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miércoles, 7 de octubre de 2015

Los 5 emprendedores peruanos más exitosos del empresariado


Los 5 emprendedores peruanos más exitosos del empresariado

Historias de éxito de emprendedores nacionales cuyo trabajo dio lugar a algunas de las compañías más importantes del país

Los 5 emprendedores peruanos más exitosos del empresariado

Estos son tiempos de desaceleración económica en el Perú, pocos lo dudan. Y mientras el gobierno se afana por ejecutar planes de emergencia que recuperen la economía a punta de inversión pública y privada, es bueno recordar que incluso en peores circunstanciashan habido peruanos que, a punta de esfuerzo y fieles a sus emprendimientos, han sacado adelante sus empresas y, con ellas, al país que –la mayoría de las veces- les dio pocas oportunidades.
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Peruanos que se hicieron solos y cuyas vidas pueden servir de inspiración a quienes ahora pretenden levantar sus propios negocios. 
La lista es corta y usted puede añadir sus propuestas. Por qué no, su propio nombre.
ALBERTO BENAVIDES DE LA QUINTANA
Pese a que contó innumerables veces cada detalle acerca de cómo acumuló su fortuna –valuada por Forbes en US$2 mil millones-Alberto Benavides de la Quintana solía decir que la minería, el motor que lo hizo rico, era una cuestión de suerte.
Por eso bautizó a su empresa como Buenaventura, una palabra muy usada por las gitanas que leían las manos en la plaza San Martín.
Pero si algún peruano quisiera disgregar la biografía de este geólogo, encontrará que la suerte se hace, o mejor dicho, la hace uno mismo: Benavides, hijo de un abogado de clase media, estudió ingeniería de minas en la UNI y luego una maestría en la Universidad de Harvard (EEUU), gracias a una beca que obtuvo con sus propios méritos.
Con semejante currículum, su primer trabajo fue de lampero en la mina Franklin de Nueva Jersey (EEUU). Comenzó desde el socavón y cuando ya parecía asentado con un buen puesto en la mina de Cerro de Pasco, se jugó todo lo que tenía a los 31 años para comprar la mina Julcani de Huancavelica, una que el resto de sus colegas creía pobre. Con ella despegó.  
ISAAC LINDLEY
Era el más chico entre los cinco hombres de una familia de ocho hermanos y no estaba destinado a convertirse en la cabeza de Inca Kola.
Isaac Lindley, a quien con el tiempo todos en su empresa llamaron míster, llegó a liderar a la única gaseosa que superó a Coca Cola en el mundo tras una serie de eventos desafortunados.
Lo hizo porque fallecieron sus cuatro hermanos mayores y su primera misión fue salvar al pequeño emprendimiento familiar de la quiebra. Entonces, entre los años 40 y 50, Inca Kola era una gaseosa hecha en base a hierbaluisa que los Lindley habían creado tras varios intentos fallidos para dar con “la bebida de sabor nacional”.
La historia de Inca Kola comenzó en aquella época pero, para ser precisos, la primera vez que un Lindley fabricó una gaseosa en el Perú ocurrió en 1880, cuando el padre de Isaac, José Lindley, arribó a Lima en busca de un futuro mejor que el que proyectaba en su Londres natal.
