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jueves, 20 de octubre de 2011

Del paradigma de Kuhn al paradigma sistémico,

Héctor Silva Michelena
Jueves, 20 de octubre de 2011
(A propósito de los 50 años del CENDES)
El concepto de “paradigma” fue introducido por Thomas S. Kuhn [(1962) 1971] en la filosofía de la ciencia en una obra que se ha convertido en un clásico. Este autor, quien falleció en 1996, dejó en esa obra un legado muy importante y muy debatido y controvertido desde su publicación hasta nuestros días, ya que el propio autor, en una larga Posdata publicada en l969, escribió lo siguiente (1975:268):






En lo fundamental, mi punto de vista casi no ha cambiado, pero hoy reconozco aspectos de su formulación inicial que crean dificultades y equívocos gratuitos. Como algunos de esos equívocos han sido de mi propia cosecha, su eliminación me permite ganar un terreno que, a la postre, podrá constituir la base de una nueva versión de este libro.


La discusión llevó a la organización, en el Bedford College de Londres, en 1972, de un gran simposio en el cual participaron los más importantes filósofos de la ciencia del momento; las ponencias fueron recogidas por los profesores Imre Lakatos y Alan Musgrave, en un volumen titulado significativamente Crítica y conocimiento (1975).
Para celebrar los fecundos cincuenta años de un Centro interdisciplinario como el CENDES, dedicado a la enseñanza e investigación en el campo de las ciencias sociales, me pareció conveniente, antes de escribir este estudio, releer varios trabajos sobre filosofía de la ciencia, y en particular sobre la metodología de la Ciencia Económica. Espero que el público sabrá excusar la carga de mi profesión frente al desafío que he de enfrentar. La relectura constituyó una extraordinaria experiencia que me precavió, cuando menos, que hay que ser cautelosos. No hallé traza alguna de consenso entre los autores, incluso sobre cómo interpretar los conceptos básicos. Más bien descubrí un debate exasperado en curso. Las escuelas alternativas sobre filosofía de la ciencia disienten entre sí a causa de las muy profundas diferencias epistemológicas entre sus representantes. El resultado fue que vi aparecer ante mí un terreno minado que preferí evitar.
Sin embargo, esta situación de peligro me acicateó para que iniciara mi línea argumental clarificando mis conceptos; es la mejor manera de evitar malentendidos. No deseo contribuir a la discusión acerca de si Kuhn, Lakatos, Popper, Feyerabend y otros estaban en lo cierto en sus análisis de la historia de la ciencia. Para una exposición adecuada bastará con que yo explicite el sentido que asigno a la palabra “paradigma” en mis recientes trabajos. Podría decirse pues que, en el sentido que yo le atribuyo aquí, los docentes e investigadores usan el mismo paradigma en sus investigaciones y docencia si comparten los mismos siguientes atributos:
1. Quienes trabajan al interior de un paradigma común tienen las mismas, o aproximadamente las mismas perspectivas, puntos de vistas y enfoques. Su trabajo busca resolver los mismos, o cercanamente los mismos enigmas relacionados entre sí. Se empeñan en iluminar la misma o casi la misma gama de fenómenos para luego articularlos lógicamente, o, al contrario, dejarlos en la oscuridad
2. Sus marcos conceptuales son los mismos o guardan afinidad entre ellos. En consecuencia, resulta relativamente fácil comparar y trasladar el aparato conceptual de un autor al otro.
3. Usan una metodología que es la misma o similar para observar y procesar la experiencia, y extraer conclusiones.
4. Sus trabajos guardan estrecha relación con las comunidades extracientíficas.
Pienso que estos atributos son suficientes para encuadrar adecuadamente la discusión y lo exposición que sigue. Pero antes debemos recordar que Lakatos (1971) diseñó el concepto de “programa de investigación” ampliamente difundido y, según muchos autores, más rico, completo y preciso que el concepto de paradigma de Kuhn. Los tres puntos que yo he señalado aparecen también en el concepto de Lakatos, aunque él estipula además otros atributos. Quienes trabajan en un programa de investigación en el sentido de Lakatos, suscriben el mismo “núcleo teórico” y están dispuestos a hacer los mismos supuestos auxiliares.
Quisiera destacar que, a mi entender, los atributos comunes más importantes son los resumidos en el punto 1: me permito adscribir a un paradigma común a aquellos que se enfrentan y atacan el mismo problema por vías similares. En esa medida, trabajan en un programa de investigación común, laxamente definido. Denominaré, siguiendo a otros autores, “paradigma sistémico” al que cumple los tres requisitos mencionados; y esto porque relaciona los diferentes estratos o niveles distinguibles en un sistema o sociedad.
El concepto de paradigma descrito en los tres puntos no corresponde con exactitud con la definición dada por Kuhn, el autor del concepto. No obstante, se acerca mucho a lo que los intelectuales menos familiarizados con la filosofía de la ciencia entienden, hoy en día, por paradigma Mucha gente duda que el esquema dinámico de Kuhn (ciencia normal dentro de un paradigma, luego una revolución científica seguida por el triunfo de un nuevo paradigma) tenga validez general en la historia de las ciencias naturales. Ciertamente, el esquema de Kuhn no es característico de las ciencias sociales. En el caso de las Ciencias Económicas, Blaug (1986) demostró este aserto.
Si se usa la expresión “paradigma” en el sentido que aquí se le ha dado, es obviamente posible que puedan convivir paradigmas alternativos, que juegan un papel constructivo, progresivo e interparadigmático.
No estoy abogando por una suerte de “coexistencia pacífica”. La historia de las ciencias sociales contiene casos en los que un paradigma ha sucumbido irrevocablemente ante otro enfoque, más viable. Notoriamente esta es la instancia del neoliberalismo y el marxismo-leninismo ante la democracia social de mercado. Si quienes se encuentran en dos paradigmas completamente distintos se ocupan de enigmas similares, se desarrolla una rivalidad entre ellos. Sin embargo, mi propósito principal no es probar que el paradigma presentado aquí es superior a otros paradigmas, sino mostrar que es diferente, y que tal diferencia se justifica. Es diferente porque se propone resolver enigmas diferentes, mediante métodos parcialmente similares y en buena parte diferentes a los usados por otros paradigmas coexistentes bien difundidos.
Un paradigma sistémico y no transformacional
Por razones y evidencias que saltan a la vista, en los últimos veinte años se ha discutido abundantemente acerca de un “paradigma transformacional”. Es natural que la gente, cualquiera sea su actividad o ubicación social, quiera comprender, con ansiedad teñida de asombro, por qué colapsó, en apenas un quinquenio y en su inmensa totalidad, el sistema socialista que, según los postulados marxista-leninistas vulgarizados sobre todo por la Unión Soviética, debía remplazar definitivamente al capitalismo y conducir irreversiblemente a la sociedad comunista. Sobreviven, como gran excepción, Corea del Norte y Cuba. En China y Vietnam desapareció el socialismo clásico, de tipo “soviético estalinista”, y constituyen casos particulares de estudio ya que en ambos países gobierna, en forma absoluta, el Partido Comunista. Pero cabe preguntarse, al pasar, ¿son en verdad marxista-leninistas los partidos gobernantes en esos dos países? ¿Cómo conciliar esta teoría jacobina con la presencia y el desarrollo masivo de la propiedad privada de los medios de producción por parte del capital transnacional extranjero?. Un hecho es claro: ambos países han eliminado la pobreza y la miseria en grandes proporciones, China ya es la segunda economía del mundo en términos del producto total, y ambos países crecen a tasas muy superiores a las del resto del mundo.
