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miércoles, 5 de septiembre de 2018

BLOG DE ECONOMISTAS

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Lecciones para el Joven ECONOMISTA por: ROBERT P. MURPHY

Lecciones para el Joven ECONOMISTA
ROBERT P. MURPHY

Copyright 2010 por el Ludwig Von Mises Institute y publicado bajo una licencia Creative Commons Attribution License 3.0 http://creativecommons.org/licenses/by/3.0
Para solicitar información, escriba al Ludwig Von Mises Institute, 518 West Magnolia Avenue Auburn, Alabama 36832. Mises.org

(......)
Pensando como un economista

Este libro es un manual para una nueva forma de ver el mundo.

Tras dominar las lecciones contenidas en estas páginas, estaréis preparados para captar los acontecimientos desde perspectivas que ignoran quienes carecen de esta formación.

La habilidad de pensar como economistas es un componente crucial de vuestra educación.
Solo podréis entender como funciona el mundo cuando sepáis pensar como economistas.
Para poder tomar decisiones responsables, tanto en lo concerniente a las grandes ideas políticas como en los aspectos más mundanos de vuestro trabajo y finanzas domésticas, tenéis primero que aprender Economía básica.

A lo largo de la Historia humana, ha habido pensadores agudos y originales que han desarrollado distintas disciplinas para comprender como funciona el mundo. Cada disciplina ofrece su propia perspectiva para explicar como ha evolucionado la Historia. Para tener una formación integral, el estudiante debe familiarizarse con algunos de los más importantes avances de cada campo del saber. La Economía ha demostrado ser universalmente merecedora de estudio.
Todo alumno que aspire a tener una buena educación no solo ha de haber estudiado álgebra, Dante y la fotosíntesis, sino que también tiene que ser capaz de explicar porqué suben los precios.

Cada materia que estudiéis contendrá un conjunto de conocimientos que se consideran importantes en sí mismos así como aplicaciones prácticas que pueden ser útiles en vuestra vida diaria.

Por ejemplo, cada estudiante debe tener una comprensión básica de Astronomía, puesto que da idea de la amplitud del universo; pero la Astronomía básica también puede ser útil para guiar a un navegante extraviado que ha perdido de vista la línea de costa. Considerad a las Matemáticas como otro ejemplo. El estudio del Cálculo Avanzado premia con la pureza de su elegancia (aunque algunos estudiantes podrían estimar que la recompensa es insuficiente en vista del esfuerzo requerido). Pero todos necesitamos saber Aritmética básica para poder desenvolvernos en sociedad.

Veremos que las mismas pautas son de aplicación al campo de la Economía. En una palabra, sencillamente es fascinante descubrir que tanto en la antigua Roma, como en la Unión Soviética o en una feria del condado en Boise, Illinois, existen "leyes" o principios subyacentes que explican cómo opera una economía. Pero la Economía también tiene mucho que ofreceros en la forma de conduciros en la práctica, en vuestra vida diaria. El conocimiento de la Economía, por si solo, no os hará ricos, pero podéis estar seguros de que ignorar las lecciones de este libro os mantendrá en la pobreza.

Los economistas miran al mundo de una forma única.
Imaginaros una cola de gente esperando para subirse a una montaña rusa de un popular parque de atracciones. Un biólogo que vea la escena podría darse cuenta de que la gente empieza a sudar conforme se acerca su turno para subir. Un físico podría percatarse de que la primera montaña va a ser la más alta. Un sociólogo podría advertir que el primero y el último coche tienen colas mucho más largas que las otras, probablemente porque a la gente no le gusta esperar pero también porque prefiere ir o en la cabecera o al final del convoy.

La Economía trata de ...
La Economía trata de las acciones que realiza gente de carne y hueso. Sus leyes no se refieren ni a hombres ideales ni a hombres perfectos, ni al fantasma de un fabuloso hombre económico (homo oeconomicus) ni a la noción estadística del hombre promedio ... El hombre, con todas sus debilidades y limitaciones, cada hombre según vive y actúa, es el objeto de estudio de la Economía.
- Ludwig Von Mises "La Acción Humana" págs. 646-47 (Ludwig Von Mises Institute, 1998; Auburn, Alabama,)

La perspectiva económica no es útil siempre, en todas las situaciones. En el campo de fútbol o en la fiesta de promoción, las lecciones de este libro no serán tan importantes. Pero en vuestra vida os encontraréis con muchas situaciones de importancia crítica en las que vuestras decisiones tendrán que estar inspiradas en firmes fundamentos económicos. No es necesario que os hagáis todos economistas. Es importante que aprendáis todos a pensar como economistas.

¿ Es la Economía una Ciencia ?
En este libro consideramos que la Economía constituye una ciencia independiente, con la misma seguridad que la Química y la Biología son campos de estudio separados. Conforme vayamos avanzando por las lecciones de este libro, lo haremos de una forma científica, lo que quiere decir que utilizaremos un conjunto objetivo de herramientas para nuestro análisis, que no descansa sobre consideraciones de índole cultural o ética.
Los principios o leyes de la Economía son las mismas, tanto si el economista es republicano como si es comunista y ya viva en Nueva Zelanda o en Somalia.

¡Cuidado!
Cuando decimos que la Economía es una ciencia, no queremos decir que realizamos experimentos para verificar las leyes económicas, de la forma en que un físico nuclear estudia los resultados de las colisiones de átomos en un acelerador de partículas.

