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jueves, 22 de agosto de 2019

Discurso en memoria de Alfred Nobel, 11 de diciembre de 1974




http://www.miseshispano.org/2014/10/la-pretension-de-conocimiento/
Friedrich A. Hayek • octubre 20, 2014 
[Discurso en memoria de Alfred Nobel, 11 de diciembre de 1974]

 La ocasión concreta de este discurso, combinada con el principal problema práctico que los economistas tienen que afrontar hoy, ha hecho la elección de su tema casi inevitable. Por un lado, el aún reciente establecimiento del Premio Memorial Nobel en ciencia económica indica un paso importante en el proceso por el que, en opinión de la gente en general, se ha concedido a la economía algo de la dignidad y el prestigio de las ciencias físicas. Por otro lado, a los economistas se les reclama en este momento que digan cómo librar al mundo libre de la grave amenaza de la aceleración de la inflación, que, debe admitirse, se ha producido por políticas que la mayoría de los economistas recomendaron e incluso urgieron seguir a los gobiernos. De hecho ene te momento tenemos poco de lo que enorgullecernos: como profesión hemos montado un lío.

Me parece que este fracaso de los economistas en guiar la política con más éxito está muy relacionado con su propensión a imitar tanto como sea posible las procedimientos de las ciencias físicas brillantemente exitosas, un intento que en nuestro campo puede llevar a un inmenso error. Es una aproximación que se ha descrito como la actitud “científica”, una actitud que, como la definí hace treinta años, “es decididamente acientífica en el verdadero sentido de la palabra, ya que implica una aplicación mecánica y acrítica de hábitos de pensamiento de campos distintos de aquellos en los cuales se han formado”.[1] Hoy quiero empezar explicando cómo algunos de los errores más graves de la política económica reciente son una consecuencia directa de este error científico.

La teoría que ha estado guiando la política monetaria y financiera durante los últimos treinta años y que sostengo que es en buena parte el producto de esa concepción errónea del procedimiento científico apropiado, consiste en la afirmación de que existe una correlación positiva simple entre el empleo total y el tamaño de la demanda agregada de bienes y servicios: lleva a la creencia de que podemos garantizar permanentemente el pleno empleo manteniendo el gasto monetario total en un nivel apropiado. Entre las diversas teorías aportadas para ocuparse de un desempleo extenso, esta es probablemente la única en cuyo apoyo pueda aducirse una fuerte evidencia cuantitativa. Sin embargo, yo la considero esencialmente falsa y actuar según ella, como experimentamos ahora, como muy dañino.

Esto me lleva a lo esencial. 
Frente a la postura que existe en las ciencias físicas, en economía y otras disciplinas que tratan con fenómenos esencialmente complejos, los aspectos de los eventos a considerar sobre los que obtenemos datos cuantitativos están necesariamente limitados y pueden no incluir los importantes. Mientras que en las ciencias físicas se asume por lo general, probablemente por buenas razones, que cualquier factor importante que determine los eventos observados será él mismo directamente observable y medible, en el estudio de fenómenos tan complejos como el mercado, que depende de las acciones de muchos individuos, todas las circunstancias que determinarán el resultado de un proceso, por razones que explicaré más tarde, difícilmente serán completamente conocidas o medibles. Y mientras que en las ciencias físicas el investigador podrá medir lo que, sobre la base de una teoría prima facie, crea que es importante, en las ciencias sociales a menudo se trata como importante lo que está disponible para su medición. Esto a veces se lleva al punto en que reclama que nuestras teorías deban formularse en tales términos que se refieran solo a magnitudes mensurables.

Difícilmente puede negarse que tal demanda limita arbitrariamente los hechos que se admitirían como causas posibles de los eventos que ocurrirían en el mundo real. Esta visión, que es a menudo aceptada muy ingenuamente como requisito para el procedimiento científico, tiene algunas consecuencias bastante paradójicas. Conocemos, por supuesto, con respecto al mercado y estructuras sociales similares, muchísimos hechos que no podemos medir y sobre los cuales tenemos solo alguna información muy imprecisa y general. Y como los efectos de estos hechos en un caso particular no pueden confirmarse por evidencias cuantitativas, simplemente son ignorados por los conjurados para admitir solo lo que consideran como evidencias científicas: a continuación proceden alegremente sobre la ficción de que los factores que pueden medir son los únicos que son relevantes.

La correlación entre demanda agregada y empleo total, por ejemplo, puede ser solo aproximada, pero como es la única sobre la que tenemos datos cuantitativos, se acepta como la única conexión causal que importa. Sobre este patrón puede ser que existan mejores evidencias “científicas” para una teoría falsa, que será aceptada porque es más “científica”, que para una explicación válida, que se rechaza porque no hay evidencia cuantitativa para ella.

Déjenme que explique esto con un breve ejemplo de lo que considero la cusa principal actual del enorme desempleo, un ejemplo que también explicará por qué dicho desempleo no puede en último término resolverse con las políticas inflacionistas recomendadas por las teorías actualmente de moda. Esta explicación correcta me parece que es la existencia de discrepancias entre la distribución de la demanda entre los distintos bienes y servicios y la asignación de mano de obra y otros recursos entre la producción de esos productos. Poseemos un conocimiento “cualitativo” bastante bueno de las fuerzas por las que se consigue una correspondencia entre demanda y oferta en los distintos sectores del sistema económico, de las condiciones bajo las cuales se conseguirá y de los factores que es posible que impidan dicho ajuste. Los pasos separados en la explicación de este proceso se basan en hechos e la experiencia diaria y pocos que se tomen la molestia de seguir el argumento cuestionarán la validez de la suposición factual o la corrección lógica de las conclusiones a partir de ello. Tenemos realmente buenas razones para creer que el desempleo indica que la estructura de precios y salarios relativos se ha distorsionado (normalmente por fijación monopolista o gubernamental del precios) y que para restaurar la igualdad entre la demanda y oferta de mano de obra en todos los sectores, serán necesarios cambios en los precios relativos y algunas transferencias de mano de obra.


Pero cuando se nos piden evidencias cuantitativas para la estructura particular de precios y salarios que se requeriría para asegurar una venta continua y regular de los productos y servicios ofrecidos, debemos admitir que no tenemos esa información. Sabemos, en otras palabras, las condiciones generales en las que lo que podemos llamar, algo equívocamente, un equilibrio se establece por sí mismo; pero nunca sabemos cuáles son los precios o salarios concretos que existirían si el mercado produjera dicho equilibrio. Solo podemos decir cuáles son las condiciones en que podemos esperar que el mercado establezca precios y salarios a los cuales la demanda igualará a la oferta. Pero nunca podemos producir información estadística que muestre en cuánto se desvían los precios y salarios existentes de aquellos que asegurarían una venta continua de la oferta actual de mano de obra. Aunque esta explicación de las causas del desempleo es una teoría empírica (en el sentido, de que podría demostrarse que es falsa, por ejemplo, si, con una oferta monetaria constante, un aumento general de salarios no llevara a desempleo), indudablemente no es el tipo de teoría que podríamos usar para obtener predicciones numéricas concretas respecto de los niveles salariales o la distribución del trabajo a esperar.


¿Por qué deberíamos, sin embargo, tener que suplicar ignorancia en economía del tipo de hechos sobre los que, en el caso de la teoría física, se esperaría indudablemente de un científico  que diera información precisa? 


Probablemente no sea sorprendente que los impresionados por el ejemplo de las ciencias físicas deban encontrar esta postura muy insatisfactoria y deban insistir en los patrones de prueba que encuentran allí. La razón para este estado de cosas es el hecho, al que ya nos referido brevemente, de que las ciencias sociales, igual de mucha de la biología, pero al contrario que la mayoría de los campos de las ciencias sociales, tienen que tratar con estructuras de complejidad esencial, es decir, con estructuras cuyas propiedades características pueden exhibirse solo por modelos compuestos por un número relativamente grande de variables. Por ejemplo, la competencia es un proceso que produciría resultados seguros solo si se produjera entre un número bastante grande de personas que actúan.


En algunos campos, especialmente donde aparecen problemas de tipo similar en las ciencias físicas, las dificultades pueden superarse usando, en lugar de información concreta acerca de elementos individuales, datos acerca de la frecuencia relativa o la probabilidad de ocurrencia de diversas propiedades distintivas de los elementos. Pero esto solo es verdad cuando tenemos que tratar con lo que ha sido llamado por el Dr. Warren Weaver (antiguamente de la Fundación Rockefeller), con una distinción que tendría que conocerse mucho más ampliamente, “fenómenos de complejidad desorganizada”, frente a los “fenómenos de complejidad organizada”, que tenemos que tratar en las ciencias sociales.[2]


Complejidad organizada significa aquí que el carácter de las estructuras que la muestran depende no solo de las propiedades de los elementos individuales que las componen y la frecuencia relativa con que ocurren, sino asimismo de la manera en que los elementos individuales están conectados entre sí. En la explicación del funcionamiento de dichas estructuras no podemos, por esta razón, reemplazar la información acerca de los elementos individuales por información estadística, sino que requiere una información completa acerca de cada elemento si desde nuestra teoría vamos a deducir predicciones concretas sobre acontecimientos individuales. Sin esa información concreta acerca de los elementos individuales estaríamos confinados a lo que en otra ocasión he llamado meras predicción de patrones, predicción de algunos de los atributos generales de las estructuras que se formarán a sí mismos, pero sin contener afirmaciones concretas acerca de los elementos individuales de los que estarán compuestas las estructuras.[3]


Esto es especialmente cierto en nuestras teorías que explican la determinación de los sistemas de precios y salarios relativos que se conformarán sobre un mercado que funcione bien. En la determinación de estos precios y salarios entrarán los efectos de información concreta en poder de cada uno de los participantes en el proceso del mercado, una suma de hechos que no puede conocer en su totalidad el observador científico ni ningún otro cerebro individual. Es realmente la fuente de la superioridad del orden del mercado y la razón por la que, cuando no es suprimida por los poderes del gobierno, desplaza regularmente otros tipos de orden, que se utilizará en la reasignación resultante de los recursos más de lo que se utilizará el conocimiento de hechos concretos que existe solo disperso entre innumerables personas y que ninguna persona individual puede poseer. Pero como nosotros, los observadores científicos, no podemos por tanto saber todos los determinantes de dicho orden, y en consecuencia no podemos conocer a qué estructura particular de demanda de precios y salarios se igualaría la oferta en todo lugar, tampoco podemos medir las desviaciones de ese orden, no podemos probar estadísticamente nuestra teoría de que son las desviaciones de ese sistema de “equilibrio” de precios y salarios lo que hace imposible vender algunos de los productos y servicios a los precios a los que se ofrecen.


Antes de continuar con mi preocupación inmediata, los efectos de todo esto en las políticas de empleo seguidas actualmente, permitidme definir más concretamente las limitaciones propias de nuestro conocimiento numérico que se olvidan tan a menudo. Quiero hacer esto para evitar dar la impresión de que rechazo de forma general el método matemático en economía. En realidad considero que la gran ventaja de la técnica matemática es que nos permite describir, por medio de ecuaciones algebraicas, el carácter general de un patrón, incluso cuando ignoramos los valores numéricos que determinarían su manifestación concreta. Apenas habríamos logrado este retrato comprensivo de las interdependencias mutuas de los distintos acontecimientos en un mercado sin esta técnica algebraica. Sin embargo, ha llevado a la ilusión de que podemos usar esta técnica para la determinación y predicción de valores numéricos de estas magnitudes y esto ha llevado a una vana búsqueda de constantes cuantitativas o numéricas. Esto se produjo a pesar del hecho de que los fundadores modernos de la economía matemática no tenían esas ilusiones. Es verdad que sus sistemas de ecuaciones que describían el patrón de un equilibrio de mercado estaban tan marcadas que si fuésemos capaces de rellenar todos los espacios de la fórmula abstracta, es decir, si conociéramos todos los parámetros de estas ecuaciones, podríamos calcular los precios y cantidades de todos los productos y servicios vendidos. Pero, como dijo claramente Vilfredo Pareto, uno de los fundadores de esta teoría, su propósito no puede sr “llegar a un cálculo numérico de precios”, porque, como dijo, sería “absurdo” suponer que podemos calcular todos los datos.[4]
De hecho lo principal ya lo habían visto esos notables precursores de la economía moderna, los escolásticos españoles del siglo XVI, que destacaban que lo que llamaban pretium mathematicum, el precio matemático, dependía de tantas circunstancias particulares que nunca podría ser conocido por el hombre y solo era conocido por Dios.[5]
A veces deseo que nuestros economistas matemáticos hicieran caso de esto. Debo confesar que sigo dudando si su búsqueda de magnitudes medibles ha hecho contribuciones importantes a nuestro conocimiento teórico de los fenómenos económicos, algo distinto de su valor como una descripción de situaciones concretas. Tampoco estoy dispuesto a aceptar la excusa de que esta rama de investigación sea aún demasiado joven: ¡Después de todo, Sir William Petty, el fundador de la econometría, era un colega veterano de Sir Isaac Newton en la Royal Society!


Puede haber pocos casos en que la superstición de que solo las magnitudes medibles puedan ser importantes haya hecho un daño real en el campo económico: pero los problemas actuales de inflación y desempleo son uno muy serio. Su efecto ha sido que lo que es probablemente la verdadera causa del extenso desempleo haya sido desechada por la mayoría de los economistas de mentalidad científica, porque su funcionamiento no podría confirmarse por relaciones directamente observables entre magnitudes mensurables y esa casi exclusiva concentración en fenómenos superficiales mensurables cuantitativamente ha producido una política que ha empeorado las cosas.