Detrás del éxito de Inca Kola no solo está el sabor, sirve aclararlo. El despegue que consiguió Isaac tuvo que ver con una serie deconvenios vía franquicias para que la gaseosa pudiera venderse a escala nacional, además de numerosas innovaciones tecnológicas en años en que ello no importaba gran cosa al empresariado peruano. 
ERASMO WONG   
Es muy probable que en 1942, cuando Erasmo Wong abrió su pequeña bodega en Miraflores, nadie se imaginaba que con ella nacería la cadena de supermercados más grande del país.
Es muy probable que ni siquiera él lo imaginara. ¿Cuál es la fórmula para pasar de una bodega a una compañía que vale más de US$500 millones? Las crónicas que repasan la historia de Erasmo destacan una costumbre que comercialmente resultó ser exitosa: innovar, ir contra la corriente, contra lo que la mayoría creyó que era la estrategia correcta para crecer.
Así, cuando todos se concentraron en los reducir los costos, Wong se concentró en el cliente y personalizó la atención cuando la tendencia apuntaba al autoservicio.
Y cuando la recomendación fue reducir el tamaño de las tiendas, él las amplió. Su éxito tuvo la suficiente resonancia internacional como para que el grupo chileno Cencosud comprara la compañía, pero esa ya es otra historia.
MÁXIMO SAN ROMÁN
En un país en el que tener origen andino y ser pobre se convierte en una combinación fatal que complota contra salir adelante, Máximo San Román –cusqueño de Quispicanchis- optó por el único camino que le quedaba libre para surgir: estudiar. Primero, ingeniería mecánica en la UNI.
Y después una serie de pasantías y especializaciones en Norteamérica, Europa y Asia. Uno tras otro, todos fueron pasos cuesta arriba. Cuando era un estudiante de ingeniería tuvo que doblar fierros en la puerta de un taller de mecánica en Piñonate, barrio bravo frente a su universidad.
Poco después fabricó su primera máquina, el molino picador, y desde entonces otras para la industria metal mecánica, agroindustrial, minera y para la panificación.
A los 34 años, en plena carrera ascendente en el sector privado, decidió arriesgarse y fundar Nova, su fábrica insignia que hoy exporta equipos de panificación a Sudamérica y Norteamérica, y queemplea a cerca de 400 personas.
Ingresó a la política y fue vicepresidente de Alberto Fujimori hasta 1992, año del famoso autogolpe, cuando se retiró.  Su discurso suele tener un fuerte contenido social: “Tenemos que cambiar nosotros al país no esperar que el gobierno lo haga”.  
JULIO IKEDA
El patriarca de los Ikeda no nació en el Perú, pero sí demostró durante toda su vida que quería a este país mucho más que el promedio.
Julio Ikeda (padre) llegó desde Japón a los 15 años, en 1927, y como la mayoría de los nipones que arribaron al Callao en aquella época, su primer trabajo fue de agricultor en el ‘Norte chico’.
Comenzaba a tener relativo éxito como pequeño empresario cuando en 1944, producto de la II Guerra Mundial, el gobierno peruano lo deportó a Estados Unidos, junto a buena parte de la colonia japonesa en nuestro país.
Pese a esa experiencia, decidió volver y fundar aquí San Fernando, el que hoy es el grupo más importante de la industria de alimentos a escala nacional.
Pasó de vender menos de 50 patos por mes a inicios de la década del 50 a más de un millón cuando comenzaba el 2000. Hoy el grupo San Fernando está a cargo de su hijo e inicia un ambicioso plan para consolidarse en la industria alimentaria del país. 