Ante esta realidad observable ¿qué debe entenderse por “paradigma transformacional? A pesar de la gran cantidad de escritos, discusiones, simposios y otras manifestaciones que han tenido lugar desde 1989-90, en mis reflexiones he llegado a ver con claridad creciente que el término “paradigma transformacional” está mal concebido.
Parece más conveniente hablar de un “paradigma sistémico”. Más bien que describir este concepto en forma anticipada, prefiero desarrollarlo paso a paso. Emergerá así que la transformación, así como la transición de un sistema a otro, es sólo uno entre varios temas que ocupan constantemente a los defensores del paradigma sistémico.
Aun si el concepto original de Kuhn es puesto de lado, no se puede ignorar su punto de vista de que un paradigma constituye una manera común de pensar de larga duración. Generaciones sucesivas aprenden el paradigma previamente desarrollado en sus libros de texto. Este es un criterio que el paradigma sistémico cumple. Mira una larga historia precedente y provee a una cierta comunidad de investigadores con la guía intelectual que el paradigma de Kuhn ha usualmente suministrado. Aún si el “paradigma transformacional” pudiese ser definido, no satisfaría el criterio de durabilidad. Por una razón, el período de transformación que comenzó con el colapso del sistema comunista sólo se inició hace unos 20 años.
Una breve historia intelectual
Dispongo de poco espacio para mostrar aquí el desarrollo del paradigma sistémico. Este paradigma, a diferencia de muchos otros en las ciencias naturales y sociales, no puede ligarse a un simple gran nombre, a una gran figura innovadora que fomentó una revolución científica. Permítaseme citar aquí las teorías que muestran más expresivamente los atributos específicos del paradigma sistémico, y que lo distinguen de otros paradigmas.
No me contradigo si el primer nombre que deba mencionar es el de Karl Marx. Ciertamente, antes que él hubo otros que pensaron en términos de sistemas, como Adam Smith en su gran obra An Inquiry into The Nature and Causes of the Wealth of Nations, London, [(1776) 1997], (Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones), conocida generalmente con el título abreviado de Riqueza de las naciones. Esta obra presenta un modelo de desarrollo económico en cuatro etapas, caracterizadas por su modo de subsistencia: los pueblos cazadores, los pueblos pastores, las naciones agrícolas o feudales y las naciones comerciantes. Pero Smith no utilizó en sus escritos el término capitalismo. Smith consideró al egoismo, no como algo negativo personal, sino como el sentimiento y la acción necesarios para difundir la mayor satisfacción en la comunidad; su ejemplo es: el panadero, el cervecero y el carnicero trabajan para sus propios intereses, pero haciéndolo así, logran la mayor satisfacción propia y de los consumidores. El mecanismo es el ajuste automático del mercado, por vía de la “mano invisible del mercado”.
Marx, quien tampoco utilizó el término, sino expresiones como modo de producción capitalista o acumulación capitalista, sin embargo, lo caracterizó bien al definir el capital como una relación social, y no como un objeto, en la cual el propietario de los medios de producción, o capitalista, contrata por medio del salario una fuerza de trabajo libre en el mercado de trabajo.
Las principales interpretaciones teóricas no marxistas fueron elaboradas en las primeras décadas del siglo XX. La obra de Werner Sombart fue fundamental en introducir en medios académicos la noción de capitalismo en cuanto sistema económico. Concebida como una extensión de las ideas de Marx, presenta un análisis muy distinto, idealista y no materialista: es el espíritu capitalista, un conjunto de valores compendiados en un racionalismo económico dirigido a la ganancia, el que produce las transformaciones económicas del mundo moderno. Su obra significativa es: El apogeo del capitalismo (1946).
Volvamos a Marx. Se suele mencionar que es en El capital [(1867) 1946], donde Marx dejó una impresión duradera de la manera de pensar de la gente al crear el par de conceptos capitalista-socialista. Sin embargo, sabemos que Marx no desarrolló su concepto de materialismo histórico sino que hizo importantes apuntes en La ideología alemana escrita con Friedrich Engels en Bruselas entre [1845-1846] y los Grundrisse completados entre 1857 y 1858 (1972).
Este autor alemán, de enorme y extendida influencia hasta nuestros días, y me atrevo a decir que también en el tiempo por venir, puede ser considerado el pionero del concepto de paradigma sistémico porque no se confinó a examinar una cierta esfera del capitalismo (la esfera política, la económica, la social, o la ideológica). Consideró en conjunto a estas esferas y analizó las interacciones entre ellas, aunque no siempre fue preciso. Desde entonces, las influencias que estas esferas se ejercen entre sí, y las direcciones principales de causalidad entre ellas, han sido los principales temas tratados por investigadores que piensan en términos de paradigma sistémico. Marx no se ancló en casos de estudio de una institución capitalista, sino que las apreció, como un sistema.
Dejaré abierta aquí la pregunta sobre si las respuestas de Marx a las cuestiones que planteó, eran las correctas. De acuerdo con la definición usada en esta exposición, las cuestiones a las que se le buscan respuestas, los enigmas a ser resueltos, forman el principal atributo de un paradigma. Marx formuló muchas preguntas que los investigadores que trabajan dentro del paradigma sistémico han tratado de responder desde entonces. Un ejemplo sobresaliente es el Manifiesto Comunista, o como ellos lo titularon Manifiesto del Partido Comunista [1848-varias ediciones en español, entre ellas la importante Biografía del Manifiesto Comunista, 1961], donde se plantea la dramática cuestión de cómo cambia un sistema, es decir, cómo se transforma desde una sociedad precapitalista a una sociedad capitalista, siguiendo el enfoque materialista, algo muy distinto al que he mencionado de Werner Sombart. Sin embargo, voy a citar además, para sorpresa de muchos, en esta breve historia, las teorías de Ludwig von Mises (1981) y Friedrich Hayek (1935-1944).
En esta breve historia, me parece conveniente insertar, después de lo dicho por ese furioso enemigo del capitalismo y profeta del socialismo, que fue Marx, a estos dos entusiastas partidarios del capitalismo y comprometidos opositores al socialismo. No me refiero aquí a físicos o químicos, sino a científicos sociales de alto vuelo cuyas visiones del mundo se basan en valores y preferencias políticas, que si bien cambian con la historia, no pierden nunca su adhesión humanista a la libertad como requisito previo a la igualdad y la fraternidad, exaltadas por la Ilustración francesa, excluyendo a Rousseau. Aunque Marx, por un lado, y Mises y Hayek por otro, se ubican en extremos muy alejados en el espectro político, comparten la misma convicción de que mucho vale la pena comparar el par capitalismo/socialismo como objeto de investigación y análisis. Sus maneras de pensar comportan elementos paradigmáticos comunes. Ellos examinan las relaciones sociales y las interacciones humanas. Investigan las circunstancias que inducen a ciertos grupos de personas a comportarse de una cierta manera significativa. Tanto en este como en muchos otros aspectos, hay que considerarlos entre los creadores del concepto de paradigma sintético.
