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sábado, 20 de agosto de 2011

Conferencia Magistral del Presidente Juan Manuel Santos ante la Cepal

Santiago de Chile, 17 ago (SIG). “Yo tuve, como lo recordaba Alicia (Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal), el privilegio de presidir esa famosa reunión como Ministro de Comercio, año 94, sobre lo que llamamos integración abierta.
Y luego, como Ministro de Hacienda, me tocó presidir la Cepal durante dos años en una reunión que tuvimos en Cartagena, año 2000, y recuerdo muy bien esa reunión donde seguíamos discutiendo muchos temas que son relevantes hoy 11 - 12 años después de esa reunión en Cartagena.
Por eso, más que una conferencia magistral lo que quiero en esta mañana es hacer una serie de reflexiones, y más que respuestas plantear preguntas, preguntas que de pronto la Cepal nos puede resolver, nos puede responder porque estamos viviendo un momento muy interesante y yo creo que un momento de oportunidades en América Latina.
En esa época, el año 2000, cuando uno trata de recordarse cómo cambian los tiempos, el petróleo estaba alrededor de 50 dólares –y eso que ha subido muchísimo, se había más que duplicado- el oro estaba como a 300 dólares y todo el mundo se rasgaba las vestiduras y decía: ‘El oro llegó a unos límites que nadie se imaginaba que podía llegar’.
En esa época el (ex) Presidente (de Estados Unidos, Bill) Clinton, llegaba a Colombia a lanzar el Plan Colombia y el Vicepresidente Al Gore estaba en su cruzada doble, la autopista del Internet y el cambio climático, comenzaba a hablar sobre el tema del cambio climático.
Algunos escépticos lo miraban con ojos extrañados: ‘Este señor qué es lo que nos quiere vender, qué es lo que nos quiere decir’. Pero él perseverando en esos dos temas que miren hoy en día cómo son de relevantes.
En esa época, recién posesionado como Ministro de Hacienda –yo reemplacé al doctor Juan Camilo Restrepo, hoy aquí presente como Ministro de Agricultura- estábamos todavía en la peor crisis que ha tenido Colombia en los últimos 80, 90 años.
Por primera vez habíamos tenido un descenso en nuestro crecimiento, un crecimiento negativo. Colombia se caracterizaba por ser un país con una estabilidad en sus variables macroeconómicas; si bien no teníamos crecimientos muy altos por lo menos no teníamos crecimientos negativos y teníamos un crecimiento mediocre pero positivo.
Veníamos pues de una recesión en el año 99, el crecimiento fue negativo en 4,5 por ciento, y estábamos también ad portas de declararnos en cesación de pagos. Nuestra situación financiera era muy difícil y necesitábamos a toda costa conseguir recursos internacionales y todas las fuentes de recursos estaban secas.
Los spread colombianos superaban los mil puntos y estábamos muy urgidos de algún tipo de garantía que nos diera alguna institución internacional. Trabajamos muchísimo al Banco Mundial para poder acceder a los recursos internacionales y no tenernos, no vernos obligados a declararnos en cesación de pagos.
Era el momento de crisis de todo el continente, además.
Argentina se acercaba a una velocidad impresionante también a una crisis que después todos ustedes vieron lo que sucedió, y en ese momento estábamos confrontados con una serie de dilemas que hoy en día muchos países todavía tienen, y de preguntas sobre cómo proceder frente a situaciones de turbulencia internacional, qué mecanismos, qué instituciones son las más adecuadas.
Les mencionaba la llegada del Presidente Clinton a Colombia en esa época a lanzar el Plan Colombia, porque la relación entre la situación política y la situación económica es una relación que siempre hay que tener en cuenta.
La gobernabilidad, la solidez institucional son requisitos básicos para que la economía pueda funcionar bien, y yo diría que parte de los problemas que hoy tenemos tienen más que ver a nivel internacional con la falta de gobernabilidad, la falta de consenso político que por un desempeño pobre puramente económico.
Lo primero es lo que está causando lo segundo y no a la inversa.
Y creo que América Latina en ese sentido está también proyectándose como una región cada vez con más posibilidades de tener una gobernabilidad aceptable. Ya la institucionalidad de América Latina no es algo que estamos aspirando a tener sino que tenemos y lo que nos corresponde a nosotros es irla reforzando.