Hay importantes diferencias entre las Ciencias Sociales, como la Economía, y las Ciencias Naturales como la Física. Explicaremos esto con más detalle en la lección 2, por ahora tan solo queremos señalar que los principios básicos de la Economía se pueden descubrir a través del razonamiento mental.
No tendría sentido querer realizar pruebas de las leyes de la Economía, del mismo modo que carece de sentido emplear una regla para comprobar las distintas demostraciones que podríais aprender en una clase de Geometría.
El resultado de todo esto es que las lecciones de este libro resistirán la prueba del tiempo —no hay peligro de que nuevos experimentos las desvirtúen mañana—. En la práctica, los economistas profesionales hacen todo tipo de conjeturas, muchas de las cuales acaban siendo erróneas.
Pero el núcleo del cuerpo de Teoría Económica —el tipo de leyes y conceptos contenidos en este libro— no es susceptible de "comprobación experimental"; es tan solo una forma de ver el mundo. A pesar de la posible confusión entre la Ciencia Económica y las Ciencias Naturales, seguimos empleando el término Ciencia porque es importante recalcar que existen leyes objetivas de la Economía. Cuando los políticos ignoran las enseñanzas de la Economía, sus programas acaban en desastre — ¡Imaginad el caos que provocaría que la NASA ignorase las leyes de la Física!—.

El alcance y los límites de la ciencia económica.
Es un error bastante común considerar que "La Economía es el estudio del dinero". Sí, la Economía, obviamente, tiene mucho que decir acerca del dinero, y, de hecho, uno de los propósitos básicos de la Economía es explicar los distintos precios —que se expresan en unidades monetarias— de los diferentes productos y servicios que se venden en el mercado.
Pero el campo de la Economía es mucho más amplio que el sustentado por esa popular creencia. En su sentido más amplio, la Economía puede ser definida como el estudio de los intercambios. Esto incluiría a todos los intercambios que tienen lugar en un entorno normal de mercado determinado, en el que el vendedor entrega un objeto físico o presta un servicio y a cambio de ello el comprador le entrega una cantidad determinada de dinero.
Pero la Economía, también estudia los casos de trueque, en los que los comerciantes intercambian directamente bienes y servicios unos con otros, sin utilizar el dinero en absoluto.

Llevado este argumento al extremo, la Economía tiene mucho que decir incluso en los casos en los que una persona aislada realiza acciones para mejorar su situación. Esto con frecuencia se llama "Economía de Robinson Crusöe", por referencia al personaje de ficción que naufragó y terminó en una isla (aparentemente) desierta. 
Estudiaremos la Economía de Robinson Crusöe en la lección 4.

Quedará claro que incluso una persona aislada se comporta "económicamente" porque toma lo que la naturaleza le ha dado y cambia el statu quo para conseguir un entorno que él espera que le será más favorable.

La cuestión transversal a todos estos ejemplos de intercambio es el concepto de escasez. La escasez se puede explicar sucintamente por la observación de que los recursos son limitados y los deseos  ilimitados. Incluso Bill Gates ha de hacer frente a disyuntivas; no puede hacer literalmente lo que quiera. Si lleva a su esposa a un restaurante elegante, ha reducido sus opciones (aunque solo sea levemente) y ha reducido sus posibilidades de comprar otras cosas en el futuro. Podemos describir la situación diciendo que "Bill Gates tiene que economizar sus recursos  porque son finitos".

Es el hecho universal de la escasez lo que ha dado lugar a lo que la gente ha denominado el "problema económico": Como sociedad ¿Cómo hemos de decidir qué bienes y servicios producir, con los limitados recursos de que disponemos? En la lección 5 veremos como la institución de la propiedad privada resuelve este problema.

Pero, en primera instancia, es la escasez la que plantea el problema.

¡Cuidado!
La Economía no estudia a un hipotético "hombre económico" al que solo le preocupa adquirir posesiones materiales o ganar dinero.
Ésta es otra mala interpretación que es muy común acerca del objeto del que trata la Economía.

Desgraciadamente hay cierta verdad en este estereotipo porque muchos economistas sí que construyen modelos de la Economía que están repletos de imágenes de personas que son muy egoístas y que solo actúan de forma altruista si se les fuerza a ello.

Pero en este libro, no aprenderéis ninguna teoría de este tipo.
Por el contrario, las lecciones de este libro no dependen de que la gente sea tacaña; las leyes que desarrollaremos en estas páginas se aplican tanto a Madre Teresa de Calcutta como a Donald Trump.

La ciencia económica, tal como se enseña en este libro, no dice a los trabajadores que deben optar por el empleo que les proporcione más dinero, ni les dice a los dueños de las empresas que deben tener en cuenta solo cuestiones financieras cuando dirigen sus operaciones.
Estos puntos quedarán aclarados durante la exposición de estas lecciones, pero debemos insistir desde el principio en que en las páginas que siguen no hay un "hombre económico"; siempre estamos tratando de los principios que explican las elecciones de gente real enfrentada al fenómeno de la escasez.

Los principios parten del hecho de que la gente tiene deseos y que está enfrentada a recursos limitados para atenderlos, pero los principios son lo bastante amplios para abarcar cualesquiera deseos que la gente pueda llegar a tener.
Los estudios de Economía tratan de explicar cómo realiza intercambios la gente.

Un marino náufrago quiere "intercambiar" algunos palos y dos piedras por un fuego que chisporrotea, mientras que un misionero quiere cambiar su tiempo libre por un penoso viaje a una jungla remota cuyos habitantes nunca han visto una Biblia. Una Teoría completa de los intercambios tiene también que abarcar esos casos, no solo el más familiar ejemplo de un agente de cambio y bolsa que vende 100 acciones por 2.000 dólares.

SIGA LEYENDO

lunes, 3 de septiembre de 2018

Blog de Javier García (@JaviCIES): Sintetia

Blog de Javier García (@JaviCIES): Sintetia: No puedo aportar nada nuevo de lo que dice nuestra Web sobre nosotros, porque ciertamente nos ha costado mucho escribirlo :) Si puedo añadi...

El hombre es la medida de todas las cosas

Qué significa El hombre es la medida de todas las cosas:

“El hombre es la medida de todas las cosas” es una afirmación del sofista griego
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Protágoras.