No es un olvido de mi parte el que no haya mencionado todavía al oponente de Hayek en el debate, Oscar Lange. Con el debido respeto a los logros teóricos de Lange, debo decir que sus famosos estudios sobre el socialismo (1936-1937) no se sitúan entre los trabajos inspirados por el paradigma sistémico. Es un trabajo de economía estéril. Lange hace caso omiso de la cuestión relativa a qué tipo de mecanismo político debería asociarse con el mecanismo económico que describe. No se preocupa en explicarnos cómo se comportan los mandos de la compañía pública que él crea, o cuáles son las condiciones sociales reales que motivarían a la gente a actuar de acuerdo con las “reglas” que el modelo de Lange prescribe en el papel. Mises y Hayek no eluden el hecho, fundamentalmente importante, de que la política y la economía guardan entre sí una estrecha conexión. Los incentivos, las comunicaciones, la recolección y procesamiento de la información: cuestiones como éstas preceden su argumentación. Las ideas de Mises y Hayek son representaciones notables del paradigma sistémico, en tanto que las del estudio de Lange le son más bien ajenas.
Una parte importante en el diseño del paradigma sistémico lo jugó Karl Polányi. Este autor nos coloca en el ala izquierda del escenario político porque aunque Polányi no niega los méritos del mercado sí es fuertemente crítico de sus mecanismos. Su idea de que la economía pudiera ser coordinada por varios mecanismos económicos se convirtió en un importante elemento del paradigma sistémico. Además del mercado, Polányi dedica especial atención a los mecanismos de coordinación controlados por los principios de reciprocidad y redistribución. El título de una de sus principales obras, La gran transformación (Polányi [(1944)] 1992), implica que los cambios después del colapso del sistema comunista no fueron los primeros de tales cambios sistémicos. El mercado en sí mismo es un producto histórico sujeto a constante transformación.
Otro gran arquitecto del paradigma sistémico fue Schumpeter, especialmente en su obra Capitalismo, Socialismo, y Democracia, (Schumpeter [(1942)] 1946). De nuevo el título es iluminador. Schumpeter quiere comprender a ambos sistemas en su totalidad, incluyendo sus aspectos políticos, sociológicos, económicos e ideológicos. El libro plantea los enigmas característicos del paradigma sistémico, investigando, por ejemplo, qué es lo que le da cohesión a un sistema, y qué inicia su erosión. Argumentó a favor de esfuerzos hacia la constitución y desarrollo de una ciencia social universal.
En línea con lo que se ha argumentado en torno a las características del paradigma sistémico, hay que incluir el nombre de Max Weber en la lista de los grandes teóricos que esbozaron el paradigma. Su obra temprana, La ética protestante y el espíritu del capitalismo [(1904 y 1905) 1998] lo prefigura al poder establecerse, a partir del contenido de la obra, el siguiente encadenamiento: la ética protestante, el espíritu del capitalismo, la racionalidad en el trabajo, la austeridad, el ascetismo, el ahorro, la inversión, la producción y el enriquecimiento como señal de la predestinación a la salvación eterna.
Pero donde el gran autor alemán muestra los rasgos definidos del paradigma sistémico es en su obra póstuma Economía y Sociedad [(1922) 1964].
Las publicaciones de Weber abarcan temas muy dispares que dan la impresión de falta de unidad. Pero si descartamos determinados estudios rigurosamente técnicos puede sostenerse que toda la investigación de Weber esta orientada por un solo motivo: el de comprender su propia época en su pleno significado, actual e histórico. Su afán de comprensión, que es al mismo tiempo de orientación –o mejor, fundada en ésta-, se traduce en su extremo rigor en una pregunta que abarca en sí cuajadas posibilidades de ramificación: ¿Qué es lo constitutivo y peculiar de la civilización occidental? Desde la música armónica al partido político, y las clases sociales, pasando por otros fenómenos al parecer muy heterogéneos, nos encontramos con una serie de cosas que sólo en Occidente se ofrecen en forma cabal. El tema más conocido de las investigaciones weberianas es la formación y peculiaridad de “nuestro capitalismo”, y además realizó una de las investigaciones más fecundas en el estudio sociológico de las grandes religiones. Es el creador del “tipo ideal”, fuente de muchos modelos en las Ciencias Sociales.
Hasta aquí he hablado acerca de los grandes pioneros del paradigma sistémico, sin embargo, de acuerdo con Kuhn, también es función de un paradigma impregnar la actividad cotidiana de la comunidad de investigadores que cree en él, permitiendo que la ciencia normal defina la disciplina a construir. Kuhn mira el paradigma como un medio de control, de aplicar disciplina intelectual. Así la discusión de cualquier paradigma debe abarcar no solamente a los generales, sino también a los oficiales, sargentos y soldados rasos que observan la misma disciplina intelectual. Kuhn también señala cómo el paradigma de la ciencia normal se manifiesta en la docencia diaria de la universidad y de los libros de texto. Esta es la prueba de la existencia de un paradigma sistémico ya que su espíritu aparece en muchos libros de textos sobre temas comparativos: economía, sociología y ciencias políticas comparativas.
Empero, no existe ningún curso en ninguna universidad y ningún libro de texto que pueda llamarse ciencia social comparativa, usando este término según la interpretación de Schumpeter. Profesores y autores pueden poseer un conocimiento cuidadoso y exhaustivo e interesarse en disciplinas vecinas a las suyas, pero tienen que hacer concesiones a la departamentalización del mundo académico. En ese contexto es dudoso si resulta correcto hablar, en el sentido original de Kuhn, de una ciencia normal buscada bajo el paradigma, puesto que una de sus características –la naturaleza interdisciplinaria- ha fallado en lograr plena aceptación en la educación académica. Así mismo, Kuhn no consideró las relaciones de los investigadores con el pensamiento de colectividades extracientíficas.
Quisiera recordar, al pasar, que hace más de 40 años el profesor Heinz Sonntag y yo escribimos un opúsculo titulado Propuesta para una Revolución Universitaria. Hacia una nueva facultad de Ciencia Social (1969). Partiendo de una visión de los problemas universitarios en el contexto de la situación de crisis estructural y dependencia que sufren las sociedades de América Latina, nosotros exponemos la tesis de que la auténtica Renovación universitaria es parte del proceso de Revolución Social. En esa obra nosotros criticamos fuertemente la departamentalización de la Ciencia Social porque la dividía en compartimientos estancos. En medio de fuertes discusiones, que incluyeron la violencia, se instrumentaron en varias escuelas –Sociología, Economía, Letras, Arquitectura- lo que llamamos Unidades para sustituir a los departamentos. La experiencia, aunque dejó sus huellas, fracasó y la UCV terminó por ser allanada por el ejército y la guardia nacional. Todavía esperamos una evaluación objetiva de esta experiencia, que se extendió por América Latina. El opúsculo circuló ampliamente en nuestra región, incluido en el libro Universidad, Dependencia y Revolución (1970).