¿Cuál es el sueldo mensual de los ejecutivos peruanos?

¿Cuál es el sueldo mensual de los ejecutivos peruanos?

Una encuesta de Mercer Perú elaborada a 205 empresas a nivel nacional obtuvo el sueldo mensual de los ejecutivos peruanos


¿Cuál es el sueldo mensual de los ejecutivos peruanos?
Mercer Perú espera que el sueldo de los ejecutivos se incremente un 5,5% en el 2016.(Foto: Getty Images )


La última Encuesta de Remuneración Total de Mercer Perú reveló el sueldo mensual promedio de los ejecutivos peruanos, desde los CEO y directores hasta los gerentes sectoriales y subjefes.

De acuerdo a Mercer Perú, en el 2015 un CEO peruano recibe un sueldo promedio mensual de S/.53,673, un 3% más en comparación al año pasado. En tanto, un director gana S/.36,623 (6% más que el 2014) y un gerente senior alrededor de S/.25,430.
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¿Cuál es el sueldo mensual de los ejecutivos peruanos?
Los superiores y/o jefes tienen una remuneración de S/.10,092 (1% superior al 2014), un profesional gana S/.3,776 y un trabajador operativo S/.1,798.

¿Cuál es el sueldo mensual de los ejecutivos peruanos?
El estudio, elaborado entre 205 empresas a nivel nacional, con 624 puestos encuestados y un aumento del 13% de la población total reportada.
Se incluye a empresas de bienes de consumo (43), otros no Industriales (25), servicios (22), life sciences (21), otros bienes duraderos (20), hi tech (18), mining & metals (13), equipos de transporte (10), energía (9), y mayoreo y menudeo (7).
Mercer indicó que en los cargos ejecutivos el incremento promedio reportado fue de 4,2% para el presente año y se espera que en el 2016 alcance el 5,5%.
“Las empresas en el Perú estiman un incremento salarial para el 2016 por encima de la inflación y del crecimiento de la economía, a pesar de la desaceleración y la incertidumbre que pudiera generar el cambio de gobierno. El estimado de remuneraciones y beneficios obedece a un factor de retención y cuidado del talento humano especialmente”, afirmó Pilar Quinteros, líder de Mercer Perú.

domingo, 27 de septiembre de 2015

ACADEMIA PAPELES PRINCIPALES DE SU NEWSFEED

ferguson Carroyferguson Carroy
Universidad de Massachusetts, Boston, Servicios Humanos, Facultad miembro
Actualmente se trata en el mundo es lo que yo llamo la "política psíquicos" para la transformación global. Tratando de ganar raíz es la transformación global alimentado por lo que yo llamo el idealismo práctico y energías arquetípicas. En otros escritos, he descrito energías arquetípicas como Superior vibracional Energías, que opera en lo profundo de nuestra psique individual y colectiva, que tienen su propio valor trascendente, el propósito, la calidad y la "voz", único para el individuo. Las experimentamos como "impulsos creativos" para movernos hacia nuestras más altas realidades buenas u óptimas. Yo uso términos fácilmente reconocí a ...
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sábado, 26 de septiembre de 2015

Transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica

Transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica


Alaska, 31 de marzo de 2010,

Atractivo título el del post de hoy, ¿eh? Ligerito, ideal para iniciar las vacaciones de semana santa.

Entre nosotros,
¿ha entendido usted algo?.
¿Ni papa?.
Nada, nada, hombre o mujer,  vuelva a leerlo.
Igual lo de hermenéutica…¿no? ¿Tampoco?. Psss.

Bueno, bueno, no se preocupe.

Ni usted es un zoquete, ni le faltan los conocimientos básicos para entenderlo. Se trata sólo del título de una gamberrada, que removió los cimientos del posmodernismo.

El gamberro en cuestión fue Alan Sokal, un físico, que escribió un artículo disparatado, una parodia llena de referencias de autores como Lacan o Baudrillard, mezcladas al azar con formulas científicas inventadas, y lo envió a la prestigiosa revista estadounidense Social Text. Por increible que parezca, la revista incluyó el artículo en un número especial.

Sokal pretendía demostrar que las extrapolaciones incoherentes de la terminología científica a las ciencias humanas engañaban (¡y deslumbraban!) a los mismos especialistas.

Poco después él y otro físico, Jean Bricmont, escribieron Imposturas intelectuales, con un objetivo: demostrar que bajo la prosa oscura de autores como Lacan, Derrida o Deleuze, el rey estaba desnudo. Los dos físicos no pretendían invalidar el resto de la obra de estos autores y se declaraban incompetentes para juzgar aquellas disciplinas que no dominaban, pero se lanzaban al cuello cuando utilizan la jerga científica sin ningún sentido ni pertinencia. Y lo hacian con pruebas difíciles de refutar.

En Imposturas intelectuales, Sokal y Bricmont lanzan un ataque contra el relativismo epistémico, tan en boga en la actualidad. Esa idea tan exitosa de que todo vale lo mismo, de que todo es relativo, de que la verdad o la objetividad es sólo una construcción. Eso, tan televisivo por otra parte, de: "mi verdad". También es una critica demoledora al posmodernismo, término un poco vago y heterogéneo, caracterizado, en palabras de Sokal, por un  “escepticismo generalizado respecto a la ciencia moderna, el interés excesivo por las creencias subjetivas independientemente de su veracidad o falsedad, y el énfasis en el discurso y el lenguaje, en oposición a los hechos a que se aluden, o, peor aún, el rechazo de la idea misma de existencia de unos hechos a los que es posible referirse”.