Por supuesto, tiene que admitirse que el tipo de teoría que considero como la verdadera explicación del desempleo es una teoría de un contenido algo limitado, porque nos permite realizar solo predicciones muy generales del tipo de eventos que debemos esperar en una situación concreta. Pero los efectos en política de las construcciones más ambiciosas no han sido muy afortunados y confieso que prefiero un conocimiento real pero imperfecto, aunque deje muchos indeterminado e impredecible, a una pretensión de conocimiento exacto que es probable que sea falso. El crédito que la aparente conformidad con patrones científicos reconocidos puede ganar por teorías aparentemente simples pero falsas, puede tener graves consecuencias, como demuestra el caso actual.


DE hecho, en el caso que explicamos, las mismas medidas que ha recomendado la teoría “macroeconómica” dominante como solución al desempleo (a saber, el aumento en la demanda agregada) se han convertido en una cusa para una muy extendida mala asignación de recursos que es probable que haga inevitable un desempleo posterior a gran escala. La inyección continua de cantidades adicionales de dinero en puntos del sistema económico donde crea una demanda temporal, que debe cesar cuando el aumento en la cantidad de dineros e detenga o ralentice, lleva a la mano de obra y otros recursos a empleos que solo pueden durar mientras continúe el aumento de la cantidad de dinero al mismo ritmo, o quizá incluso solo mientras continúe acelerándose a un ritmo determinado. Lo que ha producido esta política no es tanto un nivel de empleo que no podría haberse producido de otra forma, como una distribución del empleo que no puede mantenerse indefinidamente y que después de algún tiempo pueda mantenerse solo mediante una tasa de inflación que llevaría rápidamente a una desorganización de toda actividad económica. El hecho es que por una visión teórica errónea hemos llegado a una posición precaria en la que no podemos evitar que reaparezca un desempleo sustancial; no porque, como se representa erróneamente a veces esta opinión, este desempleo se produzca deliberadamente como medio para combatir la inflación, sino porque ahora está condenado a producirse, como una consecuencia profundamente lamentable, pero inevitable, de las políticas erróneas del pasado, tan pronto como la inflación deje de acelerarse.


Sin embargo, debo dejar ahora estos problemas de importancia práctica inmediata que he presentado principalmente como un ejemplo de las consecuencias trascendentales que pueden seguirse de errores con respecto a problemas abstractos de la filosofía de la ciencia. Hay tantas razones para ser aprensivo sobre los peligros a largo plazo creados en un campo mucho más amplio por la aceptación acrítica de afirmaciones que tienen la apariencia de ser científicas como con respecto a los problemas que acabo de explicar. Lo que quería exponer principalmente con el ejemplo de actualidad, es que indudablemente en mi campo, pero creo que también en general en las ciencias humanas, lo que parece superficialmente como el procedimiento más científico es a menudo el menos científico y, aparte de esto, que estos campos hay límites definidos  a lo que podemos esperar que logre la ciencia. Esto significa que confiar a la ciencia (o al control deliberado según principios científicos) más de lo que puede lograr el método científico, puede tener efectos deplorables. El progreso de las ciencias naturales en los tiempos modernos, por supuesto, ha excedido tanto todas las expectativas que cualquier sugerencia de que haya algunos límites a ellas va a generar sospechas. Especialmente se resistirán a esa idea quienes hayan esperado que nuestro creciente poder de predicción, generalmente considerado con el resultado característico del avance científico, aplicado a los procesos de la sociedad, nos permitiera pronto moldear la sociedad enteramente a nuestro gusto. Es en realidad cierto que, frente a la euforia que tienden a producir los descubrimientos en las ciencias físicas, las ideas que obtenemos del estudio de la sociedad tiene más a menudo un efecto de enfriamiento en nuestras aspiraciones y quizá no sea sorprendente que los miembros jóvenes más impetuosos de nuestra profesión no estén siempre dispuesto a aceptar esto. Aun así, la confianza en el poder ilimitado de la ciencia está demasiado a menudo basada en una falsa creencia en que el método científico consiste en la aplicación de una técnica ya preparada o en imitar la forma en lugar de la sustancia del procedimiento científico, como si bastara con seguir algunas recetas de cocina para resolver todos los problemas sociales. A veces casi parece como si las técnicas de la ciencia se aprendieran más fácilmente que el pensamiento que nos muestra cuáles son los problemas y cómo aproximarse a ellos.


El conflicto entre lo que en su actual estado de ánimo espera el público que logre la ciencia para satisfacer esperanzas populares y lo que está realmente a su alcance es un tema serio porque, aunque todos los verdaderos científicos reconocieran las limitaciones de lo que pueden hacer en el campo de los asuntos humanos, mientras la gente espere más, siempre habrá alguno que pretenda, y quizá crea honradamente, que puede hacer más por atender las demandas populares de lo que realmente él puede hacer. A menudo es bastante difícil para el experto, e indudablemente en muchos casos imposible para el lego, distinguir entre afirmaciones legítimas e ilegítimas desarrolladas en nombre de la ciencia. La enorme publicidad dada recientemente por los medios de comunicación a un informa que se pronuncia en nombre de la ciencia sobre Los límites del crecimiento y el silencio de esos mismos medios acerca de la devastadora crítica que ha recibido este informe por los expertos competentes,[6] debe hacer a uno algo aprensivo acerca del uso que puede darse al prestigio de la ciencia. Pero no es en modo alguno solo en el campo de la economía en el que se hacen afirmaciones de largo alcance en nombre de una dirección más científica de todas las actividades humanas y la conveniencia de reemplazar los procesos espontáneos por un “control humano consciente”. Si no me equivoco, psicología, psiquiatría y algunas ramas de la sociología, por no hablar de la llamada filosofía de la historia, están incluso más afectadas por lo que he llamado el prejuicio científico y por afirmaciones engañosas de lo que puede lograr la ciencia.[7]


Si queremos salvaguardar la reputación de la ciencia y evitar la arrogación de conocimiento basada en una similitud superficial del procedimiento con el de las ciencias físicas, tendrá que dirigirse mucho esfuerzo hacia desacreditar esas arrogaciones, algunas de las cuales se han convertido ahora mismo en los intereses creados de departamentos universitarios establecidos. No podemos estar lo bastante agradecidos a filósofos de la ciencia tan modernos como Sir Karl Popper por darnos un test por el que podemos distinguir entre lo que podemos aceptar como científico y lo que no, un test que estoy seguro de que no aprobarían algunas doctrinas ahora ampliamente aceptadas como científicas. Sin embargo, hay algunos problemas especiales, en relación con aquellos fenómenos esencialmente complejos, de los cuales las estructuras sociales son un ejemplo importante, que me hacen desear replantear en conclusión en términos más generales las razones por las que en estos campos no solo son los únicos obstáculos absolutos para la predicción de eventos concretos, sino por qué actuar como si poseyéramos conocimiento científico que nos permita trascenderlos puede convertirse en sí mismo en un serio obstáculo al avance del intelecto humano.


Lo principal que debemos recordar es que el avance grande y rápido de las ciencias físicas tuvo lugar en campos en los que demostró que la explicación y predicción podía basarse en leyes que explicaban los fenómenos observados como funciones de comparativamente pocas variables (ya fueran hechos concretos o frecuencias relativas de eventos). Esta puede incluso ser la razón última por la que caracterizamos estos ámbitos como “físicos” frente a otros con estructuras más altamente organizadas, que he llamado aquí fenómenos esencialmente complejos. No hay razón por las que la postura deba ser la misma en los primeros campos que en los últimos. Las dificultades que encontramos en los últimos no son, como podría sospecharse en principio, dificultades sobre la formulación de teorías para la explicación de los eventos observados (aunque causan también dificultades especiales para probar explicaciones propuestas y por tanto para eliminar malas teorías). Se deben al problema principal que aparece cuando aplicamos nuestras teorías a cualquier situación particular en el mundo real.


Una teoría de los fenómenos esencialmente complejos debe referirse a un gran número de hechos concretos y para derivar de ella una predicción, o probarla, tenemos que verificar todos estos hechos concretos. Una vez consigamos esto, no tendremos especial dificultad en deducir predicciones comprobables: con la ayuda de computadoras modernas, debería ser bastante fácil insertar estos datos en los espacios apropiados de la fórmula teórica y deducir una predicción. La dificultad real, a cuya solución la ciencia tiene poco que contribuir y que a veces es realmente irresoluble, consiste en la verificación de los hechos particulares.


Un sencillo ejemplo mostrará la naturaleza de esta dificultad. Consideremos un partido de béisbol jugado por unas pocas personas con habilidades aproximadamente iguales. Si supiéramos unos pocos hechos particulares además de nuestro conocimiento general de la capacidad de los jugadores individuales, como su estado de atención, sus sensaciones y el estado de sus corazones, pulmones, músculos, etc. en cada momento del juego, probablemente podríamos predecir el resultado. De hecho, si estamos familiarizados tanto con el juego como con los equipos deberíamos tener probablemente una idea bastante inteligente sobre de qué dependerá el resultado. Pero por supuesto no seríamos capaces de verificar esos hechos y en consecuencia el resultado del juego estará fuera del rango de lo predecible científicamente, por muy bien que conozcamos qué efectos tendrían acontecimientos concretos en el resultado del partido. Eso no significa que no podamos hacer predicciones en absoluto acerca del transcurrir de ese partido. Si sabemos las reglas de los distintos juegos, al ver uno sabremos muy pronto a qué se juega y qué tipos de acciones podemos esperar y cuáles no. Pero nuestra capacidad de predecir se limitará a esas características generales de los eventos a esperar y no incluirá la capacidad de predecir eventos individuales concretos.

Esto se corresponde con lo que he llamado antes las predicciones de mero patrón, a las cuales estamos cada vez más confinados a medida que penetramos desde el ámbito en que prevalecen leyes relativamente simples al rango de fenómenos en los que rige la complejidad organizada. Al ir avanzando, encontramos cada vez más frecuentemente que podemos en realidad verificar solo algunas pero no todas las circunstancias particulares que determinan el resultado de un proceso concreto y en consecuencia solo podemos predecir algunas pero no todas las propiedades del resultado que tenemos que esperar. A menudo todo lo que podremos predecir serán algunas características abstractas del patrón que aparecerá, relaciones entre tipos de elementos sobre los cuales individualmente sabemos muy poco. Pero, como estoy dispuesto a repetir, todavía conseguiremos predicciones que puedan ser falsadas y que por tanto son de valor empírico.


Por supuesto, comparadas con las predicciones precisas que hemos aprendido a esperar en las ciencias físicas, este tipo de predicciones de mero patrón es algo inferior con lo que no gusta contentarse. Pero el peligro del que quiero advertir es precisamente la creencia de que para que una afirmación se acepte como científica es necesario lograr más. Esta vía lleva al charlatanismo y peor. Actuar con la creencia de que poseemos el conocimiento y poder que nos permite modelar los procesos de la sociedad enteramente a nuestro gusto, conocimiento que en realidad no poseemos, es probable que nos cause mucho daño. En las ciencias físicas, puede haber pocas objeciones a tratar de la hacer lo imposible; podría incluso sentirse que no tendría que desanimarse al que tiene un exceso de confianza, porque sus experimentos pueden después de todo producir nuevos conocimientos. Pero en el campo social, la creencia errónea de que el ejercicio de algún poder tendría consecuencias beneficiosas es probable que lleve a un nuevo poder a coaccionar a otros hombres si se le confiere alguna autoridad. Incluso si ese poder no fuera en sí mismo malo, su ejercicio es probable que impida el funcionamiento de ese fuerzas del orden espontáneo por las que, sin entenderlas, el hombre está de hecho tan enormemente ayudado en la búsqueda de sus objetivos. Solo estamos empezando a entender lo sutil de un sistema comunicación en cuyo funcionamiento se basa una sociedad industrial avanzada, un sistema de comunicación al que llamamos el mercado y que resulta ser un mecanismo más eficaz para digerir información dispersa que cualquier cosa que haya diseñado deliberadamente el hombre.


Si el hombre no va a hacer más mal que bien en sus esfuerzos por mejorar el orden social, tendremos que aprender que en esto, como todos los demás campos en que prevalece la complejidad esencial de un tipo organizado, no puede adquirir el conocimiento completo de lo que haría posible el control de los acontecimientos. Por tanto tendrá que usar el conocimiento que pueda lograr, no para amoldar los resultados como el artesano de forma a su artesanía, sino más bien para cultivar un crecimiento proporcionando el entorno apropiado, en la forma en que un jardinero hace esto por sus plantas. Hay un peligro en la sensación exuberante de un poder siempre creciente que ha engendrado el avance de las ciencias físicas y que tienta al hombre para intentar “ebrio de éxito”, por usar una expresión característica del primer comunismo, someter no solo nuestro entorno natural, sino también el humano, al control de una voluntad humana. El reconocimiento de los límites insuperables a su conocimiento tendría por tanto que enseñar al estudiante de la sociedad una lección de humildad, que debería protegerle frente a convertirse en cómplice de la lucha fatal de los hombres por controlar la sociedad, una lucha que no solo hace de él un tirano sobre sus iguales, sino que bien puede hacerle el destructor de una civilización que no ha ideado ninguna mente, sino que ha crecido de los esfuerzos libres de millones de individuos.