La situación es más prometedora si nosotros miramos no al Estado de la educación sino a la interacción académica entre los investigadores. Científicos políticos, economistas, sociólogos, planificadores, etc., vienen trabajando juntos como miembros de equipos comunes de investigación. Tal es el caso del CENDES desde sus comienzos. A propósito de lo dicho, quisiera hacer énfasis en que el CENDES, encuadró su curricula dentro del paradigma sistémico. Como egresado de su primer curso puedo dar testimonio de que nosotros estudiamos como materias fundamentales las ligadas a la estructura económica de la sociedad, a la estructura social y a la estructura de la personalidad, que correlacionamos en el espléndido curso que nos dictó Helio Jaguaribe. Los profesores de los tres primeros campor fueron el economista Jorge Ahumada, el sociologo José Agustín Silva Michelena y el psicólogo José Miguel Salazar.
En esta breve revisión intelectual, debo mencionar las obras del economista húngaro János Kornai en particular la titulada The Socialist system. The political economy of communism (1992). En esa gran obra Kornai examina cuidadosamente, y con gran cantidad de información estadística, usando el espíritu del paradigma sistémico, una formación histórica específica, el sistema socialista, su nacimiento y desarrollo bajo el gobierno de los partidos comunistas. Su descripción del nacimiento, madurez, y erosión terminal que llevo a su autodestrucción, son un ejemplo de la interrelación entre las diferentes instancias sociales de diferentes disciplinas.
Finalmente, considero importante incluir en esta breve historia intelectual a Amartya Sen, economista nacido en la India. La extensa obra de Sen en el último cuarto de siglo se ha desarrollado en el interior del paradigma sistémico. Una obra que muestra lo que digo es la titulada Desarrollo y Libertad [(1999) 2000]. En sus observaciones finales dice este autor (p355):
En este libro hemos tratado de presentar, analizar y defender un determinado enfoque del desarrollo, visto como un proceso de expansión de las libertades fundamentales que tienen los individuos.
También hemos analizado las implicaciones de este enfoque para el análisis de política económica y social, así como para comprender las conexiones económicas, políticas y sociales generales. Hay toda una variedad de instituciones sociales – relacionadas con el funcionamiento de los mercados, las administraciones, los parlamentos, los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales, la judicatura, los medios de comunicación y la comunidad en general- que contribuyen al proceso de desarrollo al aumentar y mantener las libertades individuales.
La obra de Sen ha ejercido un grande y extenso impacto en la orientación de las políticas de muchas organizaciones mundiales como la ONU, cuyo secretario general para la época -año 2000- dijo: “La labor que lleva a cabo la ONU a favor del desarrollo se ha visto enormemente beneficiada por las opiniones del profesor Sen, llenas de sabiduría y sensatez”. Un poco antes afirmó: “Sus escritos han revolucionado la teoría y la práctica del desarrollo al demostrarnos que la calidad de nuestras vidas debe medirse, no por nuestra riqueza, sino por nuestra libertad”.
Los principales atributos del paradigma sistémico
Después de revisar su historia intelectual permítaseme resumir los principales atributos de este paradigma. 1) los investigadores que piensan en términos de paradigma sistémico examinan el sistema como una totalidad, y las relaciones entre el todo y las partes. Los análisis estrechos o parciales pueden ser un importante medio de exploración, pero no más. 2) el paradigma sistémico no puede ser confinado al interior de ninguna disciplina parcial tradicional (como la economía, la sociología o la ciencia política). Debe ser visto como una escuela de ciencia social general, omnicomprensiva. Presta particular atención a la interacción que tiene lugar entre las diferentes esferas del funcionamiento de la sociedad.
Cada uno de los investigadores mencionados en la última sección como pioneros tenía una profesión original; eran exponentes de una disciplina dominante. Sin embargo, miraron a la sociedad en su conjunto y trabajaron como científicos sociales. Esto fue un elemento decisivo en su manera de pensar.
3) la atención de los investigadores guiados por el paradigma sistémico no se enfoca sobre asuntos económicos, políticos, sociales o culturales como tales, sino en instituciones más permanentes al interior de las cuales ocurren estos procesos y que determinan su rumbo. Debe prestarse especial atención a la distinción entre instituciones que emergieron históricamente, en el curso de un proceso evolutivo, y otras que fueron construidas ad hoc por una decisión burocrática. El concepto de una institución debe ser interpretado muy ampliamente en este contexto. Incluye, por ejemplo, el orden legal prevaleciente en un sistema, sus normas morales, la distribución de los derechos de propiedad y posiciones de poder, los incentivos que mueven a los actores en la sociedad, y la estructura de la información. El paradigma asigna especial importancia al asunto de si los atributos que presenta son específicos al sistema, o también son encontrables en otras partes.
4) el paradigma sistémico requiere la comprensión de la fuerte conexión entre una organización humana existente y el proceso histórico, que generó a esa organización. En otras palabras, un investigador inspirado en este paradigma debe buscar una explicación teórica en términos históricos.
5) de acuerdo con el paradigma sistémico, las preferencias individuales son producto del mismo sistema. Si el sistema cambia, también lo hacen las preferencias. Muchos de quienes han sido mencionados en la revisión histórica hecha, son liberales en su visión política, defienden las libertades individuales y su soberanía. Esto excluye a Marx y Engels. Sin embargo, esto es compatible con el examen científico de cómo hasta qué punto y en qué manera las circunstancias sociales influencian las preferencias individuales.
6) todos los paradigmas referidos a la sociedad emplean modelos estáticos y semidinámicos de diferencia finita, como uno de sus instrumentos, tal vez a causa de las dificultades metodológicas. Ningún investigador desconoce que todo cambia constantemente en una sociedad. Lo que distingue el pensamiento de quienes trabajan con base en el paradigma sistémico es que sus intereses se centran en los grandes cambios, las grandes transformaciones. Por ejemplo, cómo ocurre la transición de un sistema a otro, luego de detectar los signos de su decadencia.
7) los investigadores guiados por el paradigma sistémico reconocen que todos los sistemas tienen fallas y disfunciones que le son específicas. Marx atribuye varios flagelos del capitalismo, no a la crueldad del molinero, sino a problemas del sistema. Según la interpretación de Mises y Hayek, no es la brutalidad o la paranoia de un dictador socialista, o la incompetencia de los planificadores la causa de los problema en el socialismo. Polányi argumenta que las fallas en la operación del mercado derivan de la naturaleza del propio mercado.
8) cada paradigma tiene un método de enfoque, una metodología característica; uno de los métodos característicos del paradigma sistémico es la comparación. Así explica un atributo de un sistema comparándolo con el correspondiente atributo de otro sistema, analizando similaridades y diferencia entre ellos. La comparación puede ser hecha en términos cualitativos, cuantitativos o ambos.