Leyendo a Bricmont y Sokal uno se da cuenta de que está rodeado de posmodernistas. Personas a las que fascina cualquier texto oscuro (que no es lo mismo que difícil), o que rechazan cualquier enunciado de alguien que se ha dejado las cejas investigando algo, para abrazar sin ninguna dificultad (y lo que es más sorprendente, sin el cuestionamiento del que hacen gala para criticar al de las cejas) cualquier cosa que lleve el apellido de alternativo o contracultural , o que llevan su relativismo al extremo de considerar que todo punto de vista o toda manifestación cultural valen lo mismo y son igual de respetables, por muy monstruosas que estas puedan ser.

En mi caso, Bricmont y Sokal, antes, o Dawkins, Pinker y Malcolm, después, están matando al padre. Porque yo crecí intelectualmente con Freud y sus acólitos. Y con Lacan y su escritura pretenciosa, sus fórmulas del fantasma, sus envidias del pene, sus espejos y su explicación absoluta del mundo. Casi llegué a creérmelo. Pero ese edificio, creado por una mente privilegiada, se va desmoronando poco a poco, delante de mis narices.

Ilustración y PD: Portada del film ¿Y tú que sabes?, corolario cinematográfico de la posmodernidad: los átomos, lo cuántico, el farsante Masaru Emoto y sus cristales milagrosos, las churras y las merinas.

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TRANSGREDIENDO LOS LÍMITES: HACIA UNA HERMENEÚTICA TRANSFORMATIVA DE LA GRAVEDAD CUÁNTICA