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[1] “Scientism and the Study of Society”, Economica, vol. IX, nº 35, Agosto de 1942, reimpreso en The Counter-Revolution of Science, Glencoe, Ill., 1952, p. 15 de esta reimpresión.
[2] Warren Weaver, “A Quarter Century in the Natural Sciences”, The Rockefeller Foundation Annual Report 1958, capítulo I, “Science and Complexity”.
[3] Ver mi ensayo “The Theory of Complex Phenomena” en The Critical Approach to Science and Philosophy: Essays in Honor of K.R. Popper, ed. M. Bunge, Nueva York 1964 y reimpreso (con adiciones) en mi Studies in Philosophy, Politics and Economics, Londres y Chicago 1967.
[4] V. Pareto, Manuel d’économie politique, 2ª ed., París 1927, pp. 223-224.
[5] Ver, por ejemplo, Luis Molina, De iustitia et iure, Colonia 1596-1600, tomo II, disp. 347, nº 3 y especialmente Johannes de Lugo, Disputationum de iustitia et iure tomus secundus, Lyon 1642, disp. 26, sec. 4, nº 40.
[6] Ver The Limits to Growth: A Report of the Club of Rome’s Project on the Predicament of Mankind, Nueva York 1972; para un examen sistemático de esto por un economista competente, cf. Wilfred Beckerman, In Defence of Economic Growth, Londres 1974, y para una lista de críticas anteriores de expertos, Gottfried Haberler, Economic Growth and Stability, Los Ángeles 1974, quien llama correctamente a su efecto “devastador”.
[7] He dado algunos ejemplos de estas tendencias en otros campos en mi discurso inaugural como profesor visitante en la Universidad de Salzburgo, Die Irrtümer des Konstruktivismus und die Grundlagen legitimer Kritik gesellschaftlicher Gebilde, Munich 1970, ahora reimpresso para el Walter Eucken Institute, en Freiburg i.Brg. por J.C.B. Mohr, Tubinga 1975.


lunes, 12 de agosto de 2019

VOLUMEN 14 - NÚMERO 41: "Ingenieros del Antropoceno digital: la enseñanza de las ingenierías en una época incierta" - José Manuel de Cózar Escalante

Ingenieros del Antropoceno digital: la enseñanza de las ingenierías en una época incierta


José Manuel de Cózar Escalante - Acceder al artículo

Si bien no ha sido oficialmente aprobada, cada vez se extiende más la idea de que hemos entrado en la época geológica conocida como Antropoceno. Sería la época del hombre entendido como un ser humano con capacidad para modificar el sistema Tierra en su conjunto. En esta transformación, las tecnologías desempeñan un papel fundamental. Es crucial reflexionar sobre las consecuencias, tanto positivas como indeseadas, de los avances de las tecnologías emergentes, y entre ellas las tecnologías digitales. Se han depositado muchas esperanzas en las tecnologías digitales a la hora de revertir las trayectorias preocupantes del Antropoceno, pero también hay voces que alertan de la dimensión sombría del “Antropoceno digital”. La enseñanza de las ingenierías debe recoger el estudio y análisis de estos temas, de modo que los futuros profesionales se formen con una perspectiva suficientemente amplia a la hora de abordar los problemas que encontrarán en el desempeño de su actividad profesional. Es necesario fomentar un acercamiento entre las nuevas humanidades digitales y ambientales y las titulaciones técnicas, a fin de que colaboren en la resolución de los problemas de esta nueva época.

Palabras clave: Antropoceno; tecnología digital; enseñanza de la ingeniería; desmaterialización; humanidades digitales y ambientales


Engenheiros do Antropoceno digital: o ensino de engenharia em uma era incerta


Embora não tenha sido oficialmente assumida, a ideia de que entramos na época geológica conhecida como Antropoceno tem-se vindo a ampliar. Seria a idade do homem, entendido como um ser humano com a capacidade de modificar o sistema da Terra como um todo. Nesta transformação as tecnologias desempenham um papel fundamental. Em particular, é crucial refletir sobre as consequências, tanto positivas quanto indesejadas, dos avanços das tecnologias emergentes, incluindo as tecnologias digitais. Elas têm depositado grandes esperanças sobre como reverter os caminhos do Antropoceno, mas também existem vozes que alertam para a dimensão sombria do “Antropoceno digital.” O ensino de engenharia tem de investigar estas questões, para que os futuros profissionais sejam formados com abertura suficiente para resolver os problemas encontrados no desempenho da sua atividade profissional. É necessário promover uma aproximação entre as novas humanidades digitais e ambientais e as qualificações técnicas, a fim de colaborar na resolução dos problemas desta nova era.

Palavras-chave: Antropoceno; tecnologia digital; educação em engenharia; desmaterialização; humanidades digitais e ambientais


Engineers of the Digital Anthropocene: Teaching Engineering in an Uncertain Era


Although it has not been officially approved, the idea that we have now entered the Anthropocene era is becoming more widely accepted. This refers to a geological epoch in which human beings have the capacity to modify the Earth’s system as a whole. Because technology plays a fundamental role in this transformation, it is crucial to reflect on the consequences, both positive and undesired, of emerging technologies, including digital technologies. Many hopes have been placed on digital technologies when it comes to reversing the troubling paths of the Anthropocene, but there are also voices that warn of the bleaker dimension of the “digital Anthropocene”. With this in mind, engineering education should include the study and analysis of these topics, so that future engineers will be able to efficiently deal with the problems they encounter in the performance of their professional duties. It is necessary to promote a rapprochement between the new digital and environmental humanities and the technical qualifications, so that they can collaborate in the resolution of the problems of this new era.

Keywords: Anthropocene; digital technology; engineering education; dematerialization; digital and environmental humanities

miércoles, 31 de julio de 2019

¿Cuál es el economista que planteó y fundamentó la nueva ingeniería económica?


¿Cuál es el economista que planteó y fundamentó la nueva ingeniería económica?

La respuesta a la pregunta del título es aparentemente fácil: bastaría con señalar el nombre del (o los) economista(s); sin embargo, esto, así de sencillo llevaría, sin duda alguna, únicamente a confundir a legos y no-legos (en economía)[1]. En todo caso, se prestaría a especulación de los que no conocen a fondo los teoremas de los economistas que vamos a mencionar y, aunque esto ayudaría al debate entre investigadores y estudiosos, preferimos llevar de la mano a nuestros lectores de modo que signifique responsabilidad académica más que impacto para quienes tienen curiosidad y deseo de  saberlo. Por lo que, consideramos necesario establecer una salvedad y una introducción taxonómica previa, antes de entrar a responder la pregunta del título de lo que hoy entendemos por "Ingeniería Económica".

Una salvedad previa:

En los actuales medios académicos se conoce y se diferencia claramente la nueva “Ingeniería Económica” (que se enseña en las Facultades del mismo nombre) de la vieja reliquia de otra época[2], reliquia que estaba personificada por DeGarmo[3] desde 1942. Sin embargo, muchos docentes irresponsables[4] siguen usando el texto-manual de DeGarmo para enseñar el aspecto económico (métodos de riesgo, sensibilidad, análisis de intangibles) en las diferentes Facultades de Ingeniería como si fuera una disciplina vigente. 

Una introducción taxonómica previa:

La mayoría desconoce la existencia de los dos grupos de economistas-teóricos cuyos enfoques parecen antagónicos; sin embargo, aunque a simple vista parezcan ser opuestas (por la diferencia en sus principio operativos), sus postulados y teoremas conviven desde mediados  del siglo pasado como las dos riberas del mismo río: 
El 1° grupo: 
La economía ortodoxa (convencinal)[5], asociada con la economía neoclásica[6],  que contemplan la economía desde fuera y, además, keynesiana (que custodia)[7] y plantea los lineamientos políticos (dejando la participación activa a los gobernantes, para corregir las fallas y los errores del orden natural del mercado moral); y (el 2° grupo), la teoría económica activa que promueve la ruptura del estatu quo económico, participando proactivamente[8] en el «cambio», que considera que el problema central de la economía no es el equilibrio sino el cambio estructural para el desarrollo económico y social (Llamada economía de la innovación y del cambio tecnológico[9]). Sin embargo, estas dos vertientes (grupos de teorías) no son sustitutivas sino complementarias –a favor del crecimiento y el progreso económico y social.

Los economistas defensores del segundo grupo se involucran y comprometen: al procurar el cambio del statu quo económico; mientras qué, los economistas defensores del primer grupo, solo se involucran; sin embargo, deben ser versalistas (como Keynes)[10], por ello, la mayoría son keynesianos[11]. 
Sin embargo, el lector debería tener en cuenta que estas dos vías o progresiones han sido a menudo enrevesadas y no lineales.
Después de esta introducción, asumimos que nuestros lectores ya pueden estar adivinando a cuál de los dos grupos pertenece el «ingeniero economista».
Para alguien ajeno a los estudios económicos, ésta aclaración puede resultar sorpresiva, sin embargo debemos argumentar que la economía como ciencia ha perdido desde hace más de 100 años la unidad que caracteriza a muchas otras ciencias. Tal como lo señalara Murray Newton Rothbard (2004, p.23) en el prefacio de la edición española de su Tratado de Economía “Man, Economy and State”:
“desde que Wicsksteed (1910), Taussig (1911) y Fetter (1915) nos dieron sus brillantes obras, este tipo de tratado ha desaparecido del pensamiento económico y la economía se ha vuelto totalmente fragmentada, desvinculada hasta tal punto que ya casi no existe economía; en cambio tenemos miles de fragmentos de análisis sin coordinación. Primero se dividió la economía en campos ‘específicos’ –‘economía urbana’, ‘economía agrícola´,  ‘economía laboral’, ‘economía de finanzas públicas’, etcétera, inconexos entre sí. Aún más grave fue la desintegración  de lo comprendido en la categoría de ‘teoría económica´. La teoría de la utilidad, la teoría del monopolio, la teoría del comercio internacional, etcétera, hasta la programación lineal y la teoría de los juegos, cada uno se mueve dentro de su comportamiento rigurosamente aislado, con su propia y muy refinada literatura”.
A pesar de lo resumido, creemos que –para nuestros lectores– no es posible aún explicarse fácilmente la génesis de ésta nueva ingeniería. Con este propósito, lo que sigue a continuación ayudará a entender mejor, al mismo tiempo que nos aproximaría al economista (o economistas) que contribuyeron a la conceptualización de éste nuevo profesional.
Primeramente, diremos que lo  que establece la diferencia entre economistas e ingenieros (economistas) es el principio operativo (de funcionamiento profesional[12]); en este sentido, dilucidar sobre el método que usan los economistas (neoclásicos), comparado con el método de los economistas (ingenieros), explicará  mejor el concepto de ingeniería y develar qué economista lo planteó, y, cuál es la base teórica fundamental de esta nueva ingeniería, y qué economista lo teorizó. Veamos:
Para empezar,  diremos que ambos (economistas e ingenieros) aplican el cambio de A a B como estrategia metodológica (para buscar la eficiencia económica ). Así, al comparar los métodos, del paso de A a B  que, también se aplica en la «ingeniería económica», tanto como en la economía neoclásica[13] (dentro de la «teoría del bienestar»[14]), estaríamos diferenciando cómo solucionan el problema económico los economistas (neoclásicos) y como lo hacen los economistas (ingenieros).
 