No es característico del paradigma sistémico utilizar en su modelo teórico, salvo pocas excepciones, modelos matemáticos puros. La economía matemática y otras ciencias sociales que aplican estos métodos operan a un alto nivel de abstracción. Se ven forzadas a analizar un estrecho fragmento de la realidad, como si esa fuera la única manera de construir modelos matemáticos convenientes para el análisis. Uno de los fundamentos del paradigma sistémico es capturar la realidad, tanto como sea posible, en su integridad, y no un fragmento de ella. Así son propensos a hacer importantes concesiones en rigor y exactitud. Mas por otra parte, enfrenta enigmas que son eludidos por el enfoque matemático.
El gran desafío: la transformación post-socialista
La gran transformación que tuvo lugar ante nosotros en los últimos 20 años, con el rápido colapso del sistema socialista, para no hablar de la gran revolución árabe que hoy en día observamos y que está acabando con muy largas dictaduras, provee una gran oportunidad de contrastar el paradigma sistémico y su desarrollo. Numerosos países virtualmente han saltado de un sistema al otro (la regresión que se experimenta en Venezuela es una aberración de la historia). Si miramos al mundo en su conjunto la transición de las formaciones precapitalistas al apogeo capitalista tomó siglos. Una violencia inmisericorde fue usada por quienes dirigieron las primeras manifestaciones del sistema socialista, el sistema estalinista clásico, y aun así, la transición duró unos 15 años. Ahora, en el regreso al capitalismo ha transcurrido más de una década y ya los países más avanzados del Este de Europa –la República Checa, Hungría y Polonia- prácticamente han culminado la transición. Aunque esta no ha sido uniformemente rápida, con avances y retrocesos en cada país casi nadie duda de que la dirección de la transformación apunta al sistema capitalista.
Los científicos sociales envidian a sus colegas de las ciencias naturales porque ellos pueden realizar experimentos de laboratorio. En este caso, la historia nos presentó un verdadero laboratorio al que nunca entraron Corea del Norte, Cuba y el PSUV y su Mesías cuartelario.
Dejando de lado el tema básico de la predicción veremos aquí otros dos asuntos relacionados. ¿Cómo ha pasado la prueba el paradigma sistémico en cuanto al poder explicativo y teórico de la práctica diaria? El paradigma sistémico, simplemente, ha demostrado ser indispensable. Literalmente todo el mundo, el investigador, el político y el periodista piensan en término de estos conceptos: socialismo y capitalismo, la economía dirigida, la economía de mercado, la burocracia y la libre empresa, la redistribución y soberanía del consumidor; estos y similares conceptos han provisto el marco teórico del análisis. Como en la inmortal obra de Molière, El burgués gentilhombre, quien no sabía que hablaba en prosa hasta que su maestro de filosofía se lo dijo, muchos investigadores en esta transición postsocialista no se dan cuenta de que están hablando el lenguaje del paradigma sistémico, y no el de su propia disciplina.
Los típicos enigmas que tienen que ver con el paradigma sistémico se han convertido en el centro de atención. He aquí algunos de ellos: ¿qué velocidad debe tomar la transformación? ¿Debe haber un paquete integral introducido de una vez o más bien por etapas? ¿Cuál es el orden correcto para introducir las regulaciones requeridas? ¿Qué debe venir primero y qué después? ¿Cuáles son las condiciones políticas requeridas para los cambios económicos, y las condiciones económicas requeridas para los cambios políticos? ¿Cuánto se debe dejar a la transformación evolutiva espontánea, o cuánto debe ser dejado a la activa intervención del Estado? Las respuestas varían pero las preguntas son las mismas. En el mundo socialista caído estas preguntas, a pesar de los 20 años transcurridos, aún tienen vigencia, y son quemantes en Corea del Norte y Cuba, que desde abril de este año esta introduciendo muy tímidas reformas. En Venezuela tendremos que tenerlas bien presentes ahora mismo y sobre todo a partir del 2012, después de la elecciones presidenciales. Aquí el enigma esencial es: ¿Cómo reconstruir lo deshecho? ¿Cómo recobrar el tiempo perdido?
En general, puede afirmarse que el concepto de paradigma sistémico se ha enriquecido con la experiencia observada en la transición postsocialista. El aparato conceptual se ha hecho más amplio y más refinado, ha crecido el horizonte comparativo y las comparaciones internacionales son prominentes y han impulsado nuevas metodologías. Puede decirse que no ha habido un asombro absoluto ni descontento interior con el estado del arte de nuestra disciplina, ya que las reacciones típicas de las mentes abiertas descubren a tiempo cuándo ocurre algo grande. No es una revolución científica en el término de Kuhn, no estamos pidiendo que los paradigmas corrientes sean cambiados por otros. Todo lo que necesitamos, después de la gran experiencia de la transformación postsocialista, es que la ciencia normal reconozca más sus limitaciones. Tiene que comprender mejor lo que es competente para hacer y lo que no puede hacer. Puedo equivocarme, pero tengo la impresión de que todavía hay mucha gente en la profesión del científico social que acepta este campo estrecho y restringido del paradigma corriente; de hecho el capitalismo real triunfó por varias razones, entre otras, porque posee propiedades que no han sido adecuadamente analizadas por los paradigmas corrientes.
Algunos otros enigmas
La trasformación postsocialista y la transición al capitalismo en Europa Oriental ha terminado. Quedan algunas trazas que han sido difíciles de eliminar o superar, como el que los empresarios asimilen las nuevas técnicas gerenciales, la investigación de mercado, sobre todo a escala internacional y, no menos importante, que los consumidores se deshagan de la espera paternalista del Estado. Con respecto a la URSS y Europa del Este, la experiencia ha sido bastante examinada y digerida científicamente, pero todavía queda el muy interesante enigma de China. ¿Qué significa, realmente, el eslogan del Partido Comunista Chino según el cual ellos tienen “un país con dos sistemas económicos”? ¿Por qué el Partido ha apoyado la presencia del capital privado, incluso transnacional y apoyado la extensión de la propiedad privada en la agricultura en reemplazo de las comunas que tanto desvelaron a Mao? ¿Ha dejado de profesar la ideología marxista-leninista, incluyendo la teoría de la explotación de Marx? Lo cierto y objetivo es que China, bajo esta real politik, ha tenido un crecimiento económico espectacular desde 1978, cuando Deng Xioaping eliminó las comunas. Pero, a nivel social, la desigualdad es creciente y a nivel político no hay democracia ni ningún tipo de las libertades que le son inherentes. ¿Se desvanecerá el paradigma sistémico ante estos desafíos? La respuesta es: definitivamente no. Sin embargo, hay problemas que permanecen y durarán largo tiempo en la agenda científica. Permítaseme sugerir respuestas enunciando cuatro temas que pueden ser objeto de investigaciones posteriores.