Es un principio filosófico según el cual el ser humano es la norma de lo que es verdad para sí mismo, lo que también implicaría que la verdad es relativa a cada quien. Tiene una fuerte carga antropocéntrica.
Debido a que las obras de Protágoras se perdieron en su totalidad, esta frase ha llegado hasta nosotros gracias a que varios autores antiguos, como Diógenes Laercio, Platón, Aristóteles, Sexto Empírico o Hermias, la refirieron en sus obras. De hecho, según Sexto Empírico, la frase se encontraba en la obra Los discursos demoledores, de Protágoras.
Tradicionalmente, la frase ha sido tradicionalmente incluida dentro de la corriente de pensamiento relativista. El relativismo es una doctrina de pensamiento que niega el carácter absoluto de ciertos valores, como la verdad, la existencia o la belleza, pues considera que la verdad o falsedad de toda afirmación está condicionada por el conjunto de factores, tanto intrínsecos como extrínsecos, que inciden en la percepción del individuo.

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La frase “el hombre es la medida de todas las cosas” es un principio filosófico enunciado por Protágoras. Admite diferentes interpretaciones dependiendo del sentido que se atribuya a cada uno de sus elementos, a saber: el hombre, la medida y las cosas.
Pensemos, para empezar, a qué se podía estar refiriendo Protágoras cuando hablaba de “el hombre”. ¿Sería, acaso, al hombre entendido como individuo o al hombre en un sentido colectivo, en cuanto especie, es decir, a la humanidad?
Considerado el hombre en un sentido individual, podríamos afirmar, entonces, que habría tantas medidas para las cosas como hombres existen. Platón, filósofo idealista, suscribía esta teoría.
Pensado el hombre en un sentido colectivo, serían admisibles dos enfoques diferentes. Uno según el cual ese hombre colectivo haría referencia a cada grupo humano (comunidad, pueblo, nación), y otro extensivo a toda la especie humana.
La primera de estas hipótesis, pues, implicaría cierto relativismo cultural, es decir, cada sociedad, cada pueblo, cada nación, actuaría como medida de las cosas.
Por su parte, la segunda de las hipótesis concebida por Goethe, supondría considerar la existencia como la única medida común a todo el género humano.
Lo cierto es que, en todo caso, la afirmación del hombre como medida de las cosas tiene una fuerte carga antropocéntrica, lo cual, a su vez, describe un proceso de evolución del pensamiento filosófico en los griegos.
De una primera fase, donde se coloca a los dioses en el centro del pensamiento, como explicación de las cosas, se pasa a una segunda etapa cuyo centro será ocupado por la naturaleza y la explicación de sus fenómenos, para, finalmente, arribar a esta tercera fase en la cual el ser humano pasa estar en el centro de las preocupaciones del pensamiento filosófico.
De allí, también, la carga relativista de la frase. Ahora el ser humano será la medida, la norma a partir de la cual serán consideradas las cosas. En este sentido, para Platón el sentido de la frase se podría explicar de la siguiente manera: tal me parece a mí una cosa, tal es para mí, tal te parece a ti, tal es para ti.
Nuestras percepciones, en suma, son relativas a nosotros, a lo que a nosotros nos parece. Y aquello que conocemos como “propiedades de los objetos” son en realidad relaciones que se establecen entre los sujetos y los objetos. Por ejemplo: un café puede estar demasiado caliente para mí, mientras que para mi amigo su temperatura es idónea para beberlo. Así, la pregunta “¿el café está muy caliente?”, obtendría dos respuestas diferentes por parte de dos sujetos distintos.
Por esta razón, Aristóteles interpretaba que lo que en realidad quería decir Protágoras era que todas las cosas son tales como a cada uno le parecen. Si bien contrastaba que, entonces, una misma cosa podría ser a la misma vez buena y mala, y que, en consecuencia, todas las afirmaciones opuestas vendrían a ser igualmente verdaderas. La verdad, en definitiva, sería entonces relativa a cada individuo, afirmación en la que se reconoce, efectivamente, uno de los principios capitales del relativismo.

Sobre Protágoras

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Protágoras, nacido es Abdera, en 485 a. de C., y fallecido en 411 a. de C., fue un célebre sofista griego, reconocido por su sabiduría en el arte de la retórica y famoso por haber sido, a juicio de Platón, el inventor del papel del sofista profesional, maestro de retórica y conducta. El propio Platón, además, le dedicaría uno de sus diálogos, el Protágoras, donde reflexionaba sobre los distintos tipos de sofistas. Pasó largas temporadas en Atenas. Le fue encomendada la redacción de la primera constitución en que se establecía la educación pública y obligatoria. Debido a su postura agnóstica, sus obras fueron quemadas y el resto de las que permanecieron con él se perdieron cuando el barco en que viajaba al destierro zozobró. Es por esto que hasta nosotros apenas han llegado algunas de sus sentencias a través de otros filósofos que lo citan.


VER MÁS

La medida de un economista

Si acceden a la sección “Sobre Sintetia” de esta casa, podrán leer la siguiente frase:


“Llevamos las gafas de economista con nosotros todo el tiempo, y no analizamos sin tener en cuenta los incentivos y la incertidumbre”

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¿Por qué lo saco a colación? Porque en una reciente conversación me acusaron de economicista, es decir, de “analizar la realidad utilizando solo la teoría económica como única vara de medir”. De deformar la realidad para hacerla encajar en mis planteamientos previos, de mirar únicamente la cara económica y centrarme en el dinero. Considero que esa crítica está absolutamente equivocada, e intentaré explicar por qué.

La economía es la ciencia humana… más humana
La economía es una ciencia humana, de eso no hay duda.
Su objeto de estudio es el comportamiento del ser humano en condiciones de escasez.
No es una ciencia empírica, es decir, experimental. No analiza la mente o los sentimientos sino, repito, el comportamiento humano. Se encarga de la riqueza, del bienestar, de las necesidades y de los deseos de las personas. De qué valoran y que no. De qué hacen para alcanzar aquello que valoran… Por ello digo que es la más humana de las ciencias sociales, porque estudia aquello que proporciona bienestar y nivel de vida a las personas. No estudia la “anormalidad” y lo “enfermizo”, puesto que para el estudio económico, todo lo que hacen las personas es normal. ¿Y la felicidad? Bueno, parece claro que la riqueza ayuda.