En la economía neoclásica, se compara dos asignaciones que las llaman A y B, para determinar si una de esas asignaciones es mejor que la otra[15]. Parte de que A es una asignación existente y que B es una alternativa, y lo que se busca es «cambiar» de A a B que sea la mejor deseable. En general, pasar de una asignación a otra implicará que algunos individuos se sientan en mejor posición (ganen) y otros se sientan en peor posición (pierdan). Pero, con el criterio de compensación, un cambio de A a B es una mejora si los que ganan pueden compensar a los que pierden y aun así sentirse en mejor posición. De ahí la necesidad del criterio de compensación (potencial más que real, de los economistas neoclásicos) que está estrechamente relacionada con el concepto de eficiencia asignada.
La ingeniería, por su lado, cambia el estado las condiciones de un bien inicial “A” a otro estado “B” mejorado (haciendo uso de su ingenio, en el proceso de transformación, propio de la ingeniería). Por ejemplo, cambia pulpa de madera a papel (como aplicación de la ingeniería tradicional); cambian las funciones de las computadoras, teléfonos móviles y los televisores (incorporando las funciones de las computadoras)…
Pero, este «cambio» de A a B, que hace el ingeniero, es idéntico a su método (para resolver los problemas[16]), establecido por el teorema de Jean Baptiste  SAY cuando explica el «cambio» que hace el «entrepreneur»[17]. Veamos:
SAY[18], en 1802, dijo:
“el entrepreneur «cambia» recursos económicos de zonas de baja productividad y eficacia a zonas de alta productividad y eficacia”
Palabras clave explícitas: “entrepreneur, «cambio», recursos económicos, zonas,  productividad,  eficacia”
Palabras clave implícitas: ingeniería, economía activa, destrucción creativa, innovación, statu quo…
En efecto, Jean Baptiste Say[19],  determinó (estableciendo) también el método ingenieril: del nuevo ingeniero (economista)[20], genuino de todo ingeniero.
Pero, este “Cambio”, que para el ingeniero tradicional significa mejora de condiciones; para el nuevo ingeniero (economista), necesariamente significa innovación. En el sentido estricto, se dice que de las ideas solo pueden resultar innovaciones luego de que ellas se implementan como nuevos productos, servicios o procedimientos, que realmente encuentran una aplicación exitosa, imponiéndose en el mercado a través de la difusión.
Say[21] decía que el estudio de la economía no debía comenzar con análisis matemáticos y estadísticos abstractos sino con la experiencia real de la persona humana.[22]
Veamos, brevemente lo que significa –en el enunciado de Say–  cada una de las palabras clave:
ENTREPRENEUR, entrepreneurship y entreptrepreneural
Son palabras –de origen francés–  que no tiene un equivalente en castellano. Un entrepreneur no es necesariamente un pequeño empresario que inicia o dirige un nuevo negocio, ni un capitalista, ni un propietario, ni un empleador. J.B. Say añadió a la definición anterior (que Richard Cantillon, en 1755, definió el término como «el proceso de enfrentar la incertidumbre».) que el entrepreneur era también un «líder del cambio»  que atraía a otras personas, con el objetivo de constituir organizaciones productivas. Hoy sabemos que (por Peter Drucker, quien en su libro “El entrepreneur y el entrepreneurship) se puede formar. Peter Drucker, uno de los autores más importantes en el tema, define al entrepreneur como aquel empresario que es innovador (y al entrepreneurship como el empresariado innovador), y aclara la común confusión de creer que cualquier negocio pequeño y nuevo es un emprendimiento, y quien lo lleva a cabo un emprendedor. Destaca que, aunque quien abra un pequeño negocio corra riesgos, eso no quiere decir que sea innovador y represente un emprendimiento.
A principios del siglo XVIII, los franceses extendieron el significado del término a los constructores de puentes, de caminos y a los arquitectos.  El entrepreneur aparece a principios del siglo XVI haciendo referencia a los aventureros que viajaban al Nuevo Mundo en busca de oportunidades de vida sin saber con certeza qué esperar o también a los hombres relacionados con las expediciones militares.
Un ejemplo de entrepreneurs, quienes obsoletaron definitivamente a los famosos navegadores (buscadores en Internet) Los encontramos en Google Inc. Esta es la historia de cómo dos Jóvenes «entrepreneurs»  crearon lo que hoy es la empresa más conocida del mundo. Google Inc. es la empresa propietaria de la marca, cuyo principal producto es el motor de búsqueda del mismo nombre. Fue fundada el 7 de septiembre de 1998 por Larry Page y Sergey Brin (dos estudiantes de doctorado en Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford). La empresa ofrece también entre otros servicios: un comparador de precios llamado Froogle, aunque luego pasó a llamarse Google Product  Search, un motor de búsqueda para material almacenado en discos locales Google Desktop Search, y un servicio de correo electrónico llamado Gmail, el cual pone a disposición para sus usuarios más de 7 GB (24 de   septiembre de 2008) de espacio y va aumentando constantemente a razón aproximada de 36 bytes por segundo. También es famoso su programa Google Earth, mapamundi en 3D con imágenes de alta resolución. Recientemente lanzó su versión beta de un servicio de mensajería instantánea basado en Jabber/XMMP llamado Google Talk.
CAMBIO y ZONA
Para entenderlo mejor, es necesario percibir el trasfondo del enunciado como unidad fraseológica, que Jean Baptiste Say nos dejó como un legado cultural. Solo de esta forma, podríamos darnos cuenta que el término[23] “entrepereneur”,  dista mucho del concepto convencional “del emprendedor” que equivocadamente[24] se le otorga. Pues el significado no es producto de ninguna sumatoria, sino que, para su intelección, hay que desentrañar el proceso cognitivo en que se sustentan –no como el concepto de “entrepreneur” difundido, desde 1775, por Cantillon[25] (en su obra Essai sur la nature du commerce en general) como  él lo entendió. Para  Say, «entrepereneur» no implica ni empresario emprendedor[26] ni riesgo empresarial[27].
Ahora, recién sabemos cuánta razón tuvo Say (cuál si fuera un profeta moderno): –ningún empresario, en la actualidad,  se arriesgaría a lanzar un nuevo producto (o iniciar un servicio) sin hacer el estudio de mercado correspondiente; y qué mejor seguridad que la que ofrece la creación de un nuevo «segmento de mercado»[28] (que Say lo formuló como “Zona”). En otras palabras: Say, implícitamente (en este enunciado) hablaba de «Innovación»; como  palabra clave implícita (escondida) qué, finalmente Joseph Alois Schumpeter[29] devela y teoriza posteriormente.
PRODUCTIVIDAD Y EFICACIA
Cuando Say se refería a productividad no está hablando de «eficiencia productiva»[30] y menos aún de «eficiencia económica»[31], o Eficiencia asignativa; de lo que trataba Say es de la creación de un nuevo segmento de mercado[32] (al que llamó “Zona”), que beneficiaría con nuevos valores (subjetivos) a consumidores, valores creados talvez por los nuevos deseo impulsados por el nuevo producto.
El típico ejemplo lo encontramos en el legado que nos dejó Steve Jobs: Cuando Steve Jobs cambia la tipografía tradicional a la digital: de la zona de Gütemberg a la zona creada por él: la topografía digital nació con Macintosh[33]. Desde aquella fascinación inicial de Jobs por el arte de Palladino, hasta el toque mágico de Kare que finalmente les diera nombres propios. Más de 10 años debieron pasar para que las tipografías digitales pudieran cobrar vida. Una gestación que fue tan delicada y sutil como un fino trazo de tinta. En un notable giro de los acontecimientos (decía Jobs), Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia. Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe: 10 años de gestación y un final feliz. Definitivamente que Steve Jobs fue uno de los más geniales «Entrepreneurs»-, mientras que Susan Kare fue una «Intrapreneur»[34], de los últimos años. Aquí surge el tercer economista del hilo conductor: Wilfredo Pareto, con su famoso principio y diagrama ( «Principio de Pareto, el secreto de la prosperidad») ( «Diagrama de pareto - Que es el diagrama de pareto»)  es también conocido como la regla del 80-20, distribución A-B-C, ley de los pocos vitales o principio de escasez del factor.( The Application Of The Pareto Principle In Software Engineering. Ankunda R. Kiremire 19th October, 2011).
RECURSOS ECONÓMICOS
Para los ingenieros todos los recursos, finalmente, son recursos económicos incluyendo el “tiempo”; el cerebro humano (que puede mejorar su % de uso): la didáctica (técnicas educativas) y los recursos humanos que pueden ser transformados con la educación; el conocimiento, que dio lugar a la economía del conocimiento donde el trabajador (de conocimiento) es el actor principal… Veamos un claro ejemplo en la educación con Jan Amos Komensk  (Comenio,) quien «cambia» los apuntes de un curso (recurso didáctico) A al recurso standard libro texto impreso B. Creando como consecuencia la nueva tecnología del libro texto. La tecnología no es cuestión de artefactos sino de la forma como se hacen las cosas. En este caso, la nueva forma didáctico de enseñanza/aprendizaje. A Comenio, hombre del siglo XVII,  se le conoce como el Padre de la Pedagogía, ya que fue quien la estructuró como ciencia autónoma y estableció sus primeros principios fundamentales.
Para los economistas, sin embargo, los recursos vienen a ser los factores de producción tierra, trabajo, capital y organización y los asocian con el uso que hacen los emprendedores en los procesos productivos; sin embargo, un emprendedor solamente inicia un nuevo negocio que aunque con riesgo (por no hacer el estudio de mercado correspondiente) su rol no es de entrepreneur; precisamente, porque no se proponen cambiar los recursos económicos en otros de mayor valor; por lo tanto, solamente consideran que el emprendedor es quien al organizar creativamente los factores, tierra, trabajo, capital y organización, creando nuevos productos o bien mejorando los planes de producción de los actuales.
Veamos, ahora, como se inicia el hilo conductor:
Say estudió el libro de Smith y, aunque estuvo de acuerdo en todos los puntos, encontró que la omisión de empresarios innovadores era un defecto serio. Los empresarios buscan oportunidades de lucro y, al hacerlo, crean nuevos mercados y nuevas oportunidades. Al interrumpir constantemente el equilibrio de la competencia, los empresarios evitan que los monopolios se formen y creen una amplia diversidad de productos que mantienen a los consumidores y productores. El cambio de paradigma (rompiendo el statu quo) que hicieron los empresarios exitosos como Bill Gates y Henry Ford cosecharon fortunas mucho más allá de los agentes normales en la economía.
Joseph Alois Schumpeter[35] hablaba de «Innovación» (como  palabra clave implícita escondida que mencionamos líneas arriba) que, finalmente Joseph Alois Schumpeter devela y teoriza posteriormente. Él conceptualizó la «innovación» en su «teoría de las innovaciones», en la que la define como el establecimiento de una nueva función de producción. La economía y la sociedad cambian cuando los factores de producción se combinan de una manera novedosa. Sugiere que invenciones e innovaciones son la clave del crecimiento económico, y quienes implementan ese cambio de manera práctica son los emprendedores. –Es así como surge el hilo conductor (hacia la “ingeniería económica”) con éste aporte de Joseph Alois Schumpeter. Él fue el primer economista importante en reemprender la línea de Say en su clásico Die Theorie der Wirtschanftslichen Enrwicklung (La teoría del desrrollo económico), publicada en 1911, Recordemos que Schumpeter rompió con la Economía clásica, de una manera más radical de como John Maynard Keynes lo haría veinte años después. Schumpeter postuló que el equilibrio dinámico causado por el empresario innovador, más que el equilibrio y la optimización es la «norma» de una economía sana y la realidad central de la cual debe partir la teoría y las prácticas económicas. Según Joseph Schumpeter [en: Theorie der wirtschaftlichen Entwicklung (Teoría del desarrollo económico), 1911] la innovación es la imposición de una novedad técnica u organizacional en el proceso de producción y no simplemente el correspondiente invento. Un innovador es para Schumpeter el «empresario creador», en contraposición con el empresario de arbitraje, quien simplemente aprovecha para obtener ganancias las diferencias de precios existentes.[37] Según él: la estructura económica (…) experimenta un cambio permanente con la introducción de nuevos bienes de consumo, nuevos métodos de producción y nuevas formas de organización industrial en un proceso continuo de destrucción creativa.  La superioridad de los nuevos productos y métodos (en eficiencia, precio y calidad) frente  a los viejos conduce a la eliminación de estos últimos, a una revolución de la estructura económica y a la creación de periodos cortos de crisis y ajustes[38]. Las innovaciones, resultado del proceso de competencia dinámica de los empresarios, son el motor del sistema económico y la razón principal de sus increíbles tasas de crecimiento. Para él éxito del capitalismo depende de su habilidad para recompensar la iniciativa y el ingenio de los individuos y las empresas, y de penalizar a quienes son socialmente improductivos, pero generalmente produce pérdidas significativas a muchos actores en el largo plazo. Si los perdedores no reciben ninguna compensación, es muy probable que surjan conflictos sociales que repercutan de forma negativa en la inversión privada y la propensión al riesgo de los empresarios. La redistribución del ingreso adquiere entonces un papel económico fundamental como forma de asegurar la estabilidad política y social y fomentar la inversión.
El economista Ludwig von Mises (otro de los que continúan con el hilo conductor) dijo: El hombre es un ser pensante, un homo sapiens. Esta es una característica puramente humana. Pero también el hombre es el único ser que actúa persiguiendo propósitos o fines. Es también un homo agens; característica que al igual que la anterior los diferencia de todos los restantes seres.