Pero volviendo a esas épocas de hace 12 años o inclusive de hace 25 años o 20 años cuando el año 94, cuando estábamos en ese proceso de integración y de integración abierta, siempre teníamos como meta y siempre sabíamos, porque eso nos lo decía el sentido común, que si nos integramos, que si podemos trabajar juntos, los latinoamericanos vamos a ser mucho más efectivos.
Hemos hecho muchos ensayos, hemos tomado muchas iniciativas, muchas de ellas fallidas, fallidas por razones políticas más que todo, porque el sentido de integrarnos sigue igual de vigente a cuando se inició el proceso por ejemplo del Pacto Andino, cuando se sentaron los presidentes de Chile, en ese caso el Presidente Frei con el Presidente Carlos Lleras, que fue también un gran admirador de la Cepal, muy activo en la Cepal, el único Ministro de Hacienda que después fue Presidente –generalmente los ministros de hacienda quemamos los barcos tomando medidas impopulares y no llegamos a ser presidentes, el caso del doctor Carlos Lleras y el caso mío pues son excepciones tal vez porque la suerte nos ha sonreído- pero desde esa época el objetivo de la integración era un objetivo que tenía todo el sentido del mundo y hoy creo que sigue vigente y con más fuerza por lo que esta sucediendo a nivel internacional.
Colombia entonces, cuando vino el Presidente Clinton al final de su Gobierno a lanzar el Plan Colombia, teníamos una situación financiera muy precaria, no teníamos prácticamente acceso a los mercados internacionales, teníamos una situación fiscal muy precaria y teníamos, además, un programa que había firmado el Ministro Juan Camilo Restrepo con el Fondo Monetario.
Un programa que nos imponía una disciplina muy estricta en materia fiscal, un programa que teníamos que cumplir si queríamos que los mercados internacionales volvieran a vernos con ojos favorables, un programa que políticamente era costoso por la disciplina y por la rigidez que nos imponía.
En esas circunstancias iniciamos todo un proceso de reformas, muchas de ellas sugeridas por el Fondo Monetario, y lo primero que hicimos fue tratar de buscar un consenso político para que esas reformas fuesen posibles.
En el fondo yo llegué al Ministerio de Hacienda producto de una crisis política interna en el Gobierno, donde el Congreso y el Ejecutivo se enfrentaron, se amenazaban cada uno con convocar un referendo para sacar al otro del poder, un referendo para revocar el Congreso y el Congreso respondía un referendo para revocar al Presidente.
Y en esa crisis política fue que yo llegué al Ministerio de Hacienda y lo primero que hice fue tratar de buscar un consenso político que nos permitiera aprobar las reformas para poder sobrevivir económicamente, y si sobrevivíamos económicamente podríamos sobrevivir después políticamente.
Y fue con ese raciocinio con que yo llegué a quien entonces se perfilaba como el próximo Presidente de la República, que tenía las mayorías en el Congreso, que era el candidato del Partido Liberal y le dije: ‘Mire, nosotros pertenecemos al mismo partido –yo en ese momento era parte del Partido Liberal- y le dije déjeme a mí asumir el costo, el costo en el fondo lo va a asumir es el Presidente (Andrés) Pastrana y su Ministro de Hacienda, pero apóyeme en las reformas que tenemos que hacer, unas reformas de gran calado, y usted entonces va a poder recibir un país viable y un país manejable. Si no se aprueban estas reformas Colombia no es viable’.
Con mucho sentido el entonces candidato, precandidato liberal dijo: Hagámoslo pero no lo oficialicemos. Yo por debajo de cuerda le digo a mis senadores y a mis representantes que apoyen las reformas’. Y así fue como Colombia logró poner en marcha unas reformas muy importantes, muy audaces y de mucho fondo.
Por ejemplo, en esa época en Brasil y en Argentina se discutía mucho la distribución de los recursos con las regiones y nosotros logramos pasar una reforma constitucional que en cierta forma restringía o limitaba ese reparto regional, y que fortalecía las finanzas del Gobierno Central, racionalizaba más que limitaba ese reparto y esa era una reforma que era absolutamente indispensable si queríamos sobrevivir como economía estable.