Análisis económico no es análisis monetario

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Otra crítica habitual es que la ciencia económica se centra “demasiado” en el dinero, dejando fuera otras dimensiones del ser humano. Si fuera cierto, sería como criticar los estudios de historia por centrarse demasiado en el pasado, olvidando el presente y las proyecciones de futuro… Pero resulta que además es falso.
El comportamiento económico, y su estudio, no se restringe a aquellas transacciones en las que aparece el dinero, sino a toda aquella en la que hay comportamiento humano en condiciones de escasez.

¿Y quién decide que estamos en condiciones de escasez?
Pues el propio humano que actúa, y esto enlaza con el siguiente punto.

¿Cuál es la medida de  la economía? 
Muy al contrario de lo que parecen pensar muchos, la medida de  la ciencia económica no es el dinero, puesto que este es un instrumento, sino el valor. Es el ser humano el que dota de valor a los bienes económicos, incluido el dinero.
Cada valoración es distinta, puesto que cada valoración es personal y variable en el tiempo. Y esa valoración solo se descubre claramente cuando el comportamiento del ser humano la revela. Por eso hablamos de comportamiento económico cuando hay preferencias reveladas.

Dicho de otra manera, la medida de la economía es el ser humano, revelando el valor con que dota a los bienes a través de su comportamiento. Y esta es la refutación de la acusación que describía, porque un genuino análisis económico no utiliza mi medida, sino la medida de las preferencias de las personas, expresadas en su comportamiento.
Ningún comportamiento permanece si no se incentiva

Una regla básica de cualquier ciencia humana, o más bien una descripción básica del ser humano, es la que dice que ningún comportamiento permanece en el tiempo si no se refuerza. Si no hay motivos o circunstancias que animen, motiven y recompensen un comportamiento, este no se perpetúa, desaparece. Psicología, sociología, antropología y economía aceptan esta descripción del ser humano. Y desde esta descripción podemos llegar al concepto más poderoso de la ciencia económica, el concepto de incentivo.

Un incentivo es cualquier circunstancia o consecuencia, inmediata o futura, segura o probable, que aumenta la propensión a un comportamiento. Por ejemplo, las curvas de oferta y demanda no son más que una abstracción y representación gráfica del concepto de incentivo ligado al precio de un bien en un mercado: Un precio menor incentiva a producir menos y a consumir más, y viceversa. Interpretación moral de las personas
Es por todo lo anterior, que un análisis económico no debe tener consideraciones  morales o éticas. No importa si hablamos de un político corrupto, un jefe indeseable, un trabajador vago o un socio tóxico. Un análisis económico se centra en qué hacen las personas y por qué lo hacen. Un inciso: les llamaremos actores económicos en vez de personas, para incluir las personas jurídicas como empresas, ONGs y administraciones públicas.
Es decir, que un análisis económico se centra en la detección e interpretación de los incentivos que reciben esos actores. Pero no realiza valoraciones éticas ni morales de los incentivos ni del comportamiento. Esa valoración, que es necesaria, correcta, adecuada y pertinente, no es sin embargo análisis económico. El análisis económico nos proveerá de los porqués y, si la valoración extraeconómica lo considera indeseable, nos identificará los incentivos que harán de ese comportamiento algo menos
valioso, deseable, probable.

Introducción a la economía positiva
Recién acabada la selectividad, entré en la facultad de ciencias económicas y empresariales. En la primera clase que recibí, además de la indicación sobre el manual que debíamos comprar (el magnífico “Introducción a la economía positiva”, de Richard Lipsey), el decano nos describió la economía como una disciplina positiva (descriptiva, que indica cómo son las cosas), por oposición de normativa (que explica cómo debe ser). Yo tenía muy fresca la descripción que de la falacia falsacionista hizo Karl Popper. El filósofo indicaba que en una argumentación lógica, cuando se pasaba del plano descriptivo (cómo es) al plano normativo (cómo debe ser) sin justificar esa transición, el argumento constituía una falacia aunque no infrinja ninguna de las reglas lógicas tradicionales. Pues bien, en la segunda clase de esa misma asignatura, ya con el profesor titular, el discurso cambió y comenzó a decirnos cómo debían ser las relaciones comerciales, laborales, jerárquicas,… Y no explicaba los motivos ni justificaba las conclusiones, simplemente  debían ser así. Fue mi primera gran decepción universitaria.

La medida de un economista
Volviendo al tema de esta reflexión, intento dar la respuesta. La medida de un economista nunca es propia. Es la medida de su objeto de estudio, el ser humano, que . Y en tal carácter, no es concebible que intente hacer encajar a su objeto de estudio en las concepciones previas, sino que las ponga a prueba continua y constantemente. Esto es lo que hace de la economía una ciencia, y no una imposible experimentación.
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La economía no es una ciencia… con perdón

La economía no es una ciencia… con perdón  Por: Juan Sobejano

finance
Antes de que vuelen tomates, pepinos, lechugas y demás hortalizas (doy por hecho que los cuchillos están fuera de lugar) aconsejo una lectura sin prejuicios del artículo y luego yo mismo me pondré frente a la pared para recibir material de ensalada.

He de decir que este artículo surgió a raíz de un debate que se generó la semana pasada en Twitter tras la publicación de mi anterior artículo. En dicho debate se generaron dos bandos en los que por un lado se defendía que las ciencias sociales, y entre ellas la economía, podían ser denominadas “ciencias” con todo rigor, y por otro los que afirmábamos lo contrario, que las ciencias sociales no son ciencia. Yo voy a tratar de defender en este artículo esta segunda opción… y que Dios me pille confesado.

Reconozco que no estoy muy obsesionado con las etiquetas.

No creo que la economía (sociología, antropología…) pierdan importancia porque dejen de ser llamadas ciencias, pero sí entiendo que hay una cierta voluntad de asimilar el modelo de saber y la validez de sus teorías a los de otras ciencias que podríamos llamar “duras” (matemáticas, astrofísica, física…) Por tanto, el hecho de no considerar ciencia a la economía o a la sociología o a la antropología, no le quitan un ápice de importancia desde mi punto de vista.

Pero en lugar de centrarnos tanto en el significante vamos a analizar el significado.