Mientras qué,  para Keynes, la «innovación» es solo un evento aislado, tal como lo sería un terremoto o el Fenómeno del Niño. Sin embargo la innovación no es solo un término tecnológico o científico: es un término económico. Para poder sacar provecho a la innovación, primero hay que entenderla. Lo nuevo no siempre es bien aceptada, no es fácil cambiar las costumbres –como sucedió hace unos 45 años, en el Perú con el envase de cartón para la leche –se tuvo que esperar treinta años para romper con el estatu quo basado en costumbres ancestrales (ahora, con el neuro-marketing, se hace estudios previos antes de su lanzamiento) . Ésta es la tarea del ingeniero economista que implica la creación de nuevas necesidades; y no dedicarse solo a estudiar la satisfacción de  las (necesidades) existentes.
Para el austríaco Joseph Schumpeter, la innovación (y el emprendimiento) son los motores esenciales de una economía efectiva. A esto se denomina “Desequilibrio Dinámico”. Es decir, en vez de penetrar mercados insistentemente con los mismos bienes; desafiar lo establecido y favorecer el desarrollo de soluciones más efectivas para las personas. Lo viejo por lo nuevo. La innovación, efectivamente, no es un evento aislado. Es consecuencia de una importante fórmula planteada en 1988 por el economista americano Edward B. Roberts: Innovación = Invención + Explotación
El  economista Schumpeter teorizó[39], lo que hacía falta para completar la definición de «ingeniería económica». Ésta es, precisamente, la contribución (a la ingeniería económica) de Joseph Schumpeter[40], quien en 1934, decía: Los emprendedores son innovadores que buscan destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios[41]. Schumpeter postuló que el equilibrio dinámico causado por el empresario innovador, más que el equilibrio y la optimización es la «norma» de una economía sana y la realidad central de la cual debe partir la teoría y las prácticas económicas.[42]
Cuando se analiza la obra de Keynes en raras ocasiones se hace mención a su visión sobre el papel del empresario. Se considera que el sector público puede desempeñar su tarea, o que mediante la política fiscal se puede estimular al empresario a invertir. Sin embargo, Keynes le concede una gran relevancia a la hora de reducir el desempleo, señalando la importancia que tiene la eficacia marginal del capital. Cuando se cita a Keynes, lo primero que se suele pensar es que se va a defender una política intervencionista caracterizada por un aumento del gasto público que supondrá un incremento importante del déficit público, cuyo objetivo fundamental es el de generar más empleo, aunque ello suponga una mayor inflación. Se supone que el decisor político a través de las medidas que implanta, es capaz de «manipular» o alterar el comportamiento de los agentes económicos en sus decisiones de gasto, para estimular la demanda agregada, que es considerada como un factor esencial a la hora de reducir el desempleo. Además, se pretende conseguir este objetivo en el menor tiempo posible, ya que «en el largo plazo todos estamos muertos» (Keynes, 1923, página 65).
En 1983, en el centenario del nacimiento de Keynes, la revista Forbes declaró que no era Keynes quien conocía el camino, sino otro economista que compartía el mismo año de nacimiento que Keynes –Joseph Schumpeter. En lugar de la intervención gubernamental que los keynesianos exigen para apuntalar la economía y fracasar negocios de todo tipo, Schumpeter creía que el capitalismo está dirigido por empresarios cuyas innovaciones reemplazan viejos modelos de negocios desgastados en un proceso que él llamó "destrucción creativa". Forbes bautizó a Schumpeter, no Keynes, el mejor navegante a través de los turbulentos mares de la globalización. El tiempo ha demostrado que la evaluación es precisa.
La carrera presidencial de 2012 en Estados Unidos, fue, en parte, un enfrentamiento entre dos modelos diferentes de crecimiento económico. El presidente Barack Obama en su gobierno demócrata no defendió la teoría de que el gobierno debe actuar como "tutor" de la economía y utilizar los fondos públicos para estimularla. El nominado republicano, presumiblemente Mitt Romney, avanzó el argumento del libre mercado de que la fuente principal de nuevo crecimiento es la energía innovadora de los empresarios estadounidenses y que el gobierno necesita salir del camino. Sin embargo, él no sabía que una parte esencial del argumento del libre mercado es la "destrucción creativa", una teoría propuesta por el gran economista austríaco y profesor de la Universidad de Harvard Joseph Schumpeter. Lástima que no entendía la visión de Schumpeter --expresada más poderosamente en su libro clásico de 1942, Capitalismo, Socialismo y Democracia--, por lo que tuvo dificultades para comprender por qué los mercados libres funcionan tan bien para generar prosperidad. –la destrucción creativa es un concepto complicado, mal entendido por el público en general y no siempre fácil de defender. Schumpeter en la casa blanca. Así, Schumpeter superó a Keynes en las elecciones de 2012.
Schumpeter dejó escrito en el Preliminar de su libro “Capitalismo, Socialismo y Democracia”: “La mayoría de las creaciones del intelecto… desaparecen para siempre tras un plazo que varía entre una sobremesa y una generación. Con algunas sin embargo, no sucede así. Sufren eclipses, pero aparecen de nuevo, y reaparecen no como elementos  de un legado cultural, sino con su ropaje propio y sus cicatrices personales que pueden verse y tocarse. A éstas podemos darlas el calificativo de grandes, y no es inconveniente para ésta definición el que se convine la grandeza con la vitalidad...” En este sentido, nosotros diremos tal es indudablemente lo que debemos de aplicar a Jean Baptiste Say (después de más de doscientos años) y al mismo Schumpeter (más de cien años): genios cuyos pensamientos tienen carácter rizomático y no arborescente (que se pueden deducir sus raíces de su altura) coma la mayoría de las teorías económicas de vigencia temporal. No necesitamos creer que una gran obra tenga necesariamente que ser una fuente de luz y perfección en sus fundamentos y en sus particularidades ni menos impactantes.
Pocos economistas tienen reservado el privilegio de no solo ser recordados sino de estar plenamente vigentes más de seis décadas después de su muerte. Este es el caso de Joseph Schumpeter. En un ensayo publicado en 2009 bajo el título de Schumpeter versus Keynes: En el largo plazo no todos estamos muertos, Arthur N. Diamond pudo constatar, comparando el número de referencias realizado en revistas especializadas de 1956 a 2006, que “en general, Keynes es más citado desde 1956 hasta aproximadamente mediados de los 90. Pero a continuación y hasta 2006, Schumpeter es citado más a menudo que Keynes.” (A. N. Diamond, “Schumpeter vs. Keynes: ‘In the long run nor all of us are dead’”, Journal of the History of Economic Thought, Volume 31, Number 4, December 2009, p. 531.)
En 1983, en el centenario del nacimiento de Keynes y Schumpeter Peter Drucker. Escribió:
En cierto sentido, Keynes y Schumpeter reeditaron la famosa confrontación de filósofos en la tradición occidental –el diálogo platónico entre Parménides, el brillante, hábil e irresistible sofista, y el lento y feo pero astuto Sócrates. Nadie en el periodo  entre las dos guerras fue más brillante, más hábil que Keynes. En cambio Schumpeter parecía pedestre –pero tenía sabiduría. La habilidad sale airosa, pero la sabiduría perdura.
Mientras vivió, Schumpeter fue uno de los economistas más importantes del mundo, y a partir de su muerte, se ha convertido en un ícono. John Maynard Keynes es considerado el maestro entre los economistas. No obstante, las ideas de Schumpeter tienen un mayor impacto en este nuevo milenio, que algunos economistas han denominado el “siglo de Schumpeter.” El estudioso Thomas K. McCraw ofrece una vívida descripción de este hombre destacado, sus teorías económicas y su profunda influencia.  getAbstract recomienda conocer a Schumpeter por su aporte fundamental para comprender la economía empresarial de nuestros días. El libro de McCraw es un buen camino para llegar a conocerlo.
Por otro lado, sin embargo, es importante señalar que, no son suficientes los teoremas económicos de los economistas-teóricos (Say y Schumpeter) para lograr la formación profesional del economista ingeniero, a pesar que sus planteamientos son tan necesarios y fundamentales (a propósito de esta nueva profesión) –hace falta formar la mentalidad del ingeniero para comportarse como tal. Es, por lo tanto, necesario el aprendizaje de otras materias ingenieriles y, sobre todo, realizar  las prácticas pre-profesionales con los demás estudiantes de las facultades de ingeniería, para completar su formación integrada.
Al menos, fue así como se formaron  los primeros ingenieros economistas que se  separaron definitivamente del tradicional economista[43]: por su mentalidad ingenieril. Para tal propósito, se los hizo convivir académicamente con estudiantes de las otras facultades de ingeniería, compartiendo aulas, profesores, prácticas profesionales, como fue desde 1964 en la “Escuela de economía aplicada” en la UNI.
En conclusión, diremos que: no son las ciencias[44] ni las matemáticas, sino su formación actitudinal del  ingeniero en ciernes, preparándolo para usar eficazmente su «ingenio»[45] que necesitará para la resolución de problemas[46].
Precisamente, esto es lo que aleja al ingeniero del economista. Lo dicho por Say determina la función de éste tipo de economista (que no teme al cambio, sino que lo enfrenta, provoca el cambio y aprovecha la energía generada) que se encarga de cambiar recursos económicos. Ejemplo: reestructurando un negocio, innovando un producto o servicio, que, a diferencia del economista tradicional, no parte de las necesidades existentes, sino que crea nuevas necesidades, desplazándolo del mercado (con la destrucción creativa de Schumpeter). De modo que compita,  no con precios bajos (dentro del orden natural del mercado) sino compitiendo con valores (funcionales) mejorados, es decir Innovando[47].
--por ejemplo un teléfono móvil “A”(actual), para agregar las nuevas funciones, necesitamos  pasar del estado (funcional actual), a otro con más funciones “B” (o más sofisticado) y asequible al mercado, transformándolo, para lograr nuevas y mejores funciones usando el «ingenio» (propio de la ingeniería) que convierta en obsoleto el actual dando lugar (en el mercado) al otro mejorado, sacándolo del mercado al teléfono inicial.
Así, el ingeniero economista  aplicará su «ingenio» para  pasar del primer estado A al segundo estado B, para lo cual transformará los primeros recursos económicos convirtiéndolos  en otros mejorados (con mayores funciones). Innovar es contribuir al progreso. Porque la innovación, en la famosa frase de Schumpeter, junto con la  "destrucción creativa." Convierte en obsoletos el equipamiento y las inversiones de capital del  pasado. Cuanto más progresa una economía, más formación de capital va a necesitar. En cierta forma, la destrucción creativa es lo que hace el “Entrepereneur, de J. B. SAY.
Esto es:
Cambiar recursos económicos de zonas de baja productividad y eficacia a zonas de alta productividad y eficacia (es decir, romper el statu quo del mercado)
Pero que este cambio tenga el propósito, como ya lo mensionamos, de alterar el statu quo económico (que, sólo es posible gracias al uso del ingenio, más que con la ayuda de las disciplinas económicas[48]).
Las aportaciones al pensamiento económico de Schumpeter fueron de importancia vital para la ciencia económica, dominada por la teoría del equilibrio general de 1879 a 1900.[49] No podríamos entender a Schumpeter sin situarlo en su tiempo teórico y el espacio natural[50] de la transición de dos siglos caracterizados por crisis económicas. El estudio profundo del Essai de Cantillon y en sí la secuencia de Petty-Cantillon-Quesnay le hizo interesarse en el crédito y la hacienda pública. Posteriormente, profundizó en la abstracción de dichos conceptos en Adam Srnith y David Ricardo y sus colegas, como Marshall. Sin embargo, Walras lo lleva a crear la teoría del desarrollo económico, respuesta al equilibrio general, y posteriormente, en 1912, a publicar su libro «Teoría del desenvolvimiento económico». En el primer capítulo de la obra mencionada sobre la corriente circular, Schumpeter explica que "la teoría del valor denominada de los costos, y la de Ricardo, del trabajo, sugieren con fuerza la misma conclusión, explicándose por ello algunas tendencias doctrinales, como la que pretende reducir a trabajo toda clase de ingresos, incluyendo a veces el interés”.
Por otro lado, autores como Freeman (1987), Porter (1990) y Nelson (1993), señalan que la obtención de tecnologías nuevas y avanzadas es un determinante importante de la posición competitiva de un país o región, por lo tanto la innovación sería la única forma para que un país pueda generar, a largo plazo, una mejor posición competitiva y un crecimiento económico sostenible.
Según Paul Romer (Endogenous Technological Change, 1990: S71), el producto por hora trabajada en los Estados Unidos es ahora diez veces el producto por hora trabajada hace cien años. La explicación estaría en el cambio tecnológico.
Resumiendo: (Schumpeter, 1911; Kondratiev, 1925; Freeman et al., 1985; Freeman y Louca, 2002) señalan que los ciclos económicos de crecimiento a largo plazo (ondas largas) están correlacionados con las “oleadas” de innovaciones por lo que la innovación se puede considerar el determinante principal del crecimiento. Schumpeter ya en 1939 planteaba que la aparición de un agrupamiento de innovaciones provoca un desequilibrio del sistema económico y desata toda una fase de movimiento en onda larga, y que incluso antes de llegar a un nuevo equilibrio aparecería otra oleada de innovaciones.