1. Volvamos a China. El Partido Comunista retiene el monopolio del poder y, en esa medida, sigue siendo un país comunista. La transformación de China, la ya hecha y la por venir, es uno de los grandes enigmas que un investigador consciente no puede eludir, ni decir que ya tiene la solución. La búsqueda de una solución ha de hacerse al interior del paradigma sistémico, que por su naturaleza es interdisciplinario y complejo. Todos los problemas que surgieron a lo largo de la transición europea oriental y aun en la URSS, también han emergido y seguirán emergiendo en China, aunque no exactamente de la misma manera. El gigantesco tamaño de China, y su inmenso potencial político, económico y militar, la convierte en uno de los más importantes temas de investigación de nuestro tiempo. ¿Qué nueva formación social emergerá de este nuevo proceso embriológico? Apuntemos también el caso de Vietnam, que desde hace veinte años sigue el camino de China; en ese lapso quintuplicó su PIB per capita, redujo sustancialmente la pobreza y su producción industrial representa el 41% del PIB. Las inversiones extranjeras actualmente llegan a 21 millardos de dólares y sólo era 200 millones hace 20 años. Se ha liberalizado la propiedad, pero el Partido Comunista sigue ejerciendo un papel hegemónico.
2. El paradigma sistémico puede ser de gran ayuda en el análisis de alternativas al interior del sistema capitalista. Este es otro de los campos de investigación en el que se sobreponen el paradigma evolucionista y el paradigma sistémico. El capitalismo no es un sistema rígido y uniforme. Existe bajo muchas formas históricas que sufren cambios evolutivos y aun mutaciones. Estudiar estos cambios y evoluciones ha de enriquecer el aparato científico del paradigma sistémico.
Por ejemplo, ¿en qué se diferencian las alternativas japonesas, estadounidenses y alemanas? La respuesta no será satisfactoria si se la busca sólo en la economía, en la política o en las tradiciones culturales. Una mayor comprensión de las diferencias entre tipos alternativos de capitalismo hubiese arrojado una explicación más convincente del maravilloso desempeño económico de Japón hasta hace poco, y las causas, internas al sistema, de los serios problemas que surgieron rápidamente. Esta comprensión también hubiera mostrado con mayor claridad cómo las vías de los Estados Unidos y de Alemania hacia el capitalismo moderno difieren, y qué tienen en común. Lo mismo puede decirse acerca de cómo enfocar las causas, mediatas e inmediatas, de la crisis actual que atraviesan Estados Unidos y Europa.
¿Y qué decir sobre la gran problemática del desarrollo/subdesarrollo del antiguo Tercer Mundo, y particularmente de América Latina? Las teoría tradicionales del dualismo sociedad tradicional/sociedad moderna fracasaron hace mucho tiempo. La tesis de la industrialización por vía sustitutiva cumplió un papel relativo hasta fines de los 60, para dar paso a diversas formas de la llamada teoría de la dependencia pero que tenían algo en común: la dependencia económica, social y política de los centros hegemónicos eran el principal obstáculo a nuestro desarrollo económico, social y cultura. Destruida la dependencia, por vía revolucionaria, advendría el ansiado desarrollo. Esta teoría sucumbió ante los ejemplo de Chile, en primer lugar, y luego Brasil. Los análisis y predicciones no se encuadraron dentro de un verdadero paradigma sistémico, aunque es cierto que en aquellos tiempos participaron sociólogos, politólogos, economistas, antropólogos y historiadores, pero cada quien por su lado. Apenas en esporádicos congresos y seminarios se cruzaban ideas, cruce que no enriqueció a la teoría. Y todavía permanece la pregunta inquietante: ¿es el subdesarrollo una forma específica del capitalismo? ¿Están condenadas las sociedades periféricas a ser satélites pobres del Primer mundo, el capitalista? ¿Es un socialismo redivivo, llamado del siglo XXI, la única salida?
1. Al interior del sistema capitalista pueden detectarse microcosmos o subsistemas que, en general, replican los problemas los del sistema. Un buen ejemplo de estos lo constituyen, en todo el mundo, la reforma del sistema de salud. En Europa, este problema ha sido bastante bien resuelto por el Estado del Bienestar que prevalece en esos países, aun en los tiempos de crisis como los recientes. De hecho, la carga que significa la cobertura de la salud en Europa, ha sido considerada en Estados Unidos y Japón como el gran responsable de su crisis fiscal y monetaria. Pero, en verdad, ¿es el Estado Europeo del Bienestar el gran villano? No lo creo, hay otras instancias del paradigma sistémico que intervienen con más fuerza; no puedo discutir aquí este tema, pero sí se pueden formular ciertas preguntas muy significativas, y que deben ser bien exploradas en las reformas que requieren los sistemas de salud en el mundo entero, particularmente en los países pobres o que administran mal su riqueza, como Venezuela, donde la salud pública es una calamidad que empeora día a día, y la salud privada es de difícil acceso a los ciudadanos de bajos recursos, o a los desempleados.
Las preguntas son: ¿deben los cuidados de salud dejarse al libre mercado, o ser intervenidos, y en qué extensión, por el Estado? ¿Quién debe fijar los precios de los medicamentos y provisiones: una autoridad estatal o el mercado? No deseo adelantar una respuesta que no tengo, pero sí puedo decir que mi experiencia cuando trabajé sobre este asunto en la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), me enseñó que este crucigrama no tiene una solución a corto plazo, pues hay enormes resistencias en todos los sectores involucrados: El Estado, los empresarios, los trabajadores y sus familias, los marginales y los desempleados. Debo mencionar aquí la excelente labor que en este microcosmos ha venido realizando el CENDES, instituto cuyos brillantes primeros 50 años de actividades hoy celebramos. Sus estudios, críticos pero propositivos, ojalá abran un agujero en los sordos oídos de los Poderes Públicos.
El sistema de salud es apenas un ejemplo de los muchos microcosmos que pueden ser considerados como sistemas e investigados en el marco del paradigma sistémico.
1. He dejado para último lugar la cuestión más difícil de mi lista: la transformación global, histórica del gran sistema capitalista. Existe un amplio consenso en que en el siglo XX hay que hablar de dos grandes sistemas: capitalismo y socialismo. También se acepta que, tarde o temprano, Corea del Norte y Cuba se embarcarán en la ruta que abrió China, la cual apunta al capitalismo, bajo formas que no sabemos. Lo que sí sabemos es que ese no será el fin de la historia, como pronosticó Fukuyama (1992) hace casi 20 años. Todos sabemos que hay muchos cambios significativos que están ocurriendo en la producción, la tecnología, las telecomunicaciones y la comunicación interpersonal (redes sociales), la distribución de los derechos de propiedad y la disolución progresiva, pero lenta, de las fronteras nacionales. Posiblemente, a finales del siglo XXI o en el siglo XXII, algún scholar – partidario del paradigma sistémico – pueda decir: “Lo que tenemos ahora es otro gran sistema (o varios otros grandes sistemas), que difiere del sistema capitalista del siglo XX”. Yo no apoyaría esta afirmación, que me parece apresurada e infundada.