Tenemos un primer escollo en definir qué es ciencia.
Aquí cada uno pondrá el acento en la definición que mejor y más concuerde con sus intereses, suele ser lo habitual. Pero para no bloquearnos en una noria que no nos permita avanzar yo voy a apostar por la definición que el gran José Ferrater Mora hace del término en su imprescindible Diccionario de Filosofía.
Dice Ferrater sobre la voz Ciencia:

“Es común considerar la ciencia como un modo de conocimiento que aspira a formular mediante lenguajes rigurosos y apropiados (en lo posible con auxilio del lenguaje matemático) leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos. Estas leyes son de diversos órdenes. Todas tienen, sin embargo, varios elementos en común: ser capaces de describir series de fenómenos; ser comprobables por medio de la observación de los hechos y de la experimentación; ser capaces de predecir (ya sea mediante predicción completa, ya mediante predicción estadística) acontecimientos futuros.”

Antes de entrar a valorar el párrafo anterior voy a comentar brevemente el objeto de estudio de las ciencias sociales.

Me decía, hace ya algunos años, demasiados, mi profesor de historia del derecho que hay un error en el que caen muchos estudiosos de la historia. Piensan que el hecho de conocerla nos va a hacer mejores y va a evitar que cometamos los errores que se cometieron en el pasado. No es cierto, porque hay algo que parecen olvidar estos expertos, el libre albedrío, la capacidad que tiene el ser humano de decidir su comportamiento en base a su propio criterio y no a supuestas leyes naturales que nos obligan a comportarnos de una determinada manera una vez hayamos conocido errores pasados. Y la verdad es que si nos paramos brevemente a analizar qué estudian las ciencias sociales tendremos que responder (o al menos es lo que yo respondo) que estudian el comportamiento humano, en todas sus formas y desde distintas perspectivas.

El estudio del comportamiento humano creo que resulta clave a la hora de reflexionar sobre la cientificidad o no de la economía.
Volvamos al texto de Ferrater Mora. Dice Ferrater que la ciencia busca formular leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos. Hay aquí, desde mi modesta opinión, una primera barrera a la hora de identificar ciencia con economía. El objetivo y voluntad de la ciencia económica (ahora hablaré de la costumbre de adjetivar el concepto “ciencia”) es, por supuesto, desarrollar leyes que, en última instancia, ayuden a comprender y predecir el comportamiento humano en cuanto que homo economicus. Unida la economía a la política (economía política) llega a buscar modelar la sociedad desde unas premisas propias dependiendo de la escuela de pensamiento a la que se pertenezca. Por supuesto, esto implica suponer que el ser humano va a responder de igual manera a los estímulos que reciba.
En realidad no es así, no todos los seres humanos responden de igual forma a los mismos estímulos, incluso un mismo ser humano responde de distinta manera dependiendo del momento y el entorno en que se encuentre.

Los gobernantes han de ayudarse de una serie de normas coactivas para asegurar un modelado social según sus pretensiones. Es interesante constatar el hecho de la gran variedad de teorías que hay en torno a la economía política e incluso a la propia teoría económica.
Un mismo fenómeno se explica desde distintas perspectivas, ofreciendo distintas explicaciones y dando distinto valor a los componentes del fenómeno.
Cabría preguntarse si en puridad podemos decir que la ciencia económica avanza. Desde luego no como la ciencia matemática, por ejemplo, sino más bien como la filosofía. Volviendo a la importancia de la conducta humana como objeto de estudio de la economía parece fundamental observar cómo no ha habido nunca un modelo de sociedad liberal puro o comunista o socialista.

Los contextos históricos, las condiciones del propio país, la posible personalidad de los ciudadanos o mil factores más influyen para que no haya dos naciones con un sistema económico igual. De este modo se meten en un mismo adjetivo (liberal, occidental, comunista…) distintas naciones o sociedades que tienen modelos similares.
Se llega al conocimiento por agrupación de similitudes. En su magnífico e imprescindible libro
Por qué Fracasan los Países, Deron Acemoglu y James A. Robinson, desarrollan una teoría de la pobreza basada en la existencia de instituciones extractivas o inclusivas.

Por supuesto, todo economista ha de trabajar con una teoría que crea cierta, pero eso no significa que lo sea.

Aquí creo que es fundamental seguir a Popper.
La base de las teorías de las ciencias sociales es la observación, por lo que fundamenta su reflexión en torno al razonamiento inductivo.
Ahora bien, este tipo de “caminos hacia el conocimiento” tienen un problema: no existen hechos puros, todos están “contaminados” por el entorno, otros elementos que influyen en las acciones humanas o el tiempo en que tiene lugar.
Como dice Manuel Atienza en su libro Introducción al Derecho,
“no existen hechos puros, sino más bien hechos interpretados a través de alguna teoría (en otras palabras, los enunciados teóricos preceden y condicionan los enunciados observacionales. Además, mediante la inducción es imposible establecer lógicamente leyes universales”.
A partir de estas ideas Popper opinaba que las teorías científicas sociales se construyen como conjeturas e hipótesis para explicar fenómenos sociales no explicados adecuadamente por teorías anteriores. De este modo Popper no hablaba de teorías ciertas o falsas, sino de teorías falsadas o no falsadas.

Resulta también interesante estudiar las ideas de Thomas Kuhn.
Kuhn distingue entre dos tipos de saberes, la ciencia madura y la preciencia. La diferencia es que la ciencia madura está regida por un paradigma, un conjunto de leyes, supuestos teóricos y principios metafísicos y ontológicos que son aceptados por todos los científicos sin discusión.
Es lo que Ferrater Mora llama Teoría de teorías, poniendo como ejemplo la teoría de la relatividad, que supone un paradigma a partir del cual desarrollar todo un cuerpo de teorías y modelos científicos y que ningún físico pone en duda ni cuestiona.
La verdad es que me cuesta encontrar un paradigma de esta naturaleza en las ciencias sociales.

De todos modos es cierto que se suelen llamar a los saberes sociales ciencias sociales. Desde mi punto de vista es más un deseo de pertenencia que una pertenencia real. La necesidad de poner apellidos a la palabra “ciencia” ya indica las claras diferencias entre unos saberes y otros.