Agradeceríamos sus comentarios.
Autor responsable: cortezhonorio@gmail.com


[1] Un lego o un no-profesional (en inglés layperson o layman) es una persona que no es un experto en un determinado campo de conocimiento (en general, que no tiene formación en ningún área muy especializada o calificada). Originalmente, el término era sinónimo de laico, o sea un no-clérigo, aunque con el paso del tiempo el concepto fue evolucionando. ("Layman, n.1", OED Online, Septiembre 2011, Oxford University Press) El concepto que describe algo en términos legos ha tenido amplia difusión en el mundo anglófono. Poner algo en términos legos, es describir o explicar un tema complejo y técnico, usando palabras y expresiones que el individuo promedio (una persona sin formación profesional en la materia) pueda entender con cierta facilidad, logrando al menos algún grado de comprensión sobre el asunto en cuestión. En forma breve y por su parte, podemos decir que 'laico' (originalmente y aún hoy) significa "gente común", término que viene del griego 'laikos' que significa "del pueblo", "común", "impío", "usual", "profano", o similar.
[2] La ingeniería económica tradicional se encargaba de los aspectos monetarios de las decisiones tomadas por los empleados de las organizaciones desde los años 20 cuando J. C. L. FISH Y O. B. Coldman empezaron a utilizarla mediante el análisis de las inversiones efectuadas desde la perspectiva de las matemáticas, formulando un modelo donde representaba la inversión y la relación con el mercado. Los métodos que se utilizaban antes, aún siguen siendo utilizados para reflejar los recursos y fondos públicos. Posteriormente, el profesor Eugene L. Grant formula los Principios de Ingeniería Económica en 1930 en su texto Principles of Engineering Economy. Él examinó la importancia de los factores de juicio y de la evaluación de inversiones. Desde entonces los desarrollos modernos estuvieron empujando fronteras de la “Ingeniería Económica” hasta hacerlas abarcar nuevos métodos de riesgo, sensibilidad, análisis de intangibles. Los métodos tradicionales siguen siendo refinados para reflejar la preocupación actual por la conservación de los recursos y la utilización eficaz de los fondos públicos. DeGarmo, contemporáneo de Woods, era uno de los pocos pares, que aceptaron los principios de la ingeniería económica de Eugene Grant (escrito en 1930). Ésta aceptación quizá tenía razón de ser, y en rigor la explicaba el éxito económico de la ingeniería de aquel entonces. Resultaba muy claro que DeGarmo era partidario de la aplicación de los principios de Grant, mientras ella dirigía los buenos criterios económicos; pero ya era muy extraño que después de unos años aceptáramos que  esto es ingeniería económica, ni siquiera es la aplicación de la teoría económica, hasta ahora llamada ciencia.
[3] En 1942, Woods y DeGarmo escribieron la primera edición del libro texto de Eugene Grant “Principles of Engineering Economy” (New York: The Ronald Press Company, 1930).
[4] “Numerosas son las cátedras, pero escasos los profesores sabios y nobles. Numerosos y grandes son las aulas pero pocos los jóvenes que realmente tienen sed de verdad y justicia”  “¡Que cada cual juzgue ateniéndose a su opinión personal, basada en sus  propias lecturas, pero que no se base en lo que dicen otros!” Einstein, de “La libertad de enseñanza”, a propósito del caso Gumbel.
[5] La economía ortodoxa y la economía heterodoxa: La economía ortodoxa o convencional (en inglés Mainstream economics) es la forma más ampliamente aceptada de enseñar economía en las universidades, en contraste a la economía heterodoxa. Ha sido asociada con la economía neoclásica (ver: David C. Colander, 2000). y con la síntesis neoclásica, la cual combina métodos y aproximaciones keynesianas a la macroeconomía. (ver: Olivier J. Blanchard, 2008, "neoclassical synthesis," The New Palgrave Dictionary of Economics, 2nd Edition.). Mientras que la economía heterodoxa puede ser definida en términos de instituciones-historia-estructura social, la economía ortodoxa se define en términos de racionalidad-individualismo-equilibrio. La heterodoxia considera a la economía como una ciencia social, donde el comportamiento de los actores se caracteriza por su imprevisibilidad y donde las interpretaciones son subjetivas, mientras que la ortodoxia tiende a identificar a la economía como una ciencia exacta, racionalizando el comportamiento de las personas y el curso de acción a emprender con resultados
[6] Si bien algunos economistas neoclásicos, al llegar a conclusiones similares a las de Solow (Denison, E., 1962. “Source of economic Growth in the United States and The Alternatives Before Us.” Committee for Development Vol. pp.), al considerar al progreso técnico como origen diferenciador del crecimiento de la productividad y describir como una difusión irregular del mismo entre distintas industrias lleva a un crecimiento diferencial de la productividad (Salter, W, (1960). “Productivity and technical ghange.” Cambridge University Press, Vol. pp.), no logran explicar con claridad, e incluir en sus modelos la relación de éste progreso técnico con el resto de las variables económicas, progreso técnico que resultó ser algo inesperado y raro para estos economistas. Esta condición llevó a considerarlo como un elemento exógeno al sistema económico, sobre el cuál los agentes económicos carecían de control, exogeneidad que se ve reflejada en los modelos de crecimiento, al presentar al progreso técnico, como un elemento residual que no es claramente observable ni tampoco explicable.
[7] John Maynard Keynes alguna vez llamó a los economistas "custodios, no de la civilización, sino de la posibilidad de civilización".
[8] Los proactivistas no buscan los cambios del sistema integral o del entorno sino el interior del sistema mismo. Ackoff señala que no se debe buscar ir con la corriente ni contra ella, sino viajar delante. Plantean que de este modo pueden aprovechar oportunidades antes de que otros accedan a ellas. Se orientan hacia la obtención de un control sobre el futuro. Los proactivistas diseñan el futuro que desean y crean los mecanismos y herramientas para lograrlo. No se conforman con la supervivencia o el crecimiento; buscan el autocontrol, el autodesarrollo y la autorrealización. Se proponen incrementar su habilidad para influir o controlar el cambio o sus efectos con el fin de responder con rapidez y eficacia a los cambios que no pueden controlar. El proactivismo se preocupa por eliminar amenazas y aprovechar oportunidades. Los proactivos intentan ser mejores en el futuro en contrario con su situación presente; se proponen alcanzar niveles ideales, procuran que la organización se desarrolle. Los proactivistas creen que el futuro es mejor que el presente y el pasado, y que el grado de mejoría depende de lo adecuado de su preparación; la predicción y la preparación son las dos etapas de ese tipo de planeación. Estos planificadores desean incrementar su habilidad para pronosticar los cambios que ocurrirán. Se ocupan de aprovechar las oportunidades y de “optimizar” los recurso con el propósito de lograr que la organización crezca. Russell Acroff et al., Guía para controlar el futuro de la empresa, México, Limusa. 1986, y Russell Acroff, Rediseñando el futuro, Mexico, Limusa, 1984.
[9] Cada vez resulta más evidente que el cambio tecnológico no es un procedimiento mecánico que consiste simplemente en encontrar mejores productos y procesos, sino que para introducir rápidamente innovaciones  es necesario fomentar la iniciativa empresarial.  Y para esto se requiere de gente preparada, con visión del futuro, que perciba lo que es mejor de lo que hoy se tiene… Según Paul Romer (Endogenous Technological Change, 1990: S71), el producto por hora trabajada en los Estados Unidos es ahora diez veces el producto por hora trabajada hace cien años. La explicación estaría en el cambio tecnológico.
[10] El economista perfecto: "Un economista debe ser en cierta medida un matemático, un historiador, un estadista, un filósofo... tan distante e incorruptible como un artista y, sin embargo, a veces con los pies tan en el suelo como un político" Así describía John Maynard Keynes, uno de los economistas más importantes del siglo pasado y de toda la historia, las características que debía reunir un buen compañero de profesión. Un buen economista debe poseer varias habilidades, en apariencia no difíciles de manejar, pero sí raras de reunir. No se  pueden cubrir la gran cantidad de variables que convergen en la economía sin varias aptitudes y puntos de vista: Debe conocer la historia para no repetir errores, debes hacer cálculos matemáticos, debes estudiar el presente pensando en el futuro y el futuro pensando en el presente, debe actuar ante la realidad con la sangre fría de un ser ajeno a este mundo y a la vez introducirte en él de lleno.
[11] El paradigma keynesiano de los ajustes macroeconómicos que dominó el mundo académico y económico en las décadas subsiguientes a la  posguerra, consideró, al cambio tecnológico, solo como progreso técnico, al interior de sus funciones de producción, es decir simplemente como una tendencia en el tiempo, sin lograr de ésta manera plantear en su real dimensión la relación entre productividad y cambio tecnológico. La teoría neoclásica del crecimiento, al introducir formalmente el progreso tecnológico en su análisis, incorpora implícitamente el supuesto de que el progreso técnico pude expresarse en términos de una taza global, en la forma de un facto exógeno que aparece reflejado en términos residuales. (Abramovitz, 1956; Solow, 1957; Solow, 1956.). Si bien algunos economistas neoclásicos, al llegar a conclusiones similares a las de Solow (Denison, E., 1962. “Source of economic Growth in the United States and The Alternatives Before Us.” Committee for Development Vol. pp.), al considerar al progreso técnico como origen diferenciador del crecimiento de la productividad y describir como una difusión irregular del mismo entre distintas industrias lleva a un crecimiento diferencial de la productividad (Salter, W, 1960. “Productivity and technical ghange.” Cambridge University Press, Vol. pp.), no logran explicar con claridad, e incluir en sus modelos la relación de éste progreso técnico con el resto de las variables económicas, progreso técnico que resultó ser algo inesperado y raro para estos economistas. Esta condición llevó a considerarlo como un elemento exógeno al sistema económico, sobre el cuál los agentes económicos carecían de control, exogeneidad que se ve reflejada en los modelos de crecimiento, al presentar al progreso técnico, como un elemento residual que no es claramente observable ni tampoco explicable. Sin embargo, no es hasta la crisis económica de la década de los años setenta, donde el crecimiento de las industrias basadas en los avances de la microelectrónica, específicamente los ordenadores y los sistemas de procesamiento de la información, los cuales presentan tasas de crecimiento que serán la capacidad explicativa desde los planteamientos neoclásicos de capital y trabajo. Se plantea así, en el análisis económico, como centro explicativo de este crecimiento económico, las variables relacionadas con el progreso tecnológico (Romer, 1990 ). Educación, Investigación y Desarrollo Experimental e Innovación, serán entonces los elementos centrales en la explicación de dicho crecimiento, relegando el papel de las inversiones en capital a un segundo plano (OCD, 1998: Romer, 1986).
[12] Muchos economistas se dedican principalmente a enseñar e investigar. Los economistas juegan un papel muy importante en el mundo de los negocios, sobre todo en el sector financiero. Pero la principal vinculación de los economistas en el mundo “real” es su participación en el gobierno. Los economistas hacen fundamentalmente Economía positiva (entendida ésta como la elaboración de modelos, como lo planteaba Friedman): analizan el funcionamiento del mundo donde hay cosas que funcionan bien y cosas que funcionan mal, y elaboran previsiones. Pero en la Economía normativa, la cual percibe cómo las cosas deberían funcionar, se establece juicios de valor. Los economistas discrepan —aunque no tanto como se piensa—  debido a dos razones fundamentales: por un lado, discrepan sobre las simplificaciones necesarias en un modelo; por otro lado, los economistas también debido a la diferencia de valores.
[13] La escuela neo clásica se caracteriza por tres aspectos:
-El criterio económico fundamental el subjetivo: satisfacción y beneficio.
-El objeto de estudio es micro-económico: el equilibrio del consumidor y de la empresa. Se busca maximizar y optimizar los recursos,
- En lugar del análisis histórico de los clásicos,  los neoclásicos consideran factores (tierra, capital y trabajo).
Los neoclásicos conciben que el libre juego de la oferta y la demanda en el mercado establezcan los precios que permiten asignar más eficientemente los recursos. Trabajo más capital producen mercancía, en cantidades limitadas,  sus características le permiten ser combinados de acuerdo al producto. Productores y consumidores viven todos en un mundo donde: todos cuentan con plena información sobre los precios, los costos, la disponibilidad de factores y necesidades planeada por la demanda; hay plena movilidad de factores los empresarios pueden trasladar su  inversión; los factores se suponen divisibles y sustituibles; el mercado opera libremente sin intervención del estado, y está abierto al ingreso y salida.
[14] “Economía del bienestar es una aproximación metodológica para juzgar la asignación de recursos y establecer criterios para la intervención gubernamental”. La economía del bienestar es una rama de las ciencias económicas y políticas que trata de cuestiones relativas a la eficiencia económica y al bienestar social. Analiza el bienestar general -cualquiera que sea su medida- en términos de las actividades económicas de los individuos que conforman una sociedad. “La economía del bienestar provee las bases para juzgar los logros del mercado y de los encargados de decisiones políticas en la distribución o asignación de los recursos”. Amartya Sen y Martha Naussbaum, compiladores del texto “La Calidad de Vida” (1996), manifiestan que, “El término “Bienestar” debe ser usado en un sentido amplio. No solo debe incorporar los elementos de las teorías del bienestar que postulan como elemento primordial, la satisfacción de las necesidades o el placer (teoría utilitarista) y las que afirman que los bienes que controla una persona son lo más importante (teorías objetivas del bienestar). El término “Bienestar” debe relacionarse con aspectos como las capacidades, las oportunidades, las ventajas y otros elementos no cuantificables que hacen referencia a la calidad de vida de las personas”.
[15] "En la literatura contemporánea, el tema de la racionalidad económica se presenta bajo la for­ma de dos preguntas: 1º) ¿En qué forma deben comportarse los agen­tes económicos en un sis­tema económico dado para alcan­zar los objetivos que se propo­nen?  2º) ¿Cuál es la racionalidad del sistema económico en sí y cómo comparar­la a la de otros sistemas?”
[16] En cualquier problema existe un estado original de condiciones al que nos referiremos como estado A; o como el insumo, o datos de entrada. Igualmente, existe un estado de condiciones (objetivo o resultado) respecto al cual la persona encargada de la solución del problema trata de hallar el medio de alcanzarlo, y al cual lo llamamos estado B, resultado, producto, o salida. Un problema existe si hay un deseo de lograr una transformación de un estado de situaciones a otro, siempre y cuando haya más de una manera posible de lograr dicha transformación, que las diferentes soluciones posibles no tengan el mismo grado de aceptación y que no sea palpable el grado de aceptación relativa de las diferentes soluciones posibles. Por eliminación, podemos concluir que un problema involucra algo más que hallar una solución cualquiera; requiere encontrar el mejor método para lograr la transformación deseada. A las bases que permiten seleccionar la mejor solución posible se les conoce como el criterio, bases éstas que pueden variar dentro de límites muy amplios.