TRANSGREDIENDO LOS LÍMITES: HACIA UNA HERMENEÚTICA TRANSFORMATIVA DE LA GRAVEDAD CUÁNTICA

Alan Sokal
Alan Socal
  A continuación transcribo parte del famoso artículo del físico Alan Sokal, profesor de la Universidad de Nueva York, titulado “Transgrediendo los límites de la realidad: hacia una hermeneútica transformativa de la graverdad cuántica”, publicado en la prestigiosa revista Social Text 46/47, pp 217-252 (primavera-verano 1996). Debido a la extensión del artículo, a pesar de que es apasionante, me limito a transcribir las conclusiones finales a las que llega Sokal, hablando sobre la interrelación de las ciencias puras y de las ciencias sociales. Este texto es imprescindible para comprender el complejo concepto de postmodernidad, y su desarrollo en las últimas decadas. He eliminado las notas a pie de página y las referencias bibliográficas para hacer más cómoda su lectura.
   TRANSGREDIENDO LAS FRONTERAS: HACIA UNA CIENCIA LIBERADORA
   En las últimas dos décadas se han dado extensas discusiones entre los teóricos críticos con respecto a las características de la cultura modernista versus la postmodernista; y en los últimos años estos diálogos han comenzado a prestar atención detallada a los problemas específicos postulados por las ciencias naturales. En particular, Madsen y Madsen han provisto recientemente un sumario muy claro de las características de la ciencia modernista versus la postmodernista. Ellos postulan dos criterios para la ciencia postmoderna:
   Un simple criterio para que la ciencia califique como postmoderna es que esté libre de cualquier dependencia del concepto de verdad objetiva. De acuerdo a este criterio, por ejemplo, la interpretación complementaria de la física cuántica debida a Niels Bohr y la escuela de Copenhagen es vista como postmoderna.
   Claramente, la gravedad cuántica es en este respecto una ciencia postmodernista arquetípica.
   El otro concepto que puede ser tomado como fundamental para la ciencia postmoderna es el de esencialidad. Las teorías científicas postmodernas son construidas desde aquellos elementos teóricos que son esenciales para la consistencia y utilidad de la teoría. Así, las cantidades u objetos que son en principio inobservables—tales como puntos del espacio-tiempo, posiciones exactas de partículas, o quarks y gluones—no deben ser introducidas en la teoría.
   Mientras que mucha de la física moderna es excluida según este criterio, la gravedad cuántica aprueba nuevamente: en el pasaje desde la relatividad general clásica a la teoría cuantizada, los puntos del espacio-tiempo (e incluso la variedad espaciotemporal misma) han desaparecido de la teoría.
   De todas formas, estos criterios, pese a ser admirables, son insuficientes para una ciencia postmoderna liberadora: liberan a los seres humanos de la tiranía de la “verdad absoluta” y la “realidad objetiva”, pero no necesariamente de la tiranía de otros seres humanos. En palabras de Andrew Ross, necesitamos una ciencia “que sea públicamente responsiva y que sea de algún servicio para los intereses progresistas.”Desde el punto de vista feminista, Kelly Oliver tiene una posición similar:
   …para ser revolucionaria, la teoría feminista no puede pretender describir lo que existe, o, “hechos naturales.” Más bien, las teorías feministas debieran ser herramientas políticas, estrategias para superar la opresión en situaciones concretas específicas. La meta, entonces, de la teoría feminista, debiera ser desarrollar teorías estratégicas—no teorías verdaderas, ni teorías falsas, sino teorías estratégicas.
   ¿Cómo, dónde, debe ser hecho esto? En lo que sigue, me gustaría discutir los lineamientos de una ciencia postmoderna liberadora en dos niveles: primero, en lo que respecta a temas y actitudes generales; y segundo, en lo que respecta a metas políticas y estrategias.
   Una característica de la ciencia postmoderna emergente es su énfasis en la no linealidad y la discontinuidad: esto es evidente, por ejemplo, en la teoría del caos y en las teorías de transiciones de fase tanto como en la gravedad cuántica. Al mismo tiempo, pensadoras feministas han señalado la necesidad de un adecuado análisis de la fluidez, en particular la fluidez turbulenta. Estos dos temas no son tan contradictorios como a primera vista aparecen: la turbulencia conecta con fuerte no linealidad, y la fluidez/suavidad es asociada a veces con la discontinuidad (por ejemplo en la teoría de catástrofes; por lo tanto una síntesis no está de ninguna manera fuera de la cuestión.
   Segundo, las ciencias postmodernas deconstruyen y trascienden las distinciones metafisicas cartesianas entre la naturaleza y la humanidad, observador y observado, Sujeto y Objeto. Ya la mecánica cuántica, a comienzos de este siglo, destruyó la ingenua fe newtoniana en un mundo objetivo prelingüístico de objetos materiales “ahí fuera”; ya no podíamos preguntar, como dijo Heisenberg, si las “partículas existen en el tiempo y el espacio objetivamente”. Pero la formulación de Heisenberg todavía presupone la existencia objetiva del espacio y el tiempo como el terreno neutral y no problemático en el cual las ondas-partículas cuantizadas interactúan (si bien indeterminísticamente); y es precisamente este posible terreno el que la gravedad cuántica problematiza. Así como la mecánica cuántica nos informa que la posición y el momento de una partícula son traídos a la existencia solo por el acto de observación, también la gravedad cuántica nos informa que el espacio y el tiempo mismos son contextuales, su significado definido solo en relación con el modo de observación.