Hay tres puntos que diferencian claramente las ciencias sociales de las ciencias duras o auténticas: 1.-Por un lado las ciencias auténticas se refieren a hechos, mientras que las sociales estudian, como he señalado, comportamientos y acciones humanas.
2.-En las ciencias auténticas hay una clara separación entre el objeto de estudio y el ser humano. No ocurre así en las ciencias sociales, con lo que la objetividad se torna un problema.
3.-Las ciencias sociales tienen un grado de desarrollo mucho menor que las auténticas.

Algunos autores dicen que les falta cientificidad.
El propio Claude Lévi-Strauss, el famoso antropólogo, distinguía entre ciencias exactas y naturales, por un lado, y “disciplinas sociales y humanas”, por otro, señalando que estas últimas no son ciencias, y decía:
“si se designan no obstante con el mismo término es en virtud de una ficción semántica y de una esperanza filosófica que todavía están faltas de confirmación.”

En la conversación en Twitter que comentaba al principio hubo una serie de afirmaciones muy interesantes que me gustaría comentar.
Creo sinceramente que fue un debate interesantísimo y con un muy alto nivel, dentro de las limitaciones que tiene Twitter.

1.-“Hay mucho conocimiento objetivo en las CCSS, basta con enterarse. P.e: Si practicas la autarquía te estancas”. Vale, pero no. El problema de este tipo de afirmaciones es que son indemostrables.
Imaginemos que una comunidad practica la autarquía y se estanca
¿Es un efecto directo de esa decisión económica o es efecto de la aparición, por ejemplo, de un estado mental endogámico que limita el desarrollo?
Quiero con esto decir que no se ha dado nunca una sociedad en la que el único elemento que cambiara sea el modelo económico. Eso ocurre en el laboratorio, no en la vida real.

2.-“En ciencias sociales hay teorías falsables y teorías infalsables, como en toda ciencia.” Lamentablemente no es verdad. No hay teorías “infalsables” en las ciencias sociales. Toda teoría social depende de un componente como el comportamiento humano que es impredecible en un alto grado. Es cierto que suele seguir unas pautas y responder a unos patrones, y eso nos sirve para tener un cierto conocimiento de esas ciencias sociales, pero nada impide que dos sociedades respondan de manera distinta ante los aparentemente mismos estímulos, como se ve en el libro de Acemoglu y Robinson.

3.-“Además, la falsabilidad no es una propiedad de las TEORÍAS, sino de NUESTRA ACTITUD hacia ellas.” Pues peor me lo pones, si ya la verdad o falsedad de una teoría no depende de sí misma, sino del observador, nada impide que una misma teoría sea verdad por la mañana y falsa por la tarde. Es cuestión de actitud. Al final en lugar de científicos vamos a necesitar coachs.

4.-“He dado un ej. de afirmación falsable. Otro: un precio máximo muy bajo de las coliflores causará su escasez.”
Otra afirmación imposible de demostrar.
No es en muchos casos el precio lo que determina el volumen de compra de una cosa. Por muy bajo que pongamos el precio a una piedra no la vamos a vender.
Para que este tipo de afirmaciones fueran teorías 100% demostrables deberíamos poder cambiar el producto “coliflor” por cualquier otro. No pasa así, porque cuando ponemos según qué productos la ley no se cumple.
Por muy barata que pongamos la iguana, o los saltamontes salteados, es posible que no los vendamos, pero en los países que los consumen sí.
Por muy barata que pongamos la entrada para una corrida de toros no necesariamente la vamos a vender, es necesario que haya aficionados, con lo que entra la particularidad de cada individuo en la ecuación.
Había más comentarios, todos interesantísimos, pero creo que el mensaje lo he podido transmitir.
La economía no es una ciencia, o si se prefiere, no puede aspirar a ser una ciencia como las llamadas verdaderas.
Esto no es necesariamente ni bueno ni malo, sencillamente marca ciertos límites, pero también abre nuevas puertas.
Por supuesto que todos seguimos una corriente de pensamiento y creamos nuestro propio paradigma, es lo que nos permite interpretar la realidad. Y luchamos por convencer al otro de que nuestra interpretación es la correcta.
El problema es cuando tratamos de imponer esa visión e interpretación.
Entiendo que lo que he dicho en este artículo es opinable, y por tanto sujeto de debate.
No intento imponer mis teorías, sólo razonar en base a ellas.

Como seres humanos necesitamos comprender el mundo que nos rodea, un mundo al que pertenecemos y en el que, como he dicho, adoptamos ese doble rol de observador y observado. Todos tenemos teorías, de hecho a mí me han convencido Acemoglu y Robinson. De hecho creo que muchos de los males de España es que tiene elementos extractivos muy claros… aunque eso es otra historia.

Yo seguiré pensando que ni la filosofía, ni la economía, ni la antropología, ni la sociología son ciencias, pero me seguiré nutriendo de ellas porque es el saber que me llena.

Y ahora me pongo humildemente contra la pared para recibir alguna que otra coliflor, que de eso es de lo que vive el hombre y su inteligencia.

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sábado, 1 de septiembre de 2018

La Maquina de Vapor

La Maquina de Vapor
La Maquina de Vapor
Historia de La Maquina de Vapor

La Maquina de Vapor


Se llama máquina de vapor a toda máquina en que se utiliza como fuerza motriz la expansiva del vapor de agua y su principio fundamental es el de la conversión del calor en trabajo y este trabajo, realizado por una máquina de vapor, depende, como en todas las máquinas térmicas, del desnivel de temperatura, es decir, de la diferencia de la temperatura del vapor cuando entra en el cilindro y la que tiene al salir al exterior y se compone de dos partes: una en que se produce el vapor que ha de actuar como fuerza motriz y llamada generador o caldera y otra que constituye la máquina propiamente tal formada por el sistema de mecanismos encargados de recibir y transmitir la acción de la fuerza motriz del vapor y se compone esencialmente de un émbolo o pistón (posteriormente reemplazado por la turbina de vapor) que adquiere por la acción del vapor un movimiento de vaivén en el interior de un cilindro donde encaja y oscila constituyendo el receptor cuyo movimiento se transmite a otro émbolo por el intermedio de un balancín, haciendo la transformación de movimientos necesaria por medio de los artificios más convenientes.

la máquina de vapor constituye un modelo de motor de combustión externa. El calentamiento de agua con inducción de formación de vapor permite la liberación de grandes alícuotas de energía térmica, la cual es reconvertida en energía mecánica por medio de un proceso que involucra pistones, bielas y manivelas. Esta cadena de transmisión permite generar un movimiento de rotación que genera la propulsión necesaria para estructuras fabriles o para distintos vehículos, incluidos locomotoras y barcos.