[17] Entrepreneur: ninguna de estas palabras –de origen francés–  tiene un equivalente en castellano. Un entrepreneur no es necesariamente un pequeño empresario que inicia o dirige un nuevo negocio, ni un capitalista, ni un propietario, ni un empleador. Tampoco es un «emprendedor» que corre riesgos. Richard Cantillon, en 1755, definió el término por primera vez como «el proceso de enfrentar la incertidumbre». Así se fue utilizando para identificar a quien comenzaba una empresa y fue ligado a empresarios innovadores. Famosos economistas ingleses, como Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill, interpretaron el término como "Gerentes de negocios". Sin embargo, posteriormente, ellos   llegaron a la conclusión de que ser empresario no requería de habilidad extraordinaria alguna, y que habían subvalorado el significado que en francés tenía el concepto de entrepreneur. J.B. Say añadió a la definición de Cantillon que el entrepreneur era también un líder que atraía a otras personas, con el objetivo de constituir organizaciones productivas.
[18] La aproximación de Say a la economía, en términos filosóficos, es la de un realista y un esencialista.[Sin embargo, no está claro si Say adopta la postura aristotélica de que las “esencias” son metafísicamente reales, es decir, que los objetos concretos “comparten” la esencia de la clase de los objetos o la postura del realismo contextual de que la “esencia” es un dispositivo necesariamente epistemológico, pero que no posee realidad metafísica. Ver David Kelley, The Evidence of the Senses: A Realist Theory of Perception (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1986).] Combina un sano escepticismo con respecto a la utilidad de las investigaciones estadísticas con un énfasis en observar los hechos de la realidad. Una descripción estadística “no indica el origen y consecuencias de los hechos que ha recogido”.[ Say, Tratado, p. xix.] Para Say, solo un análisis causal basado en las naturalezas esenciales de las entidades implicadas pueden alcanzar ese fin y un análisis así es la tarea central de la economía política. Ve a la economía como una ciencia genuina capaz de establecer “verdades absolutas”,[Ibíd., p. xlix] pero insiste en que “solo se ha convertido una ciencia desde que se ha limitado a los resultados de la investigación inductiva”.[Ibíd., p. xxxvi, cursivas añadidas] De hecho, Say declara que la economía política “forma parte de la ciencia experimental” y es por tanto bastante similar a la química y la filosofía natural.[Ibíd., p. xviii.] Taxonómicamente, divide todo los hechos en (a) aquellos que se refieren a objetos y (b) aquellos que se refieren a acontecimientos o interacciones. El primero es el ámbito de la ciencia descriptiva (por ejemplo, la botánica), mientras que el segundo es el ámbito de la ciencia experimental (por ejemplo, la química o la física). Sobre todo, Say busca ser práctico, pues “nada puede ser más ocioso que la oposición de teoría y práctica”.[Ibíd., p. xxi] Para ese fin, siempre trata de emplear un lenguaje que sea preciso y aun así tan sencillo como sea posible, de forma que cualquier persona razonablemente inteligente y con formación puede entender su significado.[Ibíd., p. xlvi.] Para Say, como para la mayoría de los austriacos modernos, la economía no es un reino sombrío del que sólo pueden entrar los expertos, sino un asunto o de enorme importancia práctica accesible para todos. Por tanto no es una sorpresa descubrir que Say, al mantener ese objetivo de luminosidad e inteligibilidad, critique La riqueza de las naciones de Adam Smith por ser “carente de método”, oscuro, vago y deslavazado, así como por contener demasiadas digresiones largas y distractivas sobre temas como guerra, educación, historia y política.[Ibíd., p. xliv]
[19] Say decía que el estudio de la economía no debía comenzar con análisis matemáticos y estadísticos abstractos sino con la experiencia real de la persona humana. Say estudió el libro de Smith y, aunque estuvo de acuerdo en todos los puntos, encontró que la omisión de empresarios emprendedores era un defecto serio. Los empresarios buscan oportunidades de lucro y, al hacerlo, crean nuevos mercados y nuevas oportunidades. Al interrumpir constantemente el equilibrio de la competencia, los empresarios evitan que los monopolios se formen y creen una amplia diversidad de productos que mantienen a los consumidores y productores. A cambio de tomar estos riesgos, los empresarios exitosos como Bill Gates y Henry Ford cosechan fortunas mucho más allá de los agentes normales en la economía.
[20] Podemos deducir entonces que el primer economista teórico que formuló la aplicación de la economía y formuló (al mismo tiempo) el método ingenieril, fue  Jean Baptiste  SAY. ¿Por qué? Porque él planteó la proactividad y la vocación para provocar el cambio (como propio del «entrepreneur»); pero no lo hace como ejemplo de conducta a seguir (actitudinal), o como son los líderes, sino como un ejemplo de  ruptura del status quo económico –cambiando el Pero, este “Cambio”, que para el ingeniero tradicional significa mejora de condiciones; para el
equilibrio (las estructuras económicas) del mercado.
[21] Thomas Malthus y Sismondi, luego reivindicados por Keynes, rechazaron la ley de Say argumentando la posibilidad de atesoramiento, que podría conducir al subconsumo. Say y otros clásicos respondieron aseverando que el atesoramiento era un fenómeno de importancia marginal.
[22] La aproximación de Say a la economía, en términos filosóficos, es la de un realista y un esencialista.[Sin embargo, no está claro si Say adopta la postura aristotélica de que las “esencias” son metafísicamente reales, es decir, que los objetos concretos “comparten” la esencia de la clase de los objetos o la postura del realismo contextual de que la “esencia” es un dispositivo necesariamente epistemológico, pero que no posee realidad metafísica. Ver David Kelley, The Evidence of the Senses: A Realist Theory of Perception (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1986).] Combina un sano escepticismo con respecto a la utilidad de las investigaciones estadísticas con un énfasis en observar los hechos de la realidad. Una descripción estadística “no indica el origen y consecuencias de los hechos que ha recogido”.[Say, Tratado, p. xix.] Para Say, solo un análisis causal basado en las naturalezas esenciales de las entidades implicadas pueden alcanzar ese fin y un análisis así es la tarea central de la economía política. Ve a la economía como una ciencia genuina capaz de establecer “verdades absolutas”,[Ibíd., p. xlix] pero insiste en que “solo se ha convertido una ciencia desde que se ha limitado a los resultados de la investigación inductiva”.[Ibíd., p. xxxvi, cursivas añadidas] De hecho, Say declara que la economía política “forma parte de la ciencia experimental” y es por tanto bastante similar a la química y la filosofía natural.[Ibíd., p. xviii.] Taxonómicamente, divide todo los hechos en (a) aquellos que se refieren a objetos y (b) aquellos que se refieren a acontecimientos o interacciones. El primero es el ámbito de la ciencia descriptiva (por ejemplo, la botánica), mientras que el segundo es el ámbito de la ciencia experimental (por ejemplo, la química o la física). Sobre todo, Say busca ser práctico, pues “nada puede ser más ocioso que la oposición de teoría y práctica”.[Ibíd., p. xxi] Para ese fin, siempre trata de emplear un lenguaje que sea preciso y aun así tan sencillo como sea posible, de forma que cualquier persona razonablemente inteligente y con formación puede entender su significado.[Ibíd., p. xlvi.] Para Say, como para la mayoría de los austriacos modernos, la economía no es un reino sombrío del que sólo pueden entrar los expertos, sino un asunto o de enorme importancia práctica accesible para todos. Por tanto no es una sorpresa descubrir que Say, al mantener ese objetivo de luminosidad e inteligibilidad, critique La riqueza de las naciones de Adam Smith por ser “carente de método”, oscuro, vago y deslavazado, así como por contener demasiadas digresiones largas y distractivas sobre temas como guerra, educación, historia y política.[Ibíd., p. xliv]
[23] Si Adam Smith purgó del pensamiento económico la existencia misma del empresario, JB Say, en su haber eterno, lo trajo de vuelta. No es tan lejos para estar seguro de que en los días de Cantillon y Turgot, pero lo suficiente como para continuar de manera irregular y "underground" en el pensamiento económico continental, aunque ausente de la corriente dominante del clasicismo británico.
[24] Jean-Baptiste Say, un economista francés que difundió la palabra en 1800, dijo: "El empresario desplaza los recursos económicos de un área inferior a un área de mayor productividad y mayor rendimiento". "Quien emprende una empresa, especialmente un contratista que actúa como intermediario entre el capital y el trabajo". El espíritu empresarial es la colección especial de habilidades poseídas por un empresario. Incluyen una propensión a asumir riesgos más allá de lo normal, y un deseo de crear riqueza. Los empresarios son personas que encuentran la manera de hacer frente a las dificultades comerciales; Ellos perseveran con un plan de negocios en momentos en que otros corren para el refugio del empleo a tiempo completo en otra parte. También son oportunistas, a veces despiadados. Abraham Zaleznik, profesor de Harvard Business School, dijo una vez: "Creo que si queremos entender al empresario, debemos mirar al delincuente juvenil". (http://www.economist.com/node/13565718)
[25] El término emprendedor fue utilizado por primera vez por el economista Richard Cantillon en su obra Essai sur la nature du commerce en general (1755), para referirse básicamente a un empleador o a una persona de negocios que opera bajo condiciones donde los gastos son conocidos y ciertos y los ingresos desconocidos e inciertos, por cuanto existe un alto grado de incertidumbre en la demanda. J.B. Say añadió a la definición de Cantillon que el emprendedor era también un líder que atraía a otras personas, con el objetivo de constituir organizaciones productivas, Cabe destacar que estos dos autores eran hombres de negocios de la época y que fueron los primeros en definir con claridad la función del empresario, a diferencia del capitalista o el que aporta el capital, alejándose de las teorías clásicas que solo concedían importancia al funcionamiento de los mercados.
[26] No es un «emprendedor» que corre riesgos. Fue utilizando para identificar a quien comenzaba una empresa y fue ligado a empresarios innovadores. Famosos economistas ingleses, como Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill, interpretaron el término como "Gerentes de negocios". Sin embargo, posteriormente, ellos   llegaron a la conclusión de que ser empresario no requería de habilidad extraordinaria alguna, y que habían subvalorado el significado que en francés tenía el concepto de entrepreneur. Éste término ha sido mal interpretado desde los inicios del siglo XVIII por el economista francés Richard Cantillon, quién define al entrepreneur como el “agente que compra los medios de producción a ciertos precios y los combina en forma ordenada para obtener de allí un nuevo producto, además, no posee un retorno seguro, a diferencia de otros agentes (Crissien Castillo, J. O. (2009). Investigando el entrepreneurship tras un marco teórico y su aporte al desarrollo económico de Colombia. Publicación Mensual No. 66: Revista EAN, 76-77.)”. Según este autor el aporte ha sido verdaderamente significativo pues permitió comprender el concepto, y el papel que juega en la economía. También el economista británico, como Adam Smith, trato brevemente el tema del “entrepreneurship”, para obtener el máximo rendimiento de los recursos y así lograr el equilibrio e incluye al empresario en el marco de los factores externos o fuerzas externas que afectan la dinámica económica. Sin embargo, cabe aclarar que la dinámica del fenómeno emprendimiento no es acorde a la teoría clásica, porque la misma realiza su análisis partiendo de que la economía optimiza lo que ya existe y bajo este contexto y estos supuestos, la teoría clásica no puede explicar la dinámica del emprendedor. A su vez, Mill, otro autor de origen británico hizo referencia al mismo, bajo el término inglés “business management” y enfatizó la importancia del emprendimiento en el crecimiento económico y que su desarrollo requiere de habilidades no comunes. La precisión del entrepreneurship para la producción fue formalmente reconocida por Alfred Marshall, en 1880. Él establece el concepto de que los factores de producción no son tres, sino cuatro. Agregó, a los factores tradicionales: tierra, trabajo y capital, la organización, y la puntualizó como el factor coordinador, el cual atrae a otros factores y los agrupa. También, estableció que el entrepreneurship es el elemento que está detrás de la organización, manejándola. Y, los emprendedores son líderes por naturaleza y están preparados para actuar bajo las circunstancias de incertidumbre que origina la ausencia de información completa. Al igual que Mill, afirmó que los entrepreneurs poseen cuantiosas habilidades especiales y que son pocas las personas que pueden definirse de esa manera, y dichas habilidades pueden ser conquistadas por una persona. Hoy sabemos que (por Peter Drucker, quien en su libro “El entrepreneur y el entrepreneurship) se forma.
[27] El enemigo de todo inversor es el “riesgo”, elemento de inestabilidad en las inversiones, que no son más que apuestas de futuro en entornos con mayor o menor incertidumbre. Todo empresario asume riesgos dentro de su campo para poder ser más competitivo y satisfacer las necesidades del consumidor.
[28] El segmento de mercado es un grupo relativamente grande y homogéneo de consumidores que se pueden identificar dentro de un mercado, que tienen deseos, poder de compra, ubicación geográfica, actitudes de compra o hábitos de compra similares y que reaccionarán de modo parecido ante una mezcla de marketing.
[29] Schumpeter, por su parte, en su libro Teoría del desarrollo económico (1934), define a los «entrepreneurs» como a aquellos individuos que con sus actividades generan inestabilidades en los mercados. Él, planteó la creación de empresas innovadoras como factor de desarrollo económico en el marco de su teoría de «destrucción creativa». Para este autor, la actividad emprendedora es el proceso de desarrollar nuevas combinaciones de medios de producción para aprovechar las oportunidades de beneficio que ofrecen los mercados en un periodo de tiempo limitado. Estas nuevas combinaciones de conocimientos son las que promueven el cambio tecnológico y contribuyen a la creación de innovaciones y la formación de nuevas empresas, a través de la citada destrucción creativa. Schumpeter señala que la competencia en la economía capitalista era un proceso dinámico, que resulta incompatible con la concepción neo clásica del desarrollo como un proceso de progresión armonioso en constante evolución. Niega la posibilidad de alcanzar un equilibrio estático, puesto que serán precisamente los emprendedores quienes a través de su actividad lo modifiquen para establecer nuevas posiciones  monopolísticas a través de la introducción de innovaciones.
[30] Eficiencia productiva (también conocida como eficiencia técnica) se produce cuando la economía está utilizando todos sus recursos de manera eficiente, produciendo el máximo de producción con el mínimo de recursos. El concepto se ilustra en la Frontera de posibilidades de producción (FPP) en la cual todos los puntos de la curva son los puntos de máxima eficiencia productiva (es decir, no se puede lograr más productos a partir de las recursos presentes). (Standish, Barry. Economics: Principles and Practice. South Africa: Pearson Education. pp. 13-15. ISBN 978-1-86891-069-4.)