El Ministro Juan Camilo Restrepo había presentado una reforma de disciplina fiscal en los entes territoriales muy drástica, que después se logró aprobar gracias a esa especie de pacto político y Colombia comenzó a recuperar su estabilidad económica.
Pusimos en marcha en esa época, con el Banco Central, la política de inflación objetivo y en esa época nos propusimos bajar –como lo estamos haciendo hoy con el desempleo- la inflación a un dígito.
Colombia no había tenido inflación de un dígito, todo lo contrario, éramos de los países que teníamos la inflación más alta de América Latina, oscilábamos entre el 22, 23, 24 por ciento, nos fuimos bajando y esa política de inflación objetivo con el Banco de la República, el Banco Central, nos propusimos aplicarla para bajarla a un dígito y volvernos un país con una inflación normal.
Y afortunadamente, 12 años después creo que ese objetivo tan importante, que ha logrado no solamente Colombia sino toda América Latina, se ha logrado.
Es una conquista que América Latina –unos con más costo que otros, todos con un gran esfuerzo- se ha logrado. Con algunas excepciones, América Latina dejó de ser ese continente donde la inflación, que es el impuesto más regresivo, se ha controlado y hoy somos un continente con inflaciones moderadas y aceptables.
Ese fue un logro muy importante porque la inflación, como ustedes todos saben, es un fenómeno que le quita poder adquisitivo a quien mide su ingreso. En el fondo lo que hace es inflar los activos y los únicos que tienen activos son los más ricos, en un continente que siempre se ha caracterizado por ser el más desigual del planeta.
Entonces la inflación lo que hace es exacerbar esas desigualdades, y por eso es tan importante el control de la inflación.
Iniciamos ese proceso pero paralelamente, y siempre guardando la relación, la situación política y la situación económica –y por eso menciono la llegada del Presidente Clinton a lanzar el Plan Colombia- nosotros teníamos un problema muy serio que no tenía el resto de América Latina, y era el problema de nuestro conflicto interno, de nuestra gobernabilidad, el problema de la capacidad del Estado de cumplir con sus funciones básicas y estábamos ad portas, de acuerdo a los académicos, de ser considerado un Estado fallido.
Para los académicos un Estado fallido es aquel Estado donde el Estado no puede controlar todo el territorio, donde el Estado no puede impartir justicia en parte del territorio, donde ha perdido en cierta forma el control del territorio, y eso es lo que había sucedido en Colombia: nosotros habíamos perdido el control de una parte del territorio.
Y por eso era tan importante recuperar la seguridad y recuperar la gobernabilidad en todo el territorio para poder pensar en un Plan de Desarrollo que fuera ambicioso en lo social.
Y así se inició, con la ayuda de los Estados Unidos a través del Plan Colombia, un proceso de ir recuperando el control del territorio con unos principios básicos.
Ahí la política de seguridad democrática que puso en marcha el Presidente Uribe, esa palabra democrática significaba seguridad para todos y seguridad dentro de una constitución y unas leyes que son muy garantistas.
Colombia tiene una constitución muy garantista y se quería legitimar todo ese proceso de una política de seguridad diferente a la doctrina de seguridad que ha imperado en Sur América, en América Latina en los años 60 y 70.
Era una política de seguridad respetando al mismo tiempo los derechos humanos, los derechos fundamentales, las leyes; eso dificultó en su momento y todavía dificulta el proceso de imponer la seguridad, pero la legitima a la larga y es un costo que bien vale la pena pagar para poder salir victoriosos con legitimidad de un proceso ir recuperando la seguridad.
Nosotros fuimos recuperando ese control del territorio. Cuando llegó el Presidente Uribe al Gobierno, había 400 de 1.100 municipios, 400 alcaldes que no despachaban desde sus respectivos municipios por problemas de seguridad, porque tenían miedo, porque no se atrevían a ir a sus pueblos, 400 de 1.100. Hoy todos los alcaldes despachan desde su municipio.
Se fue ampliando el control del territorio, se hicieron pactos de desmovilización con los grupos paramilitares, la guerrilla se fue debilitando y hoy yo diría que la guerrilla está debilitada, está un poco desesperada, no está todavía derrotada pero ahí hay que perseverar, pero se avanzó lo suficiente para poder ampliar la agenda, la agenda interna y la agenda externa.