También existe un pequeño grupo de intelectuales, sobre todo europeos, encabezados por Alan Badiou y Antonio Negri, que intentan demostrar que lo que existió en la URSS y Europa oriental no fue socialismo sino un capitalismo de Estado cuya burocracia extraía plusvalía de sus trabajadores. A lo sumo, lo llaman socialismo de Estado, ya que, según los textos de Marx, en especial los Grundrisse y La ideología alemana, el verdadero socialismo se asienta en un sociedad de hombres libres e iguales de vida en común, es decir, en comunas, en una sociedad donde el Estado, con su poder coercitivo, siempre externo a la voluntad de los trabajadores, se haya extinguido, para dar paso al poder inmanente, constituyente, de los ciudadanos, iguales y libres. Este no es lugar para discutir esta postura que no carece de interés. Adelanto, sí mis primeras conclusiones sobre este muy importante tema. En la URSS y en Europa del Este realmente existió un sistema, muy distinto al capitalismo, que sus propios dirigentes, y el partido comunista único, llamaban socialismo, considerado como una condición necesaria para alcanzar la sociedad ideal: el comunismo. En ese socialismo la propiedad predominante era la estatal, la coordinación económica era burocrática y no mercantil, los planes eran obligatorios aunque se regateaban los recursos y las restricciones presupuestarias eran blandas, y se imponían tasas forzosas que generaban una escasez permanente entre estas instancias había retroalimentación. ¿Se parece esto al capitalismo donde la propiedad privada es abrumadora y los precios se fijan según las formas de mercado?. No lo creo.
Sin embargo, para demostrar que en la URSS y países asociados no existió el socialismo sino una forma específica de administrar el capitalismo, se dice que la propiedad estatal no es social, que sólo la burocracia maneja las empresas a discreción y fija los planes; y, lo más importante, que los trabajadores, al ser asalariados, dan lugar a un excedente que es expropiado por la burocracia, que lo invierte a discreción. Este es un punto fuerte. Como lo demostró Djilas (1957), en la URSS y asociados la burocracia constituyó una verdadera nueva clase que explotaba a los trabajadores más intensamente que los capitalistas. Posteriormente el mismo Djilas, en una obra póstuma (1998) demostró con creces la existencia de esa nueva clase, que cayó con el comunismo. Yo planteo: si esto es así, ¿entonces el socialismo, al igual que el comunismo, no ha existido nunca? ¿es también una utopía?
Recordemos que los primeros liberales, los del siglo XVIII e inicios del XIX, se proponían establecer un orden más justo, donde todas las personan tuviesen igual valor social y fuesen libres; este liberalismo sucumbió ante los empujes de la industrialización, que si bien aumentó la capacidad productiva, introdujo grandes desigualdades y crueldades, muy bien descritas por Engels, en La situación de la clase obrera en Inglaterra [(1845) 1965], y en las grandes novelas de Dickens, Oliver Twist e Historia de dos ciudades. Llegamos así a una conclusión desoladora: esos sistemas nunca culminaron su propósito de crear sociedad de personas libres, iguales y solidarias. ¿Qué nos queda? Digamos de paso que ni Badiou ni Negri refutan la teoría del valor-trabajo de Marx, y por lo tanto aceptan su teoría de la explotación, teoría muy cuestionada desde hace más de 30 años por el marxismo analítico expuesto en las obras de John E. Roemer, Robert Brenner, Jon Elster, Gerald A. Cohen y otros. Ellos demostraron que la explotación no es inherente sólo al sistema capitalista y que puede darse en cualquier sistema, en determinadas condiciones.
El profesor Enzo Del Bufalo (dic. 2008), en una obra de próxima publicación, sostiene que, “el socialismo es actualmente un conjunto de modalidades de administrar el capitalismo, unas mejores que otras pero nada más. Que la superación de la organización capitalista de la producción exige la eliminación de la organización despótica que la organiza y esto no se supera ni con la propiedad estatal ni con la planificación centralizada; de manera que, desde esta perspectiva, la economía moderna es y ha sido una sola: capitalista. Y hasta la fecha no existe ninguna propuesta de cómo superar esto”, (comunicación personal del 27/01/11).
Del Bufalo utiliza como método el materialismo histórico, pero yendo más allá de Marx a partir del mismo Marx, al introducir y darle gran importancia a la subjetividad del sujeto revolucionario. Respecto al socialismo, en su obra citada dice (2008):257
El socialismo actual reedita esta articulación fascista entre un capitalismo privado globalizado y un capitalismo de Estado nacional. Se trata de una territorialización despótica que produce formas novedosas de micros fascismos en la primera y mantiene los aspectos clásicos del fascismo en la otra. Podría decirse pues que, hoy en día, todo socialismo es necesariamente fascistoide (…)
Por eso todo socialismo es, hoy en día, inevitablemente fascista y debe ser repudiado por todos aquellos que se colocan en la tendencia histórica del conflicto social que nos pone más allá del socialismo y en una oposición modular a todas las formas micro y macro sociales de despotismo.
Comparto estas opiniones de Del Bufalo, escritas con gran consistencia. Me asaltan los versos finales del gran Rubén Darío en su poema Lo fatal: ¡No saber adónde vamos, ni de dónde venimos…! Me asaltan también estas reflexiones: ¿qué sistema nos espera? ¿cómo organizar la producción en una comuna donde nada es propiedad de nadie y todo es propiedad de todos? Ante ese terreno minado, hay quienes se aventuran a cruzarlo poniendo en peligro la vida de una nación y la suya propia; por eso es preferible detenerse a pensar si con los instrumentos ya logrados y comprobados del desarrollo social se puede alcanzar el mayor bienestar posible para los ciudadanos.
En fin de cuentas, es mí parecer que el paradigma sistémico provee un buen criterio para trazar una línea divisoria entre capitalismo y socialismo. Posiblemente, pero de ninguna manera con certeza, el mismo criterio habrá de aplicarse cuando se trace la diferencia entre lo que hoy conocemos como capitalismo, y el sistema o sistemas, todavía sin nombre, que puedan reemplazarlo.
El fracaso de las predicciones
Llegamos a una prueba crucial de toda ciencia, exacta, natural o social: la predicción. En geometría, la hipotenusa de un triángulo isósceles no puede decirle a los catetos: “Desde ahora en adelante yo no guardo con ustedes la misma relación”. En química, el ciclo de Kekulé no puede decirle al químico o al farmacólogo: “ya yo no soy el centro de la química orgánica”, y así por el estilo. En biología y en física, las predicciones suelen ser muy exactas, aunque llevan inserta una indescartable probabilidad calculable. ¿Y en las ciencias sociales? Infortunadamente, nada es exacto y la predicción es víctima de los fallos. ¿Por qué? Sencillamente, porque su objeto – la sociedad – es movible, cambiante, mutante y, por lo tanto, lo mismo ha de ocurrir con el método.
Hasta ahora, no he hablado de prognosis sino del más estrecho problema de decidir el momento en el cual, por consenso general, el sistema llamado hasta ahora capitalismo ha cambiado de tal manera que tal vez se justifique considerarlo como un gran sistema diferente. Recordemos que el capitalismo avanzado actual está montado sobre un sistema tecnológico rápido y eficiente, que ha desplazado el sistema combinado de máquinas por un sistema sumamente flexible de ciencia, tecnología y organización que utiliza poco trabajo, y que ha desmaterializado la producción de bienes para pasar a una masiva producción de servicios cuya producción se confunde el capital constante con el capital variable, para decirlo con Marx y, por lo tanto, la explotación se hace inviable.