El diseño original fue progresivamente sustituido por las modernas máquinas de vapor capaces de convertir la energía térmica en energía eléctrica. A tal fin, se genera un flujo continuo de vapor de agua, por lo cual se las considera en la actualidad como turbinas. Se advierte que, en virtud de la aparición de otros recursos técnicos, en los tiempos modernos las máquinas de vapor se utilizan sólo en forma ocasional y, en general, como elementos complementarios y auxiliares.


Como Funciona La Maquina de Vapor


Las máquinas de vapor trabajan por su motor de vapor alimentado, los mismos que han alimentado a las locomotoras y otras maquinarias entre los años 1800 y 1950. Aunque existen en diferentes tamaños y formas, básicamente todos funcionan de manera muy similar.

En una caldera se hierve determinada cantidad de agua incesantemente. Tras calentarse por un fuego alimentado por diversos combustibles como madera, carbón o petróleo, esta hierve. Cuando hierve en la caldera, el vapor que se genera se concentra generando una alta presión y en ese estado se lo dirige a una cámara cerrada conocida como cámara de vapor.

El vapor de la caldera entra en la cámara, en donde en el extremo delantero se encuentra un cilindro, que por la expansión del volumen del agua, empuja un pistón. A través de un mecanismo de biela-manivela el movimiento circular de este pistón se convierte en un movimiento de traslación o de rotación.

Este movimiento es capaz de hacer girar ruedas por ejemplo de una locomotora o incluso provocar la rotación de un rotor en un generador eléctrico. Cuando acaba con el ciclo, el émbolo vuelve al lugar en el que comenzó y todo el vapor se expulsa con inercia aplicando la energía cinética.

Al mismo tiempo, mediante una serie de válvulas se produce una renovación en la entrada y la salida de los flujos de vapor, también de forma constante.



Historia de La Maquina de Vapor




En el siglo I dC, los científicos griegos se dieron cuenta de que mediante el vapor se podía generar fuerza o energía posible de utilizar. En este entonces, los antiguos griegos no usaron el vapor para mover maquinaria.

Recién a finales del siglo XVII, y tras miles de pruebas que habían fallado, se empezaron a usar las máquinas de vapor. Los ingenieros de esa época crearon las primeras. El Marques de Worcester y Thomas Savery fueron grandes contribuyentes en este tema. Savery pretendió usar la maquina inventada por él para bombear agua afuera de las minas.
La primera máquina de vapor que tenía realmente fines prácticos fue la creada en el año 1712 por Thomas Newcomen.

El escocés James Watt, fabricante de instrumentos, mejoró la máquina de vapor. Mediante sus aparatos se condensaba el vapor fuera del cilindro principal, lo que permitía ahorrar calor.

Las máquinas de vapor usaban a este para forzar a bajar el pistón y así aumentar la eficiencia. Las nuevas máquinas se convirtieron rápidamente en la mayor fuente de energía de las fábricas y minas. Las mejoras efectuadas luego incluyeron un motor más compacto y de alta presión usado en locomotoras y barcos.




Importancia de La Maquina de Vapor



La importancia de la máquina de vapor radica en su participación en la llamada Revolución Industrial, que modificó el curso de la historia de la civilización en los últimos decenios del siglo XVIII. Como consecuencia de la creación y difusión de estos equipos, se verificó una expansión económica sin precedentes en Inglaterra, con expansión posterior hacia el resto de Europa Occidental, los Estados Unidos y otras naciones del mundo. La mayor producción industrial resultante modificó el patrón de comercio en los cinco continentes e influyó indirectamente en la independencia de las colonias imperiales en distintas regiones de la Tierra.

La gran importancia de las máquinas de vapor queda de manifiesto en su continuidad histórica, con distintas variaciones, casi hasta la primera mitad del siglo XX. En ese lapso, el impulso térmico generado por el carbón mineral movilizaba aún a las máquinas de vapor, hasta lograrse la mayor difusión de los modernos motores de combustión interna en los cuales se aplican combustibles fósiles. En una etapa posterior, la energía nuclear y las energías renovables (hidroeléctrica y eólica) parecen haber desplazado de modo definitivo a la máquina de vapor como recurso generador energético inmediato. No obstante, su muy bajo costo y su tecnología simple constituyen parámetros que hacen que la máquina de vapor puede constituir en una herramienta para comunidades pequeñas o como complemento para la obtención de energía en forma rápida y accesible.



Thomas Newcomen


Nacido el 13 de febrero de 1663 - 5 de agosto de 1729, herrero e inventor, nació en Dartmouth, Devon, Inglaterra. Es frecuentemente citado como el padre de la revolución industrial como su primer innovador y empresario.

En 1712 Newcomen, con su socio Thomas Savery, construyó una máquina de vaporatmosférica utilizada para bombear agua fuera de las minas de carbón y estaño existentes en la zona nativa de Newcomen, en el sudoeste de Inglaterra, particularmente en Cornualles.

Más máquinas fueron instaladas por el propio Newcomen en Inglaterra, lo que llevó a la construcción de más de 100 máquinas antes de que la patente expirara en 1733. El diseño fue mejorado más tarde por James Watt.