El problema de seguridad sigue siendo un problema y tenemos que estar encima de ese problema. Hasta no tener una paz completa, hasta no llegar al otro lado del río pues no vamos a cesar en ese esfuerzo.
Pero ya tenemos por lo menos el margen de ir hablando de otros temas.
La economía colombiana se ha fue recuperando; la seguridad fue generando una confianza; la inversión, que era prácticamente inexistente, la inversión extranjera, nadie se atrevía a ir a Colombia, inclusive las compañías de seguros no aseguraban a sus ejecutivos cuando viajaban a Colombia porque el riesgo era muy alto, entonces pensar en atraer inversión extranjera en esas circunstancias era muy difícil.
Nosotros tratábamos de vender nuestro país. Me acuerdo muy bien una vez que estaba yo con varios ministros en Nueva York vendiendo nuestro país a los inversionistas extranjeros y mirábamos en una pantalla, como esa de televisión, y veíamos en CNN unas bombas que habían explotado en Bogotá y ahí los extranjeros, yo vendiéndoles el país, decían ‘esto es imposible’.
Pero bueno, eso se fue recuperando, se fue teniendo éxito en esa política y eso fue cambiando mucho la percepción internacional del país.
Y hoy tenemos una situación completamente distinta, que es lo que quiero resaltar para entrar a hacer una serie de preguntas sobre qué debemos hacer como región, porque no solamente Colombia ha cambiado mucho sino el mundo también ha cambiado y nosotros cómo jugamos en ese mundo y cómo podemos sacarle más provecho a unas circunstancias que para Colombia y para la región creo que son favorables pero que tenemos que jugar nuestras cartas bien.
Pues bien, esos spread que en el año 2000, 2001, 2002 estaban por las nubes, y esa falta de acceso a los mercados internacionales, hoy tenemos es una situación totalmente contraria.
¿Quién se hubiera imaginado en esa época, no solamente en Colombia sino en América Latina, que nuestros países, Chile o Brasil, íbamos a tener unos spread por debajo de los bonos de los spread de los países del G-8 como en efecto hoy está sucediendo?
Los bonos de Chile, los bonos colombianos, los bonos brasileros, los bonos peruanos se cotizan mejor en los mercados internacionales que los bonos de muchos países del G-8, incluyendo Francia.
Esa situación ya de por sí es un cambio de paradigma, una situación que nadie se hubiera imaginado hace 10 años.
¿Quién se hubiera imaginado que el entonces Ministro de Hacienda de Chile, Nicolas Eyzaguirre, que hoy es Director del Fondo Monetario Internacional, Director del Occidente, se ponga en una gira por América Latina a recomendar la posibilidad de imponer control de capitales?
El Fondo Monetario recomendando algún tipo de control de capitales en una situación como la que estamos viviendo, eso era totalmente impensable.
Y por eso digo yo que estos cambios tenemos que analizarlos, hacer un alto en el camino y ver qué podemos sacar como lección de lo que hemos vivido en los últimos años y cómo podemos aprovechar mejor esta coyuntura que estamos viviendo, que en el fondo nadie sabe bien dónde puede parar.
Uno se pone a leer los análisis de los economistas de las diferentes instituciones qué es lo que está pasando y para donde vamos, y francamente sale uno más confundido que antes de leerlos porque todos difieren, no coinciden todos tienen su propia interpretación.
Ahí es donde instituciones como la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) pueden ayudar mucho.
Generalmente los gobiernos no tienen tiempo de pensar, está uno en el día a día apagando incendios e instituciones como estas, pueden, como quien dice, reflexionar desde cierta distancia y pueden jugar un papel muy importante de sugerir caminos, de sugerir fórmulas y sobre todo en momentos tan interesantes y confusos como los de hoy, la Cepal puede jugar un papel bien constructivo.
Volviendo al proceso colombiano y el proceso colombiano bis-bis América Latina.
Colombia entonces comenzó a hacer una serie de esfuerzos para llevar a su economía a tener una de las condiciones necesarias para poder tener éxito en cualquier política económica, y es un crecimiento más alto. Para ese crecimiento más alto se requiere inversión, y si se quiere atraer inversión entonces se puso en marcha una política de darle confianza al inversionista de atraer la inversión.
