la cual la desigualdad aumentaba primero con el desarrollo del capitalismo, y luego disminuía. De hecho, ya antes de la publicación del libro de Piketty se ha estado documentando que la desigualdad ha seguido una forma de U. Pero el libro de Piketty, utilizando datos fiscales más que encuestas sobre la situación de los hogares, amplía el análisis y confirma el dramático incremento de la desigualdad en las últimas décadas en los países desarrollados. Por caso, en EEUU, desde 1980 a los 2000, la participación en los ingresos del decil más alto de la población pasó del 30-35 por ciento al 45-50 por ciento; y el uno por ciento más rico pasó de tener el 9 por ciento del ingreso en los 1970 a aproximadamente el 20 por ciento en los años 2000 – 2010. Entre 1977 y 2007 el 10 por ciento más rico se apropió las tres cuartas partes del total del incremento del ingreso en EEUU, y el uno por ciento más rico el 60 por ciento del mismo.


1- No es una de las menores originalidades de Schumpeter la de expresar juicios extremadamente favorables sobre autores tan opuestos como Marx y Walras. En Capitalismo, socialismo y democracia (1942) escribió:


Para ver con perspectiva histórica el estancamiento económico que afecta a los EEUU y a otras economías capitalistas avanzadas hay que retrotraerse a la grave desaceleración de 1974-75, que marcó el fin de la prosperidad de posguerra. La interpretación dominante de la recesión de mediados de los 70 dice que el pleno empleo de la primera época keynesiana sentó las bases de la crisis al robustecer la posición del trabajo en relación con el capital. Según han venido sosteniendo muchos destacados economistas de izquierda cuya visión no difiere en este punto de la corriente académica dominante, el problema era la existencia de una clase capitalista “demasiado débil” y una clase obrera “demasiado fuerte”.

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