[31] En economía, economía política, ciencia política, etc, se puede definir eficiencia económica como la eficiencia con la cual un sistema económico utiliza los recursos productivos a fin de satisfacer sus necesidades. De acuerdo a Todaro el concepto significa en materias de “producción, utilizar los factores de producción en combinaciones de menor coste, en consumo, asignación de gastos que maximicen la satisfacción ( utilidad) del consumidor” (Michael P. Todaro: “Economic Development”. Longman (Londres y New York) 1997 (6th edition) p 687) Una definición alternativa se refiere al uso de los recursos a fin de maximizar la producción de bienes y servicios. (Sullivan, Arthur; Steven M. Sheffrin (2003). Economics: Principles in action. Upper Saddle River, New Jersey 07458: Pearson Prentice Hall. p. 15. ISBN 0-13-063085-3)  Se dice que un sistema económico es más eficiente que otro (en términos relativos) si provee más bienes y servicios para la sociedad utilizando los mismos recursos económicos. En términos absolutos, la situación puede ser llamada económicamente eficiente si: -Nadie puede mejorar su situación sin que empeore la de algún otro. (ver Eficiencia de Pareto); -No puede obtenerse producción adicional sin aumentar la cantidad de insumos. (eficiencia asignativa) -El producto se obtiene al costo por unidad más bajo posible. (eficiencia técnica o productiva)
[32] La segmentación de mercado es el proceso, como su propio nombre indica, de dividir o segmentar un mercado en grupos uniformes más pequeños que tengan características y necesidades semejantes, la segmentación de muchos sociales mercados se puede dividir de acuerdo a sus características o variables que puedan influir en ...
[33] La tipografía digital nació con Macintosh, Steve Jobs fue definitivamente su padre (Y Susan Kare, la madre de la tipografía digital). Y fue él mismo quien se encargó de reconocerlo y difundir la historia detrás de su creación, en aquel famoso discurso que brindara en la Universidad de Stanford en 2005. El cofundador de Apple recordaba entonces la anécdota que se vinculaba a una de las decisiones más difíciles que tuvo que tomar en su juventud: abandonar por motivos económicos los estudios en el Reed College Desde aquella fascinación inicial de Jobs por el arte de Palladino, hasta el toque mágico de Kare que finalmente les diera nombres propios, más de 10 años debieron pasar para que las tipografías digitales pudieran cobrar vida. Una gestación que fue tan delicada y sutil como un fino trazo de tinta.
[34] En el año de 1992, el American Heritage Dictionary definió al intrapreneur como “aquella persona dentro de una organización que se responsabiliza por convertir una idea en un producto terminado, económicamente viable, a través de la toma de riesgos y la innovación”.
[35] Schumpeter, por su parte, en su libro Teoría del desarrollo económico (1934), define a los «entrepreneurs» como a aquellos individuos que con sus actividades generan inestabilidades en los mercados. Él, planteó la creación de empresas innovadoras como factor de desarrollo económico en el marco de su teoría de «destrucción creativa». Para este autor, la actividad emprendedora es el proceso de desarrollar nuevas combinaciones de medios de producción para aprovechar las oportunidades de beneficio que ofrecen los mercados en un periodo de tiempo limitado. Estas nuevas combinaciones de conocimientos son las que promueven el cambio tecnológico y contribuyen a la creación de innovaciones y la formación de nuevas empresas, a través de la citada destrucción creativa. Schumpeter señala que la competencia en la economía capitalista era un proceso dinámico, que resulta incompatible con la concepción neo clásica del desarrollo como un proceso de progresión armonioso en constante evolución. Niega la posibilidad de alcanzar un equilibrio estático, puesto que serán precisamente los emprendedores quienes a través de su actividad lo modifiquen para establecer nuevas posiciones  monopolísticas a través de la introducción de innovaciones.
[38] De hecho si la economía estuviera en pleno empleo antes de introducir una nueva innovación, el ajuste al nuevo equilibrio produciría una expansión del crédito, un incremento de precios y un proceso de ahorro forzoso que cambiaría temporalmente la distribución del ingreso, generalmente en perjuicio de los asalariados (Taylor, 2004).
[39] El enfoque schumpeteriano difiere de otras ópticas porque reemplaza la noción del equilibrio por un circuito dinámico transformado por medio del proceso de innovación; es decir, que este circuito evoluciona por medio de un proceso de destrucción creadora producto del medio y al mismo tiempo con consecuencias sobre el medio de donde proviene.  Joseph Alois Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX.
[40] En 1934 Joseph Alois Schumpeter dio la siguiente definición de emprendedor: Un emprendedor es un innovador que busca destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios. Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX. Es célebre por su innovadora teoría del empresario como factor del desarrollo económico. Nacido en 1883 en el Imperio Austro-Húngaro (en una ciudad de la actual República Checa), Joseph Alois Schumpeter alternó la cátedra universitaria en Czernowitz, Graz, Bonn y Harvard con puestos públicos y privados.
[41] El próximo trienio será más decisivo que los 50 años anteriores: Ya no hay verdades absolutas. Todo está sujeto a revisión. Las grietas en el ‘statu quo’ hacen que los directivos estén muy preocupados. Esta sensibilidad a la transformación disruptiva que viene de la mano de la tecnología queda patente en la última encuesta realizada por KPMG el pasado mes de junio. Este trabajo, bajo el título Global CEO Outlook señala que los próximos tres años traerán consigo una transformación sin precedentes y serán mucho más decisivos para la evolución de la economía que los 50 anteriores. Así lo cree el 78% de los consejeros delegados españoles (el 72% a nivel global). Con la creencia que se debe actuar “ahora o nunca”, casi siete de cada diez ejecutivos de todo el mundo admiten su preocupación por tener que abordar asuntos ante los que tienen poca experiencia, como la transformación digital de la compañía o la adecuación de sus negocios a los nuevos gustos y exigencias de los consumidores. Un tercio de los ejecutivos españoles admite que su empresa “se transformará en otra significativamente diferente” en los próximos tres años. Un mayor foco en el cliente, el uso de sistemas de análisis de datos y tecnología cognitiva en sus organizaciones, así como la lealtad de los consumidores y la ciberseguridad son algunos de los temas que más les preocupan.
[42] El enfoque schumpeteriano difiere de otras ópticas porque reemplaza la noción del equilibrio por un circuito dinámico transformado por medio del proceso de innovación; es decir, que este circuito evoluciona por medio de un proceso de destrucción creadora producto del medio y al mismo tiempo con consecuencias sobre el medio de donde proviene.  Joseph Alois Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX. Es célebre por su innovadora teoría del empresario como factor del desarrollo económico. Nacido en 1883 en el Imperio Austro-Húngaro (en una ciudad de la actual República Checa), Joseph Alois Schumpeter alternó la cátedra universitaria en Czernowitz, Graz, Bonn y Harvard con puestos públicos y privados.  Su obra cumbre, "Historia del Análisis Económico" es de tal erudición y profundidad que, a más de 50 años de su publicación póstuma, sigue siendo el mejor tratado sobre la materia. En la "Teoría del Desarrollo Económico" (1934), Schumpeter investigó los ciclos económicos y realizó una innovadora caracterización del empresario capitalista. Para este eminente economista austríaco, el empresario desempeña un papel clave como motor del desarrollo económico. Él es quien aporta los componentes de innovación y cambio tecnológico que hacen avanzar los negocios. En este punto, su análisis contrasta con el poco realista empresario neoclásico, que toma los precios como dados y se limita a adaptar su producción. Con Schumpeter, por el contrario, renace el empresario real, el empresario ubicado en el centro del proceso productivo con su importante papel de creador de nuevos productos, nuevas formas de organización y nuevos mercados. Sin embargo, no fue sólo un eximio economista. Hombre de fenomenal erudición, en su "Capitalismo, Socialismo y Democracia" (1942) plasmó sus profundos conocimientos de historia, filosofía política, economía y sociología en un análisis global de la sociedad, coronado por una inquietante predicción: el capitalismo se acerca a su derrumbe: su éxito sería su fracaso.
[43] El economista se centra en conseguir los máximos resultados de los recursos existentes y persigue establecer el equilibrio. No sabe tratar al empresario y lo condena al reino oscuro de las «las fuerzas externas», junto al clima y el tiempo meteorológico, el gobierno y sus políticas, las pestes y las guerras y, también, la tecnología. El economista tradicional, a pesar de las diferentes escuelas o «ismos», no niega, evidentemente, que dichas fuerzas externas existen y que son relevantes. Pero no son parte de su mundo, no cuenta para su modelo, sus ecuaciones, o sus predicciones.
[44] Ninguna ingeniería es una ciencia. Se describe a la ingeniería como actividad humana y su impacto en la evolución de la sociedad. La ingeniería nace de la necesidad de supervivencia y el crecimiento de los hombres y con ellos construye bienes que permiten el desarrollo de la sociedad. La Revolución industrial constituyó un cambio trascendente para la profesión de los ingenieros. Junto con la importancia creciente de la productividad, la aparición del “management” o teoría de la dirección impulsaron la creación de una nueva especialización como la ingeniería económica. La ingeniería, como actividad humana, tiene un protagonismo esencial en esa evolución  del hombre: sus necesidades de sobrevivencia y crecimiento.
[45] Desde un punto de vista histórico, ha habido períodos en los que las novedades aparecen por oleadas. Aparentemente, esto sería porque ciertas condiciones sociales favorecen el surgimiento de innovaciones. También se ha observado que las condiciones de sobrepoblación o la mala cosecha las fomentan («la necesidad trae el ingenio»). La innovación puede surgir de manera casual (un ejemplo famoso es el del descubrimiento de la penicilina) o tras una búsqueda sistemática, por ejemplo, vía I&D investigación y desarrollo (en inglés, R&D research and development). Una invención no es aún una innovación. Con el concepto de invento, se engloba desde las nuevas ideas hasta la construcción de prototipos o el desarrollo concreto de una concepción, pero en la fase previa al mercado. En cambio, se puede hablar de innovación en el sentido económico recién cuando ella transforma el proceso de producción de algo en una economía política determinada.
[46] A diferencia de los problemas que normalmente deben resolver los estudiantes de ingeniería, los problemas reales a menudo no están estructurados y son de carácter abierto. En ocasiones, no se conocen o están disponibles todos los datos requeridos. En otros casos, es necesario buscar entre una gran cantidad de información e identificar qué partes de ésta se necesitan para resolver el problema en cuestión. Algunas veces los ingenieros novatos se sorprenden al descubrir que un problema puede no tener una única solución definitiva. Con frecuencia, el objetivo consiste en seleccionar una cierta solución entre otras alternativas. Tal vez se requiera sopesar varias consecuencias conflictivas de una acción ingenieril y entonces seleccionar la solución que mejor satisfaga las necesidades y deseos de un empresario, cliente o del público en general.
[47] Un innovador es para Schumpeter el «empresario creador», en contraposición con el empresario de arbitraje, quien simplemente aprovecha para obtener ganancias las diferencias de precios existentes. Pero la innovación es, en la famosa frase de Schumpeter, también "destrucción creativa." Convierte en obsoletos el equipamiento y las inversiones de capital del  pasado. Cuanto más progresa una economía, más formación de capital va a necesitar. En cierta forma, la destrucción creativa es lo que hace el “Entrepereneur, de J. B. SAY.
[48] Desde la perspectiva de Hal Varian (economista de google.com), muchos estudiosos del pensamiento metodológico han perdido de vista el aspecto más relevante de la ciencia económica. Es un error comparar la economía con la física, ya que hacerlo con la ingeniería podría ser una mejor comparación. Similarmente, es un error comparar la economía con la biología; en todo caso sería mejor compararla con la medicina. Me parece que Keynes estaba bromeando en parte cuando dijo que los economistas deberían ser más como dentistas. Los dentistas dicen que ellos pueden mejorar la vida de la gente, al igual que los economistas. La premisa metodológica de la odontología y la economía es similar: se valora lo que es útil. Ninguno de estos “temas de política” (policy subjects) —ingeniería, medicina, u odontología— están más relacionados con la metodología y los economistas, por mucho, tampoco lo están.
[49] La teoría del equilibrio se ha formado por las aportaciones de los economistas más importantes de fines del siglo pasado: Menger en Austria; Jevons, Edgeworth y Marshall en el Reino Unido; Walras en Francia; Pareto y Barone en Italia; Clark y Fisher en Estados Unidos, y Wicksell en Suecia. Claudio Napoleoni, El pensamiento económico en el siglo XX, Oikos-Tau Ediciones, Barcelona, 1983.
[50] El pensamiento schumpeteriano recobra su vigencia 100 años después, luego de los cambios ocurridos en el proceso de producción en escala internacional en el marco de la transición de dos milenios. Hoy, en la esfera financiera, los productos, los servicios y la informática han revolucionado conceptos y conformado la llamada "nueva economía". El pensamiento económico actual, en especial el latinoamericano, debe rescatar las brillantes aportaciones de la obra de Schumpeter, que de alguna manera fueron desplazadas en su época por la presencia de John Maynard Keynes y su influencia en la posguerra. Los cambios estructurales del modelo económico conformado después de la segunda guerra mundial y el quiebre de Bretton Woods han marcado la economía internacional constituyendo un sistema productivo cuya economía en transición ha recogido, creado y conformado nuevos conceptos que no se habían presentado antes de la década de los noventa del siglo XX, propiciando una nueva etapa en la reconstrucción del pensamiento económico y del mundo global. En este entorno la obra de J oseph Schumpeter cobra actualidad y fortalece la teoría económica y la ciencia económica en las tendencias actuales de la ciencia social. La "destrucción creativa" es un concepto que a lo largo de la obra de Schumpeter muestra su importancia para el desenvolvimiento del desarrollo económico y la vigencia de la ciencia económica en el marco de una transición de ciclos económicos en el tiempo y espacio. En la obra de este gran pensador se afirma que la innovación tecnológica desplaza las viejas tecnologías y propicia la "destrucción creativa". En este marco del aná- lisis, las innovaciones para el financiamiento del desarrollo económico durante los últimos dos decenios han transformado significativamente la orientación de los flujos de capital en escala internacional, no sólo en su origen sino también en sus destinatarios y en la canalización hacia los diferentes sectores de los países receptores.

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