Hoy en día la globalización y la apertura comercial en el fondo es una competencia por inversión y por generar empleo. Uno tiene que ser consciente de eso. Todo lo que se hace son medios más que un fin en sí mismos.
El fin de las políticas debe ser: generar riqueza y empleo, y poderla distribuir mejor. Ese es nuestro gran reto, nuestro gran reto en Colombia y nuestro gran reto en América Latina.
Colombia fue muy exitosa en recuperar la seguridad y eso en cierta forma nos permitió gozar de ese efecto, lo que llaman el ‘efecto rebote’, cuando vienen las grandes recesiones, viene el bajonazo y después sube, sube el país o suben los mercados.
En Colombia la recuperación de la seguridad en cierta forma, nos dio un ‘efecto rebote’ y vino la inversión y hoy tenemos tal vez la inversión más alta, en términos relativos, extranjera de toda América Latina.
Logramos bajar la inflación y estamos en una senda de crecimiento alto que queremos mantener, y ahí es uno de los grandes retos donde la Cepal nos puede ayudar a pensar.
¿Cómo mantenemos un crecimiento alto?
En el caso nuestro, por experiencias también que hemos tenido, estamos convencidos que el crecimiento no se da, como decían los neoliberales, por generación espontánea ni por la mano oculta de Adam Smith.
El crecimiento se da generando fuentes de crecimiento.
En el caso colombiano las identificamos utilizando el sentido común: ¿Dónde estamos rezagados nosotros? ¿Dónde podemos, simplemente, eliminando ese rezago, generar un impulso en la economía?
Identificamos la infraestructura donde estamos rezagados y si hacemos una gran inversión en infraestructura eso genera una dinámica, una demanda, genera empleo y nos hace más competitivos.
El sector agropecuario, donde en Colombia hay un potencial enorme. Somos de los pocos países que pueden aumentar sustancialmente su producción de alimentos en un mundo con una crisis alimentaria, donde está concentrada la pobreza, entonces si hay un gran desarrollo y cerramos esa brecha en el sector agropecuario, eso también genera un impulso, una dinámica que ayuda a la economía a crecer más rápido.
En el caso que también es común a toda América Latina: el déficit de vivienda.
Si logramos poner en marcha grandes proyectos de vivienda, la vivienda, todos los economistas, todos los expertos en desarrollo, en todas partes del mundo saben que la vivienda genera mucha dinámica económica.
En el caso colombiano impulsa 32 industrias, entonces démosle un gran impulso a la vivienda para que eso también genere más actividad económica y podamos crecer más rápido.
Esos tres fueron los rezagos.
Había otro rezago –que es el último que voy a mencionar porque ese es también común en América Latina- pero era otra locomotora donde simplemente queremos aprovechar lo que Dios nos dio: la minería, la energía, el petróleo un sector que en Colombia ya está creciendo al 12, 13 por ciento, que había que mantenerlo para financiar el resto de los sectores y poder continuar el impulso.
Y la quinta, la quinta locomotora es la innovación, porque en el fondo la pregunta hacia adelante que uno debe hacerse es:
Cómo hace uno sostenible el crecimiento alto, porque en aras de discusión cierra uno la brecha de la vivienda y puede eliminar el déficit, entonces automáticamente se viene abajo la actividad, entonces se viene abajo el crecimiento.
Si uno construye la infraestructura que necesita, entonces esa locomotora deja de funcionar al cabo de dos, tres, cuatro, cinco años, entonces dónde va a generar uno mayor crecimiento para que sea sostenible en el tiempo.
Si uno comienza, y lo que tenemos planeado con el Ministro de Agricultura, sembrar la mitad del país que hoy está virgen, ¿entonces cuando esté sembrado cómo vamos a seguir creciendo? Ese es el gran interrogante y ahí viene la quinta locomotora, la innovación.
Cuando uno estudia los casos exitosos de países que han tenido un crecimiento sostenido alto durante mucho tiempo, se da cuenta que la innovación es por lo menos el 50 por ciento, el componente de innovación es por lo menos el 50 por ciento de la actividad económica del crecimiento económico.
Y ahí es donde América Latina siempre ha estado rezagada, y ahí es donde la productividad de nuestra economía frente a las economías de otras regiones exitosas siempre nos hemos quedado atrás.
Y ahí –querida Alicia- es donde hay que hacer un gran esfuerzo, en la innovación, en ver cómo podemos nosotros ser tan innovadores como los asiáticos.