   Tercero, las ciencias posmodernas desplazan las categorías estáticas ontológicas y las jerarquías características de la ciencia modernista. En lugar de atomismo y reduccionismo, las nuevas ciencias hacen hincapié en la red dinámica de relaciones entre el todo y las partes; en lugar de esencias individuales fijas (ej. partículas newtonianas), ellas conceptualizan interacciones y flujos (ej. campos cuánticos). Intrigantemente, estas características homólogas surgen en numerosas áreas de la ciencia aparentemente dispares, desde la gravedad cuántica hasta la teoría del caos y la biofísica de los sistemas autoorganizados. De esta forma las ciencias postmodernas parecen estar convergiendo a un nuevo paradigma epistemológico, uno que puede ser denominado una perspectiva ecológica, entendido en un sentido amplio como “reconociendo la interdependencia fundamental de todos los fenómenos y el encastre de todos los individuos y sociedades en los esquemas cíclicos de la naturaleza.”
   Un cuarto aspecto de la ciencia postmoderna es su énfasis consciente en el simbolismo y la representación. Como señala Robert Markley, la ciencias postmodernas están transgrediendo confines disciplinarios cada vez más, adoptando características que han sido hasta aquí provincia de las humanidades:
   La física cuántica, la teoría bootstrap de los hadrones, la teoría de los números complejos, y la teoría del caos comparten el postulado básico de que la realidad no puede ser descripta en términos lineales, que las ecuaciones no lineales—e insolubles—son el único medio posible de describir una realidad compleja, caótica, y no deterministica. Estas teorías postmodernas son—significativamente —todas metacríticas en el sentido en que se proponen a sí mismas como metáforas más que como descripciones “exactas” de la realidad. En términos que son más familiares para teóricos literarios que para teóricos físicos, podemos decir que estos intentos de los científicos por generar nuevas estrategias de descripción representan notas hacia una teoría de las teorías, sobre cómo la representación—matemática, experimental, y verbal—es inherentemente compleja y problematizante, no una solución sino parte de la semiótica de investigar el universo.
   Desde un punto de partida diferente, Aronowitz asimismo sugiere que una ciencia liberadora puede surgir de compartir interdisciplinariamente epistemologías:
   …los objetos naturales están también construidos socialmente. No es una cuestión de si estos objetos naturales, o, para ser más preciso, los objetos del conocimiento científico natural, existen independientemente del acto del conocimiento. Esta pregunta se responde asumiendo el tiempo “real” como opuesto al presupuesto, común entre los neokantianos, de que el tiempo siempre tiene un referente, que la temporalidad es por tanto una categoría relativa, no incondicionada. Seguramente, la tierra evolucionó mucho antes que la vida en la tierra. La cuestión es si los objetos del conocimiento científico natural están constituidos fuera del campo social. Si esto es posible, podemos asumir que la ciencia o el arte podrían desarrollar procedimientos que neutralicen efectivamente los efectos emanados de los medios por los cuales producimos conocimiento/arte. El arte de representación puede ser tal intento.
   Finalmente, la ciencia postmoderna provee una refutación poderosa del autoritarismo y el elitismo inherentes a la ciencia tradicional, tanto como una base empírica para un abordaje democrático al trabajo científico. Porque, como señala Bohr, “una elucidación completa de uno y el mismo objeto puede requerir diversos puntos de vista que desafíen una única descripción”—este es simplemente un hecho acerca del mundo, pese a que los autoproclamados empíricos de la ciencia modernista prefieran negarlo. En tal situación, ¿cómo puede un apostolado secular autoperpetuante de “científicos” acreditados tratar de mantener el monopolio de la producción del conocimiento científico? (déjenme enfatizar que no estoy de ninguna manera opuesto al entrenamiento científico especializado; objeto sólo que una casta de elite trate de imponer su canon de “alta ciencia”, con la mira de excluir a priori formas de producción científica por aquellos que no son miembros).
   El contenido y la metodología de la ciencia postmoderna provee entonces un soporte intelectual poderoso para el proyecto político progresista, entendido en su más amplio sentido: la transgresión de confines, la destrucción de barreras, la democratización radical de todos los aspectos de la vida social, económica, política y cultural. {90} A la inversa, una parte de este proyecto debe involucrar la construcción de una ciencia nueva y verdaderamente progresista, que pueda servir a las necesidades de tal futura sociedad democratizada. Como observa Markley, parece haber dos elecciones posible para la comunidad progresista, más o menos mutuamente excluyentes:
   Por un lado, los científicos políticamente progresistas pueden tratar de recuperar prácticas existentes para los valores morales que ellos sostienen, argumentando que sus enemigos de derecha están destruyendo la naturaleza y que ellos, como contramovimiento, tienen acceso a la verdad. [Pero] el estado de la biosfera—polución del aire, polución del agua, desaparición de las selvas húmedas, miles de especies al borde de la extinción, grandes áreas de tierra recargadas más allá de su capacidad, usinas nucleares, armas nucleares, claros donde solían haber bosques, hambre, desnutrición, desaparición de tierras fértiles, inexistencia de praderas, y una multitud de enfermedades causadas por el medio ambiente—sugieren que el sueño realista del progreso científico, de recapturar en vez de revolucionar metodologías y tecnologías existentes, es, como mínimo, irrelevante para una lucha política que busca algo más que la reposición del estado socialista.
   La alternativa es una reconcepción profunda de la ciencia tanto como de la política:
   El movimiento dialógico hacia la redefinición de sistemas, de ver el mundo no solo como un todo ecológico sino como un conjunto de sistemas competitivos—un mundo sostenido por las tensiones entre varios intereses naturales y humanos—ofrece la posibilidad de redefinir qué es la ciencia y qué hace, de reestructurar esquemas determinísticos de educación científica en favor del diálogo acerca de cómo intervenimos en nuestro medio ambiente.
   Además de redefinir el contenido de la ciencia, es imperativo reestructurar y redefinir los espacios institucionales en los cuales la labor científica tiene lugar—universidades, laboratorios gubernamentales, corporaciones—y reencuadrar el sistema de recompensas que empuja a los científicos a convertirse, normalmente en contra de sus mejores instintos, en pistoleros a sueldo de capitalistas y militares. Como Aronowitz señala, “un tercio de los 11.000 estudiantes graduados de física en los EE.UU. están en el único subcampo de física de estado sólido, y todos ellos serán capaces de conseguir trabajos en ese subcampo”. Por contraste, hay pocos trabajos disponibles tanto en gravedad cuántica como en física ambiental.
   Pero todo esto es sólo el primer paso: la meta fundamental de cualquier movimiento emancipador debe ser desmitificar y democratizar la producción del conocimiento científico, destruir las barreras artificiales que separan a los “científicos” del “público”. De manera realista, esta tarea debe comenzar con la nueva generación, a través de una profunda reforma del sistema educativo. La enseñanza de la ciencia y la matemática debe ser purgada de sus características autoritarias y elitistas, y el contenido de estos temas enriquecido con la incorporación de los conocimientos de las críticas feministas, homosexuales, multiculturales y ecológicas.
   Finalmente, el contenido de una ciencia está constreñido profundamente por el lenguaje en el cual sus discursos son formulados; y la física de la corriente principal occidental ha sido formulada, desde Galileo, en el lenguaje de las matemáticas. ¿Pero las matemáticas de quién? La pregunta es fundamental, porque, como ha observado Aronowitz, “ni la lógica ni las matemáticas escapan a la ‘contaminación’ de lo social”. Y como las pensadoras feministas han señalado repetidamente, en la presente cultura esta contaminación es sobremanera capitalista, patriarcal y militarista: “la matemática es representada como una mujer cuya naturaleza desea ser conquistada”. Por tanto, una ciencia liberadora no puede estar completa sin una profunda revisión del canon de las matemáticas. Hasta ahora tal matemática emancipadora no existe, y nosotros sólo podemos especular sobre su eventual contenido. Podemos ver atisbos de éste en la lógica multidimensional y no lineal de la teoría de los sistemas difusos; pero este abordaje está todavía marcado fuertemente por sus orígenes en la crisis de las relaciones de la producción del capitalismo tardío. La teoría de catástrofes, con su énfasis dialéctico en discontinuidad/suavidad y metamorfosis/desdoblamiento, indudablemente jugará un rol mayor en las matemáticas futuras; pero mucho trabajo teórico queda por ser hecho antes que este abordaje pueda volverse una herramienta concreta para la praxis política progresiva. inalmente, la teoría del caos—que provee nuestros más profundos conocimientos dentro de los ubicuos pero misteriosos fenómenos de no linealidad—será central en toda matemática futura. Y aún, estas imágenes de la matemática futura deben permanecer como el más ligero atisbo: porque, junto con estas tres jóvenes ramas en el árbol de la ciencia, surgirán nuevos troncos y ramas—estructuras teóricas totalmente nuevas—las cuales nosotros, con nuestras anteojeras ideológicas actuales, no podemos todavía ni siquiera concebir.

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