¿Cómo se han comportado las predicciones, unas tajantes, como las de Marx y Engels, y otras más cautelosas como la de Schumpeter? La breve respuesta es: todas han fracasado. Para ser más preciso digamos que no todas sus predicciones han sido erróneas, pero las más importantes han sido refutadas por la historia. Volvamos a los nombres mencionados en la breve historia intelectual de más arriba.
Durante muchas décadas, parecía que las predicciones de Marx estaban siendo validadas, al menos en una parte del mundo: el sistema capitalista daba paso al socialista, con todas sus propiedades conocidas y adaptadas por Lenin, una adaptación necesaria ya que para Marx la revolución requería de un prodigiosa desarrollo de las fuerzas productivas, lo que haría estallar las relaciones de producción centradas en la estrechez de la propiedad privada. Rusia era un país atrasado, con una pequeña clase obrera y un enorme campesinado, ignorante y con una subjetividad material casi nula, al igual que los reducidos obreros. La revolución se realizó gracias a un putsch típicamente jacobino, radical y voluntarista, guiado por los bolcheviques que se impusieron como conciencia externa y no inmanente a ningún proletariado. Visto históricamente, estos acontecimientos sólo fueron transitorios. La predicción fue dramáticamente refutada por el rápido colapso de la Unión Soviética y Europa del este.
Hayek predijo que si algún país capitalista se embarcase en la resbaladiza senda de la centralización, la intervención estatal y la planificación, sería incapaz de detener su marcha por el camino de la servidumbre. Esto tampoco ocurrió. Los mejores ejemplos son Europa y los llamados Tigres Asiáticos. Aquí es posible detener, regresar y corregir. Tal fue el caso del primer mandato de Mitterand en Francia. Esta cuestión se decide en la esfera política, preguntándose si las instituciones ofrecen suficientes garantías contra una tiranía, abierta o disfrazada por coartadas electorales.
Las predicciones de Schumpeter no estaban muy lejos de las de Marx, auque las formuló, no con la pasión de un profeta, sino con la resignación de un importante investigador académico. Este gran autor subestimó en gran parte la vitalidad del sistema capitalista y sobreestimó la viabilidad y duración del socialismo. Trató de entender el socialismo a partir de los refinados modelos teóricos de los economistas walrasianos, y no a partir de la sangrienta realidad de la Unión Soviética.
¿Qué decir de los departamentos y grupos de “sovietólogos” montados en todo el mundo occidental, principalmente en el Pentágono, la CIA y las universidades de MIT y Harvard de los Estados Unidos? Todos han sido condenados por haber sido incapaces de predecir el colapso de la Unión Soviética y de los países comunistas asociados. Incluso fallaron en hacer una predicción condicional acerca de cuándo y bajo qué condiciones sucumbiría el mundo socialista. ¿No se disponía de información suficiente, o era sesgada las que ofrecía la legión de espías destacados alrededor de esos países? Pero los intelectuales socialdemócratas marxistas alemanes de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, así como los “americanólogos” soviéticos y sus innumerables espías también fallaron rotundamente al predecir el derrumbe del capitalismo en cada una de sus crisis cíclicas, en particular la de la Gran Depresión de los años 30.
Sin embargo, algunos investigadores lúcidos, en el Este y el Oeste, lograron detectar las contradicciones internas crecientes que afectaban la economía y la vida en las sociedades comunistas. La serie de reformas iniciadas en 1953 en Hungría por Imre Nagy, la muy significativa de Deng Xioaping en 1978, la caída del muro de Berlin en 1989 y las de la URSS en 1990, cuando Mijail Gorbachov permitió la primera elección multipartidista en ciertas repúblicas, ya eran signos de que la erosión del sistema aparecía en la superficie; ninguna de esas reformas detuvo la caída final, al contrario, rompieron la coherencia del socialismo clásico al estilo de Stalin. Los principales problemas eran: crecientes dificultades económicas, la vuelta a la carrera armamentista, amplia desilusión de la ideología comunista una vez ganadas las libertades políticas, y el cinismo y la corrupción de la nomenklatura.
Debo confesar que aunque los exponentes del paradigma sistémico no merecen el sello de fracasados, no lo hicieron bien en las pruebas de predicción. Más que consolarnos con fáciles racionalizaciones, debemos aprender las lecciones de la realidad para nuestro trabajo futuro. Si bien el máximo esfuerzo debe hacerse en mejorar las predicciones, tenemos que aprender a leer mejor la historia, cuyo curso es difícil de prever especialmente en los cambios repentinos. Debemos reconocer, con bases metodológicas y no como excusas, que el panorama de predicción es muy limitado en la esfera de investigación que trata el paradigma sistémico. Aquí hay que observar y registrar cuidadosamente la repetición de los fenómenos para establecer regularidades que pueden permitir la formulación de una ley. Por ejemplo, las leyes de la oferta y la demanda, las de la persistente escasez de productos sometidos a regulación estricta, la inflación interna y la inevitable devaluación de la moneda, que vence toda resistencia política autoritaria, y así otros ejemplos. Los sociólogos nos enseñan que cuando un gobierno desgarra o destroza las instituciones, no sólo la economía se afecta, sino principalmente la vida social y política: aparecen la anarquía y la anomia, y la solidaridad natural entre las personas es sustituida por un individualismo rabioso que degenera en el delito y el crimen.
Conclusiones
La más importante conclusión que puede sacarse de los fallos de predicción es la necesidad de ser muy modestos. El paradigma sistémico (y si se justifica, otros paradigmas) pueden aplicarse para explicar tanto el pasado como el presente, y hacer ciertas recomendaciones prácticas, pero teniendo sumo cuidado al hacerlas, y no convertirlas en predicciones y peor aún, en profecías. Pero tampoco debemos extremar este cuidado hasta el punto de que nos ancle en un presente sin futuro, o nos lleve a esa famosa sabiduría ex post con que se burlan de los economistas. Las técnicas de extrapolación han mejorado notablemente con los avances de las matemáticas, la estadística y la econometría. Debemos aprender a ser muy cautelosos cuando el fenómeno a predecir es de gran alcance y complejidad. La honestidad intelectual exige que califiquemos aun a estas cautelosas predicciones, reconociendo que están basadas en un buen grado de ignorancia, una parte en percepciones de naturaleza científica, y otra en nuestra propia intuición.
El epistemólogo vienés, Paul Feyerabend nos decía, en su aleccionadora obra Tratado Contra el método, [(1975) 1997: 17] que “mi intención es convencer de que todas las metodologías, incluidas las mas obvias, tienen sus límites”; y unas décadas antes el genial físico Niels Böhr afirmaba que, “cuando se trata de átomos, el lenguaje sólo se puede emplear como en poesía”. Yo insisto en que la literatura y la poesía no pocas veces nos enseñan mucho más sobre una sociedad que ciertos grandes tratados. Los invito a escuchar estas estrofas del gran poeta francés Paul Éluard, en su inolvidable poema Libertad publicado en 1942, bajo plena ocupación nazi:
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