Si uno estudia el caso de la China, el caso de Corea, el componente importante de su crecimiento es y ha sido y seguirá siendo –porque eso se retroalimenta- la innovación, y ahí es donde todos los Latinoamericanos estamos rezagados y donde tenemos el gran, gran desafío porque tenemos todo lo demás: tenemos los recursos y ahora hablo de por qué creo que esta década es muy importante y una gran oportunidad para América Latina.
Entonces la experiencia nuestra, la colombiana, nos enseño que al mercado hay que ayudarlo, no hay que dejarlo solo. Yo personalmente soy un convencido de la tercera vía, yo escribí un libro con el Primer Ministro (Tony) Blair, que se resume en la frase ‘el mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario’.
Y eso es particular a cada circunstancia de cada país. En algunos países los mercados funcionan mejor que otros, entonces el Estado debe intervenir más o menos de acuerdo a las circunstancias. No es una regla estándar, no es una regla fija, es un enfoque pragmático.
Pero lo que sí estoy convencido es que el Estado en América Latina tiene que intervenir y tiene que intervenir para corregir unas falencias y tiene que corregir para producir unos efectos. Entonces tiene que intervenir para generar fuentes de crecimiento.
Y la innovación –y aquí ese es otro punto bien importante, Alicia, donde la Cepal puede ayudar mucho- la innovación no solamente tiene que ser para el crecimiento económico. Nosotros necesitamos una gran dosis de innovación social. Porque América Latina siendo una región tan rica, tiene el título de ser la región más desigual, donde los índices de pobreza están por encima de cualquier otro continente.
Y ahí hemos fracasado también. Siendo una región con semejante riqueza que hoy dice América Latina tiene todo lo que el mundo está pidiendo: América Latina tiene energía de todo tipo; América Latina tiene capacidad de aumentar su producción agropecuaria, su producción de alimentos en un mundo de crisis alimentaria; América Latina tiene agua en un mundo donde muchos futurólogos dicen que las grandes guerras se van a desatar en torno al agua.
América Latina tiene biodiversidad como pocos continentes en el mundo, tiene el pulmón del mundo con toda la amazonía en un mundo que está cada vez más preocupado por el cambio climático y América Latina tiene una población joven, que hoy es un gran activo.
Muchos economistas o muchos políticos no se dan cuenta el gran activo que es tener una población joven y los problemas que tienen hoy los países, muchos países, parte de las crisis que estamos viendo es porque se está envejeciendo la población y los sistemas de seguridad social simple y llanamente están reventando, no tienen cómo financiarse.
Entonces si aprovechamos ese activo que tiene América Latina de población joven, pues ese es otro atributo y otra forma positiva de compararnos con el resto del mundo.
Entonces las paradojas, los contrastes: una región rica en todo pero pobre en lo importante. Por eso la innovación social.
¿Cómo somos más efectivos en disminuir las brechas?
¿Cómo somos más efectivos en disminuir la pobreza?, donde hemos sin duda fracasado, unos más que otros.
Yo diría que el caso –y lo digo totalmente convencido porque ahí están los hechos y los hechos son tozudos- el caso de Chile es un caso muy exitoso en mostrar unos indicadores sociales y una base social que es envidia del resto de América Latina.
La pobreza extrema en Chile es del 3 por ciento, la nuestra es del 15 por ciento; la pobreza en Chile es del 13 (por ciento), 15 (por ciento), la nuestra es del 44 por ciento; claro que nosotros somos de los peores, pero esas cifras, llegar a ese promedio de pobreza y de pobreza extrema, para el resto de América Latina, es algo fundamental y además es un gran negocio.
Los inversionistas extranjeros que están llegando a Colombia son de todo tipo. Yo estoy tratando de que lleguen inversionistas diferentes al petróleo y a la minería porque ya estamos en el preámbulo de la enfermedad holandesa porque se está concentrando mucho en esos sectores.
Están llegando los inversionistas de las compañías de consumo masivo, con un criterio muy interesante que es aplicable a toda América Latina.
Miren, América Latina tiene que salir avante de todo este proceso porque tiene todo y en la medida en que sean exitosos en la lucha contra la pobreza, el único factor de crecimiento real de la economía va a estar aquí, son consumidores potenciales.