Maquina de Newcomen



La máquina aplicaba el principio que cuando el vapor se enfría y se condensa,su volumen se reduce muchísimo.Si este proceso se lleva a cabo en una cámara totalmente cerrada,se origina en ella un vacío.La cámara de Newcomen era un enorme ciclindro vertical abierto en su parte superior y provisto de un pistón que subía y baja se llenaba de vapor.Entonces invadía el ciclindro un chorro de agua fría, a fin de condensar el vapor y crear el vacío,momento en que actuaba sobre la cara superior del pistón la presión del aire,impeliéndolo hacia abajo y efectuando una carrera útil.El pistón subía nuevamente y se preparaba para una nueva carrera.Las máquinas de vapor de este tipo se denominaron de Newcomen (aunque no las construyera él todas),y también máquinas "de Fuego" o "Atmosférica".


James Watt


James Watt (Greenock, Escocia 30 de enero de 1736.  Handsworth, Inglaterra, 25 de agosto de 1819) fue un ingeniero mecánico e inventor escocés. Las mejoras que realizó en la máquina de Newcomen dieron lugar a la conocida como máquina de vapor de agua, que resultaría fundamental en el desarrollo de la primera Revolución Industrial, tanto en Inglaterra como en el resto del mundo.

Mientras trabajaba fabricando instrumentos en la Universidad de Glasgow, Watt se interesó en la tecnología de las máquinas de vapor y se percató de que los diseños coetáneos desperdiciaban una gran cantidad de energía enfriando y calentando repetidamente el cilindro. Watt introdujo una mejora en el diseño, el condensador separado, que evitaba la pérdida de energía y mejoró radicalmente la potencia, eficiencia y rentabilidad de las máquinas de vapor. Finalmente adaptó este motor para producir un movimiento rotatorio, lo que amplió enormemente su uso más allá del simple bombeo de agua.


La Maquina De Watt



El rendimiento de la máquina de Newcomen era poco satisfactorio, más que nada porque el vapor se enfriaba en el propio cilindro. De ello se dio cuenta un mecánico escocés llamado James Watt , quien al reparar una máquina de Newcomen introduce en ella importantes modificaciones. Hace que el vapor se condense en un recipiente especial, el condensador, que conecta con un tubo al cilindro al que, además, cierra por sus dos extremos. De esta forma se podía mantener siempre caliente el cilindro, ahorándose una importante cantidad de combustible. Además introduciría otros adelantos en su máquina , como un mecanismo para regular la distribución del vapor, máquina de doble efecto, y una varilla que une el émbolo con un balancín articulado, la biela, por lo cual el movimiento rectilíneo se hace circular.


Richard Trevithick


Tregajorran, 13 de abril de 1771 - Dartford, 22 de abril de 1833) fue un inventor e ingeniero inglés constructor de máquinas, que desarrolló la primera locomotora de vapor capaz de funcionar.

Su padre también era ingeniero y trabajaba en la mina de Dolcoath. Asistió a la escuela en Camborne. A los 19 años trabajó en la mina East Stray Park, donde construyó y modificó máquinas de vapor.

A medida que adquiría experiencia, se iba ocupando de mejorar la máquina de vapor, especialmente en reducirla de tamaño y construir calderas potentes capaces de producir mayor presión y, por tanto, aumentar el rendimiento. En 1797 construyó Trevithick su primer modelo de vehículo a vapor. La caldera se calentaba mediante una barra de hierro al rojo vivo que se introducía en el tubo de calefacción en lugar del hogar. En 1801 la colocó en Camborne sobre ruedas y recibió el nombre de "Puffing Devil". Junto con el vehículo ideado por Nicolas-Joseph Cugnot en 1769, fue uno de los primeros vehículos en moverse por sí solo y era capaz de transportar pasajeros a la velocidad de 8 km/h, incluso por subidas. Dado que perdía pronto presión, tenía poco valor práctico, pero contaba como un invento importante para el desarrollo de la locomotora. Si bien en la patente se preveía el uso de un fuelle para atizar el fuego, Trevithick hizo escapar por la chimenea el vapor que salía de los cilindros. Con el tiro forzado que producía este escape, el fuego se avivaba más. Pero este invento cayó pronto en el olvido, hasta que George Stephensonlo volvió a emplear en 1816 en sus locomotoras.

La Maquina de Vapor en La Primera Locomotora del Mundo

Trevithick construyó en 1802 una máquina de alta presión para una planta siderúrgica en Merthyr Tydfil, Gales. La sujetó a un bastidor e hizo de ella una locomotora. La patente la vendió en 1803 a Samuel Homfray, el propietario de la ferrería, quien estaba tan impresionado que hizo una apuesta con otro industrial de que la locomotora podía arrastrar diez toneladas de hierro por unas vías hasta Abercynon, a una distancia de 15,7 km.

La apuesta se llevó a cabo el 21 de febrero de 1804. La locomotora de Trevithick remolcó cinco vagones con diez toneladas de hierro y 70 hombres a una velocidad media aproximada de 3,9 km/h (2,4 mph), y necesitó cuatro horas y cinco minutos para cubrir toda la distancia. Parece que la máquina sola alcanzaba los 25 km/h. Lo más llamativo de ella era el gran volante que se había adoptado de las máquinas estacionarias, así como la probada tobera. Aunque funcionaba, esta locomotora no tuvo éxito porque era demasiado pesada para los raíles de hierro fundido, ideados para carromatos tirados por caballos. A los cinco meses dejó de funcionar y se volvió a utilizarla como máquina estacionaria.


La Maquina de Vapor en La Actualidad


En la actualidad la máquina de vapor alternativa es un motor muy poco usado salvo para servicios auxiliares ya que se ha visto desplazado especialmente por el motor eléctrico en la maquinaria industrial y por el de combustión interna en el transporte.

Algunos de los medios de transporte turístico de vapor en la actualidad son el Tren de vapor turístico en la localidad gipuzkoana de Legazpi, la Fundación Lembur está recuperando los vestigios del hierro que tanta importancia tuvo en el desarrollo de la población, como las instalaciones de las minas junto a lo hornos de calcinación del alto de Aduna y la Ferrería de Mirandaola principalmente.


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