Lo que está sucediendo en la China. China logró, en cierta forma, sustraerse de la gran crisis del 2008 por su demanda interna, porque logró que sus propios ciudadanos ingresaran al mercado de consumo y fueran quienes demandaran los productos. Ahí tenemos nosotros una gran oportunidad.
Entonces estamos confrontados con una situación bien interesante donde es muy importante que comencemos a coordinar las políticas y a ver si efectivamente trabajando juntos podemos lograr objetivos comunes y objetivos que a todos nos van a beneficiar.
Por eso en la reunión de Unasur hace unas semanas le propusimos a los presidentes: sentemos a los ministros de hacienda y a los presidentes de los bancos centrales a que hagan una lluvia de ideas, a que se conozcan, a que comiencen analizar el entorno internacional, a que comiencen a decir: ‘Mire estas políticas monetarias laxas de Estados Unidos –ya la semana pasada la Reserva Federal dijo que la política monetaria laxa va a durar hasta el 2013- y esa liquidez que produce en lugar de quedarse en Estados Unidos va a buscar la mejor rentabilidad.
¿Y a dónde vienen?
A Chile a Colombia a Brasil, donde hay más rentabilidad, economías que están creciendo, y vienen esos capitales y nos revalúan nuestras monedas. Y entonces nuestros sectores exportadores que generan empleo se sienten golpeados, y eso genera exactamente lo contrario a lo que estamos buscando nosotros: empleo, el empleo es fundamental para cerrar las brechas para luchar contra la pobreza.
Entonces que se reúnan y comiencen a decir cómo hacemos los Latinoamericanos sentados en más de 700 mil millones de dólares en reservas para no ser espectadores pasivos, casi indiferentes frente a ese fenómeno que está sucediendo.
Algo tenemos que hacer –y ahí nuevamente, Alicia, la Cepal nos puede ayudar a pensar- los ministros decidieron ‘sí, vamos a fortalecer el Fondo de Reservas, vamos a fortalecer la CAF’, eso está perfectamente bien encaminado y son medidas obvias, pero yo diría que tenemos que ser un poco más audaces.
¿Qué medidas monetarias internas estamos tomando cada uno de nuestros países?
La semana pasada veía yo en Europa cómo tomaron una medida todos los países casi al mismo tiempo: ‘Vamos a prohibir la especulación de los mercados cuando se quedan cortos, es decir, cuando los especuladores juegan a la baja, eso lo vamos a prohibir’. Y todos los países pusieron en marcha inmediatamente una prohibición en ese sentido.
¿Que pasó?
Pues que esos especuladores no podían entrar a ese mercado.
¿Y a dónde se van?
Se vienen para acá a nuestros mercados, que son mucho más frágiles, donde pueden hacer unas utilidades mucho más fáciles porque si van a los mercados europeos el movimiento del mercado requiere mucha más liquidez y mucha más inversión, en nuestros mercados los mercados son menos profundos y entonces la volatilidad cuando el especulador viene es mucho mayor.
Ese es el tipo de iniciativas que yo considero que podríamos los Latinoamericanos tomar y ser más relevantes, más relevantes en el escenario mundial.
Cuando van los países del G-20 a discutir, porque hoy donde se está discutiendo realmente la situación económica mundial es en el G-20, y uno ve que cada país está viendo a ver cómo le va a él, cómo se defiende del entorno internacional bis a bis su propio país, por el peso específico de cada país.
Y ahí es cuando dice uno: ‘Esto requiere algo diferente, requiere una estructura de toma de decisiones diferente’. Ahí es donde América Latina puede ser mucho más relevante.
Por eso yo le dije al Presidente Calderón, le dije a la Presidenta Dilma Roussef, mañana le repetiré a la Presidenta Cristina (Fernández de) Kirchner, que son los tres países de América Latina que asisten al G-20, que no pueden asistir aisladamente, cada uno con un discurso, con una óptica, con una política, que esos tres países le harían mucho bien a ellos mismos y al resto de la región, a América Latina, si van con una voz, si se coordinan esas tres posiciones porque comenzarían a ser escuchados con mucho más peso, peso específico.
Creo, como lo decía Alicia, que si nosotros aumentamos en este momento nuestros flujos intrarregionales, vamos a poder protegernos mucho mejor de lo que está sucediendo a nivel mundial.
Lo que usted mencionaba del comercio entre la región: es un comercio realmente muy pequeño.
En el caso colombiano hice un cálculo antes de venirme, para una intervención allá en Colombia; me puse a hacer el cálculo de los países con los cuales había tenido yo algún contacto en las últimas dos semanas, el caso colombiano. Había ido al Perú, había ido a México, vino a Colombia el Primer Ministro de Canadá, venía para Chile, voy para Argentina.
Esos países, solamente esos países, importan más de un millón de millones de dólares y Colombia solamente les exporta el 0,4 por ciento, menos del 1 por ciento.
Decía yo: esos son los países con los cuales tenemos unas magníficas relaciones, qué estamos haciendo, con solamente pasar del 0,4 por ciento al 1 por ciento más que duplicamos nuestras exportaciones a esos países y eso nos protege muchísimo más de este huracán que estamos viendo y no sabemos para dónde va. Es como uno de esos huracanes que uno dice ‘va para las islas del Caribe, no se desvió para tal sitio, se desvió para México’, este huracán financiero no sabemos para dónde va.
Y como decía al principio, cada vez que uno oye a los analistas queda más confundido. No se sabe bien y nadie está diciendo con propiedad qué es lo que está pasando y para dónde vamos.
Pero lo que sí tenemos la obligación nosotros como América Latina es generar barreras para defendernos, de poder poner amortiguadores para defendernos, como los pusimos –volviendo nuevamente al año 2000- a la crisis que vivimos en esa época no solamente Colombia sino América Latina; pusimos en marcha en casi todos los países una serie de políticas de fortalecimiento de nuestro sector financiero, de control de ciertos capitales especulativos que nos ayudaron muchísimo a defendernos en la crisis del 2008.
¿Por qué América Latina salió relativamente impune de esa gran crisis?
Porque en su momento pusimos en marcha una serie de medidas que nos ayudaron a protegernos.
Y hoy –otra paradoja- vemos en los países europeos discutiendo la posibilidad de poner en marcha ciertas medidas que nosotros tenemos hace mucho tiempo incrustadas dentro de nuestro sistema financiero y dentro de nuestro sistema económico.
O sea que sí podemos y el potencial es enorme, y podemos mucho más siempre y cuando podamos discutir y ponernos de acuerdo.
Ahora, para nadie es un secreto que tenemos dentro de América Latina diferencias, diferencias conceptuales sobre cómo llevarle el desarrollo a la gente, cuál es el camino más efectivo –porque todos queremos el bienestar de nuestra gente- el cómo llegar a ese objetivo, tenemos diferencias conceptuales.
Yo creo que Chile, México, Colombia tienen un concepto muy parecido, Perú también, otros países creen que hay un camino diferente, pero todos queremos el mismo objetivo.
Ahí el gran desafío es ver dónde podemos ponernos de acuerdo, sobre qué comunes denominadores podemos trabajar juntos.
En aquello que nos diferencia pues respetarnos las diferencias, pero si solamente logramos los latinoamericanos identificar esos comunes denominadores y trabajar juntos, el avance sería maravilloso y estoy seguro que el efecto sobre nuestras propias economías y la relevancia de América Latina sobre el resto del mundo se multiplica positivamente.
No hay nada más conveniente en una época de turbulencias, de huracanes, de tempestades, que tener uno un puerto seguro y un barco seguro, y los vientos no importa lo fuertes que sean si uno se pone de acuerdo para utilizarlos bien.
No sé cuántos de ustedes son navegantes
Uno con vientos muy fuertes puede llegar inclusive más rápido al objetivo. Yo creo que América Latina tiene esa gran oportunidad y la Cepal nos puede ayudar muchísimo a ilustrarnos y a informarnos sobre qué políticas podríamos encontrar o qué comunes denominadores podemos encontrar para que en este mundo, que está lleno de oportunidades pero también lleno de turbulencias, América Latina salga avante.
Yo repito lo que he dicho durante todo el año: esta década puede y debe ser la década de América Latina. Por lo que les decía, tenemos todo. Si jugamos las cartas bien y si la Cepal nos ilustra y nos ayuda a pensar, estoy seguro que así será.
Muchas gracias”.
FUENTE

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